El anillo que no era para mi

Capitulo 16.

Adoptar.

Esa noche, el silencio en la habitación parecía más denso de lo habitual.

Esteban se quitaba el reloj y lo dejaba sobre la mesa de noche cuando notó que Mariana llevaba varios minutos sentada en la orilla de la cama, distraída, jugando con el borde de la sábana.

-¿En qué piensas? -preguntó él, con suavidad.

Mariana levantó la mirada, dudando. Sabía que no podía seguir postegárdonlo.

-Hoy fui otra vez con la Nonna al orfanato.

Esteban se detuvo apenas un segundo, pero no dijo nada. La escuchaba.

-Ella... me habló de algo. -Tragó saliva-. De una idea que ha estado rondándole la cabeza.

El frunció el ceño.

-¿Qué idea?

Mariana bajo la mirada a sus manos.

-La adopción.

El silencio que siguió no fue incómodo, pero sí profundo. Esteban terminó de desabotonarse la camisa con movimientos más lentos.

-¿Adoptar? -repitió, como si necesitará escuchar la palabra en voz alta.

-Sí... -respondió ella casi en un susurro-. Hay una niña. Es una bebe, casi recién nacida. La Nonna dice que... que necesita una familia. Y yo... no sé por qué, pero no he podido dejar de pensar en eso.

Esteban caminó hacia la cama y se sentó frente a ella.

-¿Es algo que tú quieres? -preguntó con seriedad, sin reproche.

Mariana alzó los ojos, vulnerable.

-No lo sé... Me asusta siquiera pensarlo. Es una decisión enorme. Pero cuando la vi... sentí algo, Esteban. Algo que no puedo explicar.

El guardó silencio unos segundos, procesando cada palabra.

-¿Y por qué no me lo habías dicho hasta ahora?

Ella soltó una pequeña sonrisa nerviosa.

-Por que tenía miedo de que pensaras que estoy loca... o que es demasiado pronto... o que no es nuestro momento.

Esteban tomó sus manos con firmeza.

-Mírame.

Mariana obedeció.

-No estás loca. Y si algo he aprendido contigo es que las desiciones importantes a veces se toman con miedo... también por amor.

Ella sintió como el corazón le latía con más fuerza. Acaso él le estaba diciendo que la amaba.

-¿Entonces no te molesta?

-No. Me sorprende, sí. Pero si esa idea nació en tu corazón... al menos merece que la pensemos juntos.

Los ojos de Mariana se humedecieron apenas.

-¿Lo pensarás conmigo?

Esteban acarició suavemente su rostro.

-Lo pensaría contigo siempre.

Y aunque la respuesta no era un sí definitivo, para Mariana fue suficiente esa noche.

Se quedó dormida minutos después, agotada por el torbellino de emociones que había contenido durante días.

Esteban, en cambio, no pudo hacerlo.

Permaneció recostado boca arriba, con un brazo bajo la cabeza, mirando el techo en la penumbra de la habitación. La respiración tranquila de Mariana a su lado contrastaba con el ruido incesante de sus pensamientos.

Adoptar.

La palabra seguía repitiéndose en su mente.

Nunca se había imaginado siendo padre tan pronto. Ni siquiera estaba seguro de haberse imaginado siendo padre en general. Su vida siempre había estado marcada por planes estratégicos, negocios, metas claras... pero esto no era un proyecto. Era una vida.

Giro ligeramente el rostro hacia Mariana.

La luna dibujaba una linea suave sobre su perfil. Se veía serena. Vulnerable, ilusionada.

Cuando la vio hablar de aquella niña, sus ojos habían brillado de una manera distinta. No era simple curiosidad. Era algo más profundo. Algo instintivo.

Cerró los ojos e intentó imaginarlo.

Una casa más ruidosa. Pasos pequeños corriendo por el pasillo. Risas infantiles mezclada con el aroma del café por las mañanas. Mariana sosteniendo a una bebé entre sus brazos... y él, acercándose con miedo al principio, pero terminando por no querer soltarla.

Una sensación extraña le oprimió el pecho.

No era miedo exactamente.

Era responsabilidad

Y, muy en el fondo... una chispa de algo que no esperaba sentir: deseo.

Deseo de proteger.

Deseo de formar algo que fuera solo de ellos.

Deseo de ver a Mariana convertirse en madre.

Abrió los ojos nuevamente.

Tal vez no era el momento perfecto. Tal vez nunca lo sería.

Pero si esa niña había tocado el corazón de Mariana... quizás también estaba destinada a tocar el suyo.

Con cuidado, rodeó la cintura de su esposa con su brazo, atrayendola hacia él. Mariana, medio dormida, se acomodo instintivamente contra su pecho.




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