El anillo que no era para mi

Capitulo 15.

Desiciones del corazón.

El sol entraba suavemente por las ventanas de la casa. El día parecía más tranquilo,, como si el mundo nos diera un respiro después de la tensión de la gala y los conflictos del pasado.

Mariana estaba en la sala, revisando algunas notas de su pasantía, cuando escuchó el motor del auto de Esteban. Por un momento contigo la respiración, temiendo encontrarselo con ese aire de distancia que lo había acompañado la noche anterior.

Pero está vez fue diferente. Esteban entró con pasos firmes, con un traje formal y el semblante relajado, aunque aún con un leve cansancio en los ojos. No dijo nada de inmediato, solo se dejó caer en el sofá frente a ella.

-Hola -dijo- finalmente, con voz suave.

-Hola -respondí, sorprendida por la calma que emana.

-Como te fue con la visita al orfanato - siguió, parecía querer entablar una conversación.

-Fue una visita muy agradable, amena... Sorpresiva -termine por decir.

Hubo un silencio, pero está vez no fue incómodo. Era denso, sí, pero lleno de algo que ambos necesitaban: sinceridad.

-Yo... lo siento -dijo- Esteban al fin-. No debí irme así. Fue... verlos allí, a Franco y a Patricia, me sacudió más de lo que esperaba.

Mariana lo miro con ternura, sin interrumpir. No necesitaba palabras de defensa. Sabía que él hablaba con la honestidad que raramente mostraba.

-Lo entiendo -susurró-. Fue un choque para todos, pero... lo importante es que seguimos aquí.

El asintió, y por primera vez en días, una sonrisa genuina se dibujó en su rostro. Se inclinó un poco hacia ella, con una cercanía que la hizo sentir que podían dejar atrás la tensión.

-Mariana... quiero que sepas que tú eres lo que quiero construir. No el pasado. No los recuerdos -dijo-, tomando su mano con firmeza.

Ella sintió que el peso de la incertidumbre se desvanecía, reemplazado por una certeza cálida.

-Y yo quiero estar contigo, Esteban -respondió, apoyando su otra mano sobre la de él-. Sea lo que sea que venga, lo haremos juntos.

El se acercó a ella y procedió a besarla, sellando con ese beso aquella promesa.

________

Al día siguiente, Mariana acompañó a la Nonna al orfanato. Esteban aún no sabía nada de la propuesta que su abuela le había hecho, y ese secreto comenzaba a pesarle más de lo que imaginaba.

Debía admitir que tampoco tenía claro como abordar el tema con él. No era una conversación sencilla. Sin embargo, por más que intentara convencerse de lo contrario, no podía negar que la idea le agradaba... y demasiado. Algo en su corazón ya había empezado a aferrarse a esa posibilidad.

Cuando llegaron, las monjas la guiaron por los pasillos, mostrando las distintas áreas y los programas que se realizaban con los niños. Hasta que llegaron a una de las tantas habitaciones, la bebé se encontraba en una cuna, envuelta en mantitas suaves, durmiendo plácidamente. Mariana se acercó y la sostuvo nuevamente.

-Es como si... la hubiera esperado -susuró, sin apartar la mirada de ella.

La Nonna la observó con orgullo.

-¿Sabes lo que pienso? -Dijo- suavemente-. Está niña podría ser parte de ustedes. Podría ser el inicio de una familia más grande. Tú y Esteban podrían como te dije antes, adoptarla.

Mariana sintió un nudo en la garganta. Su corazón latía con fuerza, pero no de miedo. De emoción. De posibilidad.

-Nunca imaginé que algo así pudiera suceder tan rápido -dijo-, mirando a la Nonna y luego a la bebé-. Pero... quiero intentarlo.

Solo tenía que hablar con Esteban y saber que opinaba. Solo pedía al cielo que este estuviera de acuerdo.




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