El anillo que no era para mi

Capitulo 19.

La confusión que lo cambio todo.

Esteban..

En cuanto terminó todo, tomé el ramo de flores que había llevado y me dirigí al backstage. Quería ser el primero en felicitarla. Empujé la puerta de uno de los camerinos sin tocar, pensando que estaría allí.

Pero no era Mariana.

Era Patricia.

Se encontraba frente al espejo, desabrochando lentamente el abrigo del desfile.

Me detuve en seco.

-Lo siento -dije de inmediato-. Estoy buscando a Mariana.

Me giré para salir, pero su mano se cerró alrededor de mi brazo.

-¿Podemos hablar un momento?

Su tono era suave. Demasiado suave.

Dudé.

No quería escenas. No quería que nada empañará la noche de Mariana.

-Qué sea rápido -respondí finalmente.

Patricia soltó mi brazo y se apoyó contra el tocador.

-¿Cómo va tu matrimonio?

La miré con frialdad.

-Este no es asunto tuyo.

Sonrió apenas.

-¿Encontraste en mi hermana lo que buscabas en mi?

Sentí un golpe seco en el pecho.

-No tienes derecho a preguntar eso.

-Vamos, Esteban... -dio un paso hacia mí-. No tienes que fingir conmigo.

Fruncí el ceño.

-No estoy fingiendo nada.

Ella ladeó la cabeza. Y entonces lo dijo.

-Te casaste con ella por despecho. Porque no te elegí. Porque decidí no quedarme contigo. Fue tu manera de vengarte.

Apreté la mandíbula.

-Estas equivocada.

Pero ella continúo, ignorando mis palabras.

-Yo sé que siempre seré tu verdadero amor.

Y antes de que pudiera apartarme, sus labios chocaron contra los míos.

Me quedé paralizado un segundo. Solo uno.

Entonces la sujeté por los hombros y la aparté con firmeza.

-¿Que demonios estás haciendo?

Y fue en ese momento cuando la vi.

En el reflejo del espejo.

Mariana.

De pie en la puerta.

Sus ojos estaban llenos de lágrimas.

No sabía cuánto había escuchado.

No sabía que había visto.

Pero su expresión fue suficiente para helarme la sangre.

Entró con una serenidad devastadora.

-Perdón si interrumpo algo -dijo con la voz quebrada-. Solo vine por mi bolso.

Cada palabra fue una cuchilla.

Me miró.

Y esa mirada... no era rabia.

Era decepción.

Tomó su bolso con manos temblorosas. Antes de salir, me dió una última mirada.

Y se fue.

Tardé dos segundos en reaccionar.

Me giré hacia Patricia.

-¿Estás loca? -espeté en voz baja, furioso-. ¿Que acabas de hacer?

Ella no parecía arrepentida.

-Solo le mostré la verdad.

-La verdad es que ya no significas nada para mí.

Sus ojos se endureciendo.

-Eso no lo sabes.

-Sí lo sé.

No dije más.

Salí del camerino casi corriendo.

Tenía que alcanzarla.

Tenía que explicarle.

Porque si algo había entendido esa noche, mientras la veía brillar en la pasarela, era esto:

No estaba allí por despecho.

No estaba allí por el pasado.

Estaba allí por ella.

Y no iba a permitir que una mentira destruyera lo que apenas comenzaba a comprender.

Cuando salí del edificio ya no estaba.

Pregunté al personal, revise el estacionamiento... nada.

Fue Alexander quien me dijo que Gala se la había llevado.

El trayecto hacia la villa fue el más largo de mi vida.

__________

Cuando llegue, ví el auto estacionado.

Entré sin quitarme el abrigo.

Las encontré en la terraza. Mariana estaba sentada en el sofá, inmóvil, con la mirada perdida. Gala a su lado, sosteniendo su mano.

Sus ojos estaban rojos.

Mi pecho se apretó.

-No quiero dejarte así -decia Gala-. Cancelaré la cena con Alexander.




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