El anillo que no era para mi

Capitulo 29.

No soy parte de ti.

Esteban permaneció inmovil en la terraza después de escuchar las palabras de Mía.

"Sophia no ha dejado de llorar, papá".

Aquella frase seguía repitiéndose en su cabeza.

Patricia.

La oficina.

Su amenaza.

"Tu adorada niña se enterará de la verdad".

No.

No podía ser.

Esteban tomó a Mía de la mano y entró con ella a la sala justo cuando escuchó unos pasos en las escaleras.

Sophia estaba bajando.

Llevaba el cabello ligeramente despeinado y el rostro cansado. Sus ojos estaban hinchados y enrojecidos. Esteban la miró fijamente.

Ella evitó su mirada.

-Mía -dijo él, intentando mantener la calma-, ve con la nana y cámbiate. Vamos a esperar mamá juntos, ¿Si?

-¿Pero puedo bajar después?

-Claro, princesa.

Mía sonrió y corrió en busca de su nana que ya la estaba esperando.

-Vamos señorita.

Cuando ambas desaparecieron por las escaleras, el silencio se apoderó de la sala.

Esteban volvió lentamente la mirada hacia Sophia. Ahora podía verla con claridad.

Sus ojos.

Los ojos de su hija. Había llorado durante horas.

-Sophia....

Ella permaneció de pie frente a él.

-¿Por qué lo hicieron?

La pregunta salió con una voz quebrada.

Esteban sintió que el corazón se le hundía.

-Hija...

-¿Por qué me mintieron?

-Todo tiene una explicación.

Sophia soltó una pequeña risa amarga.

-Entonces es cierto.

Estaban palideció.

-¿Qué cosa?

Sophia levantó los ojos hacia él.

-Lo que dijo esa mujer.

Esteban no respondió.

-¿Es cierto que me recogieron de la calle?

-No.

La respuesta salió inmediatamente.

-Las cosas no son así.

-¿Entonces cómo son? -pronunció ella.

-Sophia, por favor...

-¡No importa cómo son! -la voz de la muchacha se quebró.

-¡Me ocultaron la verdad! -grito. Las lágrimas volvieron a llenar a sus ojos.

-¡Me ocultaron que no soy su hija biológica!

Esteban dió un paso hacia ella.

-Eso no significa que no seas nuestra hija -dijo Esteban con convicción.

-¡Claro que significa algo! - grito desesperada.

Sophia se llevó una mano al pecho.

-¿Entonces que soy? -preguntó.

Esteban abrió la boca, pero no encontró una respuesta.

-¿Una niña que decidieron salvar? -continuó ella-. ¿Una obra de caridad?

¡No! - declaró Esteban. Su voz resonó por toda la sala.

-¡Nunca fuiste, ni serás eso! -siguió él.

-¡Entonces dime qué soy!

Esteban se quedó callado.

Sophia lloraba cada vez con más fuerza.

-¡Dime cómo son las cosas, papá! - la palabra quedó suspendida entre ambos.

Pero inmediatamente Sophia bajo la mirada.

-Perdón...

Se secó las lágrimas con el dorso de la mano.

-Ni siquiera sé si puedo seguir llamándote así.

Esteban sintió un dolor profundo en el pecho.

-Sophia, este no es el momento.

Ella lo miró, incrédula.

-¿No es el momento? -preguntó.

-No quiero hablar de esto así. Esperemos a que llegue tu madre. Esto es algo que debemos hablar los tres.

-¿Por qué? ¿Porque todavía tienen algo más que esconderme?

-No. -Esteban negó con la cabeza.

-Porque quiero que escuches toda la verdad de nosotros. No de algo que escuchaste que Patricia dijo.

Sophia guardó silencio.

-Pero hay algo que quiero que tengas claro -continuó él-. Independientemente de cómo llegaste a nuestras vidas, independientemente de lo que haya pasado antes de que te conociéramos... para nosotros eres nuestra hija.

Sophia lo miró con los ojos llenos de lágrimas.

-¿Cómo puedo ser tu hija...

Su voz se quebró.

-... si no soy parte de ti?




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