El anillo que no era para mi

Capitulo 28.

El daño.

-Ya es suficiente, Patricia.

La voz de Esteban resonó por toda la oficina.

Patricia permaneció frente a su escritorio, observándolo con una tranquilidad que comenzaba a irritarlo aún más.

-Te he dicho que no quiero volver a escuchar tus estupideces. Sal de mi oficina.

Ella entrecerró los ojos.

-¿Estás seguro de que quieres que me vaya?

-Completamente.

Esteban se levantó de su asiento y señaló la puerta.

-No tengo tiempo para tus juegos, ni para escuchar historias que no pienso jugar, ni creer.

Patricia dejó escapar una pequeña sonrisa.

-Me iré por ahora.

Se encaminó hacia la puerta, pero antes de salir se detuvo.

-Pero piensa en lo que te dije, Esteban.

Él no respondió.

Patricia giró ligeramente el rostro.

-Porque si decides seguir ignorandome... tu adorada niña se enterará de la verdad.

Esteba apretó la mandíbula.

-Fuera.

Patricia finalmente salió.

Ninguno de los dos podía imaginar que, en realidad, la amenaza de Patricia ya había perdido parte de su poder.

Porque Sophia ya lo sabía.

_________________

Aquella tarde, Mariana regresaba de su viaje.

Esteban había decidido llegar un poco más temprano a casa. Quería tener todo preparado para recibirla como se merecía.

Había encargado una cena especial. Quería que todo fuera perfecto.

Después de tantos días separados, necesitaba verla.

Al entrar a casa, dejó su abrigo y, como de costumbre, preguntó:

-¿Dónde están las niñas?

La sirvienta respondió:

-La señorita Sophia está en su habitación descansando.

La nana agrego:

-Y la pequeña Mía está en la terraza pintando.

Esteban sonrió.

-Bien. Voy a saludar primero a Sophia.

Subió las escaleras sin sospechar absolutamente nada.

Al llegar frente a la habitación de su hija, tocó suavemente.

No obtuvo respuesta.

Abrió la puerta con cuidado.

Sophia estaba acostada de lado, cubierta parcialmente por la monta. Al escuchar los pasos de su padre, abrió los ojos por un instante, pero inmediatamente los cerró.

Se quedó completamente quieta.

Esteban se acercó a la cama.

-Mi princesa... -susurró.

Sophia contuvo la respiración. Su corazón latía con fuerza.

Esteban se inclinó y depósito un beso suave sobre su mejilla.

-Descansa.

Después tomó la manta y la acomodó sobre ella, cubriéndola con cuidado.

-Te quiero hija.

Sophia sintió que los ojos comenzaban a llenarsele de lágrimas.

Pero no sé movió.

No quería que él supiera que estaba despierta.

Mucho menos que sabía la verdad.

Esteban salió de la habitación y cerró la puerta suavemente.

Sophia abrió los ojos.

Una lágrima silenciosa recorrió su mejilla.

_____________

En su habitación, Esteban se dió un baño y se cambió de ropa.

Quería estar listo cuando Mariana llegara.

Después de tantos años de matrimonio, todavia le gustaba sorprenderla. Cuando terminó, bajó las escaleras y se dirigió hacia la terraza.

Allí encontró a Mía frente a una pequeña mesa, completamente concentrada en su dibujo. Había heredado el talento de su madre.

-¿Qué estas pintando, princesa?

La niña levantó la cabeza.

Al verlo, sus ojos se iluminaron.

-¡Papà!

Mía corrió hacia el.

-¡Llegaste!

Esteban abrió los brazos y la recibió, levantandola del suelo.

-¡Mi pequeña!

La niña soltó unas carcajadas mientras él le daba un beso en la frente.

-Sí, llegué. Y ahora vamos a esperar a mamá juntos.

-¿Va a llegar pronto?

-Muy pronto.

Mia rodeó su cuello con los brazos.

-Entonces vamos a esperarla en familia.

Esteban sonrió.

-Exactamente.

La niña permaneció unos segundos en silencio.

Después habló con la naturalidad propia de una niña de siete años.

-Tal vez mamá haga feliz a mi hermana.

La sonrisa de Esteban desapareció lentamente.

-¿Qué quieres decir?

Mía lo miró sin entender por qué su padre había cambiado de expresión.

-Que tal vez mamá haga feliz a Sophia.

-¿Porque Sophia necesita que mamá la haga feliz?

La niña frunció ligeramente el ceño, tratando de recordar todo lo ocurrido.

-Porque hoy fuimos a verte.

Esteban se quedó inmovil.

-¿Hoy?

Mía asintió.

-Sí.

-¿Y qué pasó?

La pequeña continúo hablando, completamente ajena al peso de sus palabras.

-Habia una señora contigo.

El corazón de Esteban dió un vuelco.

-¿Qué señora?

-No sé quién era.

Mía se encogió de hombros.

-Sophia dijo que nos fuéramos.

Esteban sintió que algo frío recorría su cuerpo.

-¿Y después?

-Nos fuimos a casa.

La niña bajo la mirada.

-Y Sophia no ha dejado de llorar, papá.

Esteban se quedó pálido.

Durante unos segundos no pudo decir una sola palabra. Su mente regresó inmediatamente a la conversación con Patricia.

"Tu adorada niña se enterará de la verdad"

Miró hacia las escaleras. Después pensó en Sophia.

Su respiración se volvió pesada.

-Dios mío...

Mía lo observo.

-¿Que pasa papá?

Esteban no respondió. Solo pensó: por favor... Que no sea lo que estoy pensando.

Y por primera vez en muchos años, Esteban sintió que el secreto que habían protegido con tanto cuidado podía estar a punto de destruirlo todo.




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