El anillo que no era para mi

Capitulo 27.

El juego comienza de nuevo.

Años después...

Habían pasado varios años desde aquella llamada que había puesto a toda la familia en alerta.

Durante todo ese tiempo, Mariana y Esteban habían vivido con una sola preocupación: mantener a Sophia alejada de Patricia.

La seguridad alrededor de la familia se había mantenido durante los primeros años. Habían cambiado algunas rutinas, evitado lugares donde pudieran encontrarse con ella y enseñado a sus hijas, sin entrar en detalles que pudieran asustarlas, a ser cuidadosas con las personas desconocidas.

Pero los años fueron pasando.

Y Patricia no volvió.

Ni una llamada.

Ni una amenaza.

Ni un intento de acercamiento.

Nada.

Con el tiempo, aquella tensión que alguna vez había dominado sus vidas comenzó a desaparecer.

Mariana y Esteban llegaron a pensar que finalmente habían ganado.

Que Patricia se había cansado. Que había comprendido que nunca conseguiría separarlos.

Que, después de tantos años, finalmente había decidido dejarlos en paz.

Sophia creció rodeada de amor.

A sus dieciséis años era una joven dulce, inteligente y segura de sí misma. Tenía una relación especialmente cercana con Esteban, quien seguía siendo para ella esa figura que había estado presente en cada etapa de su vida.

Mía también había crecido junto a ella, y ambas eran inseparables.

Para Sophia, no existía diferencia alguna entre ellas.

Eran hermanas.

Una familia.

Su familia.

Y eso era lo único que conocía.

Lo que ellos no sabían era que, mientras habían vivido sin miedo, alguien había estado esperando pacientemente.

Patricia.

Una tarde, sentada en su casa, Patricia observó una fotografía que había guardado durante esos años.

Una sonrisa fría apareció lentamente en su rostro.

-Seguro piensan que me ganaron -murmuró.

Dejo la fotografía sobre la mesa y se levantó.

-Que ingenuos...

Había permitido que le creyeran.

Había dejado que los años pasaran.

Había dejado que la familia recuperará la tranquilidad y bajara la guardia. Porque Patricia nunca había abandonado su propósito. Solo espero que Sophia creciera, después de todo una simple niña no iba a entender nada en aquel tiempo.

-Les deje creer que había terminado -susurró-. Pero ahora es momento de comenzar el juego.

Aquella misma semana, Patricia apareció en la empresa de Esteban.

La secretaria apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que Patricia insistiera en verlo.

-Digale que es importante -dijo con seguridad.

Minutos después, la puerta de la oficina se abrió.

Esteban levantó la mirada de los documentos que estaba revisando.

Su expresión cambió inmediatamente.

-Patricia.

Ella sonrió.

-Hola, Esteban.

Él se puso de pie lentamente.

-¿Qué haces aquí?

-Vine a hablar contigo.

-No tenemos nada de qué hablar.

Patricia termino de entrar sin esperar invitación.

-Eso es lo que tú crees.

Esteban la observó con desconfianza.

-Después de todos estos años, apareces aquí como si nada hubiera pasado.

-Precisamente por esos años vine.

Patricia se acercó al escritorio.

-¿Pensaste que ganaste?

Esteban frunció el ceño.

-No sé de qué estás hablando.

-Claro que sí. -Sonrió-. Todos estos años sin acercarme a Sophia. Sin molestar a tu familia. Sin hacer nada.

Hizo una pausa.

-Debiste pensar que finalmente me rendí.

-Lo único que pensé fue que habías entendido que no tienes ningún lugar en nuestras vidas.

Patricia soltó una pequeña risa.

-Sigues sin entenderlo.

-¿Entender qué?

Ella lo miró fijamente.

-Que yo no desaparecí porque me derrotaste. Desaparecí porque estaba esperando el momento adecuado.

Esteban apretó la mandíbula.

-Vete.

-Todavia no.

Patricia se acercó un poco más.

-Tengo una mejor oferta para ti.

Esteban la miro con incredulidad.

-¿Una oferta?

-Sí.

Ella respiro profundamente antes de pronunciar las palabras.

-Divorciate de Mariana.

Esteban se quedó inmovil.

-¿Qué?

-Divorciate de mi hermana y cásate conmigo.

Por unos segundos, el silencio llenó la oficina.

Después, Esteban soltó una risa incrédula.

-¿Estás loca?

Patricia continúo como si no hubiera escuchado el insulto.

-Podriamos tener la familia que siempre quisiste. Tú, yo y mi hijo.

La expresión de Esteban cambió completamente.

-No vuelvas a hablar así de mi familia.

-Podrias empezar de nuevo conmigo.

-No.

La respuesta fue inmediata.

-No voy a dejar a mi esposa. No voy a abandonar a mis hijas por una mujer como tú. Y mucho menos voy a pretender que voy a criar al hijo de otro.

Los ojos de Patricia se endurecieron.

-¿De verdad?

Esteban no respondió.

Ella dió un paso hacia él.

-Eso es interesante.

-¿Qué quieres decir?

Patricia sonrió.

-Que no deberías tener ningún problema con criar al hijo de otro cuando claramente lo has hecho durante años.

Esteban sintió que algo se rompía dentro de él.

-No te atrevas.

-¿Por qué? ¿Porque estoy diciendo la verdad?

-No vuelvas a hablar de mi vida.

-¿O qué?

-No hables de mis hijas.

Patricia sostuvo su mirada.

Y entonces pronunció las palabras que había guardado durante todos aquellos años.

-¿Qué te da miedo, Esteban?

Él permaneció inmovil.

Patricia sonrió.

-¿Que tú bastarda, tu linda y adorada Sophia, se entere de que la recogieron de la calle como a un perrito abandonado?

El mundo pareció detenerse.

Ninguno de los dos se dió cuenta de que no estaban solos.

__________________

Ese día, Sophia había salido del colegio con una idea diferente a la de todos los días.




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