El anillo que no era para mi

Capitulo 13.

Bajo las luces de la gala.

El salón seguía brillando bajo las lámparas de cristal, pero para mí la luz había cambiado.

Franco y Patricia avanzaban entre los invitados con naturalidad. Saludaban, sonreían, se movían como si pertenecieran perfectamente a este lugar.

Cómo si siempre hubieran estado destinados a estar aquí.

-Esteban... -murmuré apenas.

El parpadeó, como si regresará a la realidad.

Franco fue él primero en notarnos.

Una sonrisa lenta se dibujó en su rostro.

Patricia giro la cabeza.

Nuestros ojos se encontraron.

Por un segundo ví sorpresa. Luego compostura. Después... algo que no supe descifrar.

Se acercaron.

No había escapatoria elegante.

-Qué coincidencia -dijo Franco con voz impecablemente cordial-. No sabía que ustedes representarían a la familia Gonzalez De Luca está noche.

-La Nonna no pudo asistir -respondió Esteban con firmeza, recuperando su porte-. Así que mi esposa y yo estamos en su lugar.

Mi esposa y yo.

Lo dijo claro. Sin titubeos.

Sentí un leve alivio.

Patricia me observó de arriba a bajo. Su mirada se detuvo apenas en mi vestido blanco.

-Te ves... diferente -comentó con una sonrisa educada.

-Tú también -respondí con la misma cortesía medida.

Franco levantó su copa.

-Es un honor apoyar el orfanato. Lucia tiene un proyecto admirable.

-Lo tiene -respondí está vez, antes que Esteban-. Los niños han trabajado muy duro para esta noche.

Mi voz no tembló.

Hablamos unos minutos más. Comentarios diplomáticos. Frases bien calculadas.

Pero yo podía sentirlo.

La tensión.

Y también podía sentir algo más inquietante.

Cada vez que Patricia hablaba, Esteban parecía... distante. No sonreía. No intervenía. Solo observaba.

Cómo si una parte de él hubiera retrocedido en el tiempo.

Finalmente, uno de los organizadores llamó a Franco para presentarlo oficialmente como nuevo patrocinador principal.

Se alejaron.

El salón volvió a respirar.

Yo giré lentamente hacia Esteban.

-¿Estás bien?

-Sí -respondió, demasiado rapido.

Pero no me miró.

__________

La gala continuó sin incidentes.

Bailamos cuando fue necesario. Conversamos con otros empresarios. Sonreímos para las fotografías.

Externamente, éramos la pareja perfecta.

Internamente... algo se había movido.

Cuando nos despedimos y salimos al aire fresco de la noche Italiana, el silencio entre nosotros era distinto al de antes.

No incómodo.

Pero pesado.

_______

El trayecto en automóvil fue silencioso.

Las luces de la ciudad pasaban rápidas por la ventana. Yo observaba el reflejo de mi vestido blanco en el vidrio, preguntándome si la pureza que simbolizaba era suficiente para proteger lo que habíamos construido.

Al llegar a la villa, me quite los tacones y lo miré.

-Puedes hablar conmigo -dije con suavidad-. No tienes que guardartelo.

Esteban pasó una mano por su cabello, desordenandolo ligeramente.

Un gesto que hacia cuando estaba confundido.

-No esperaba verlos -admitió al fin-. Fue... extraño.

-¿Extraño cómo?

Tardó en responder.

-Patricia fue parte de mi vida durante mucho tiempo, Mariana. No desaparece solo porque las cosas cambiaron.

La sinceridad dolió más que una mentira.

-Lo sé -susurré.

El caminó hacia la ventana.

-No es que quiera volver atrás. No es eso -agregó, casi cómo si necesitara convercerme... o convercerse-. Pero verla allí... me hizo recordar muchas cosas.

Sentí el suelo moverse bajo mis pies.

-¿Y nosotros? -preguntè con la voz apenas firme-. ¿También somos un recuerdo pasajero cuando ella aparece?

Se giró hacia mí, frustrado.

-No digas eso.

Pero no dijo lo contrario.

El silencio volvió a instalarse.

Finalmente tomó su abrigo del respaldo de la silla.

-Necesito despejar la cabeza.

Mi corazón se detuvo un segundo.




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