El anillo que no era para mi

Capitulo 26.

Protección y Sombras.

Al día siguiente, Mariana y Esteban se reunieron en la sala, hablando en voz baja sobre las medidas que debían tomar para proteger a Sophia. La noche anterior les había dejado claro que la presencia de Patricia no era algo que pudieran ignorar.

-Primero, necesitamos que alguien más, aparte de la niñera, este con Sophia cuando salga de casa sin nosotros -dijo Esteban con determinación-. Nadie más va a acercarse a ella sin nuestro permiso.

-Si -asintió Mariana-. Podríamos contratar a alguien de confianza. Alguien que conozca bien a la familia y que este atento a cualquier movimiento extraño.

Mientras discutían los detalles, Alexander y Gala, que habían llegado a revisar como estaba Sophia después de lo ocurrido el día anterior, escuchaban en silencio, comprendiendo la gravedad de la situación.

-Esta bien -dijo Alexander finalmente-. Lo importante es que Sophia sienta seguridad, y que sepa que ustedes están con ella siempre.

Más tarde ese mismo día, mientras Esteban contactaba a una agencia de seguridad confiable, Patricia, la hermana de Mariana, estaba en su propia casa. Su expresión se endureció al enterarse por medio de su informante, que Mariana y Esteban planeaban reforzar la seguridad y protección de su hija.

-¿Seguridad para la bastarda? -musitó con una sonrisa fría-. Muy bien... si creen que esto los salvará, ya veremos... veremos cómo reacciono.

Sus ojos brillaban con una mezcla de desafío y algo de peligro que solo ella podía generar. Patricia sabía que podía jugar con la mente y la inocencia de esa niña, y por eso cada movimiento de Mariana y Esteban ahora debía ser medido con cuidado.

De vuelta en casa, Sophia jugaba en su habitación, inconsciente de la red de protección que se estaba tejiendo a su alrededor. Mariana y Esteban la observaban desde la puerta, con un sentimiento de alivio mezclado con la inquietud que les provocaba saber que Patricia no se detendría fácilmente.

- No podemos dejar que nadie lastime a nuestras hijas - susurró Mariana a Esteban-. Nada ni nadie.

-Exacto -respondió él-. Y está vez, vamos a asegurarnos de que no puedan.

Y así, mientras la noche se acercaba, la familia comenzaba un nuevo capítulo de vigilancia, amor y tensión: cada paso pensado, cada medida preventiva puesta en marcha, conscientes de que Patricia no se detendría hasta intentar interferir de nuevo en la vida de sus hijas.

El suspenso flotaba en la casa como una sombra silenciosa, y tanto Mariana como Esteban sabían que el verdadero desafío apenas comenzaba.

Dias después....

Era una tarde tranquila en la oficina de Esteban, rodeado de planos, proyectos y llamadas pendientes. La rutina parecía normal, pero el ambiente estaba cargado de concentración. Esteban estaba revisando los avances de un nuevo proyecto arquitectónico cuando su teléfono sonó con un número desconocido.

Al contestar, una voz fría y desafiante resonó al otro lado:

-Haces tanto alboroto por una niña que sacaste de un orfanato -dijo Patricia, con ese tono provocador que siempre lograba que Esteban sintiera un escalofrío.

Esteban frunció el ceño, reconociendo inmediatamente la voz de la hermana de Mariana. -Patricia... -dijo con firmeza, tratando de mantener la calma-. ¿Que quieres?

-Quiero que sepas que no me impresiona toda esta parafernalia de seguridad y cuidados- continuó ella, dejando que la tensión creciera en cada palabra-. Esa niña es solo eso... una niña con la que creaste un vínculo por tu ego, y ahora pretendes protegerla como si fuera tu vida.

Esteban apretó la mandíbula, conteniendo la ira que subía por su pecho. -Sophia y Mía son mi vida, Patricia. No permitiré que nadie, ni siquiera tú, se meta en la seguridad de mis hijas.

-Oh, ¿de verdad crees que puedes detenerme? -rio Patricia, dejando que su voz sonara más amenazante-. Veremos cuánto puedes protegerlas antes de que tu mundo se descontrole.

Esteban respiro hondo, tratando de no dejar que el miedo o la rabia lo dominen. Su mente ya estaba trabajando en los siguientes pasos: reforzar la seguridad, asegurarse de que Sophia y Mía estuvieran protegidas, y no permitir que Patricia tuviera ni un solo espacio para manipularlas.

-Escucha bien, Patricia -dijo, su voz firme y cortante-. No importa que digas, ni que hagas, no vas a acercarte a mis hijas. Y cualquier intento, lo enfrentarás directamente conmigo. Esto se acabó.

La linea se quedó en silencio por un momento, como si Patricia estuviera calculando su próximo movimiento. Luego colgó, dejando a Esteban con el corazón latiendo con fuerza y la determinación de proteger a su familia más fuerte que nunca.

Esa tarde, mientras miraba los planos de su oficina, Esteban no podía evitar pensar en Sophia y Mía. Cada sonrisa, cada abrazo de sus hijas se convirtió en un recordatorio de lo que estaba en juego. Patricia había hecho su jugada, pero él sabía que la partida apenas comenzaba.




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