Mis dedos acarician la suave tela amarilla sin poder dar crédito a la calidad del vestido. Ni siquiera sabía que hacían vestidos tan buenos.
La puerta de la recámara se abre y Joana entra de forma intempestiva. Su manera de entrar me sobresalta, pero no puedo molestarme con ella por pasar sin tocar. Finalmente, estoy en su casa, en su habitación de invitados, puede ir y venir como le plazca.
—Te va bien el vestido —comenta Joana tomando asiento sobre una poltrona, en tanto que me mira de arriba abajo con sus ojos color miel. Su mirada es tan insistente como la de su marido, pero me hace sentir mucho menos vulnerable—. Te dije que éramos de talla similar.
—Tenía razón, muchas gracias por prestarme su vestido. Es muy bonito —le digo con una inclinación de cabeza.
—¡Qué va! Déjate de formalidades o Walter no se va a creer que somos amigas —apunta algo exasperada, puesto que esta la tercera vez que me pide que le hable con confianza.
Agacho la mirada al tiempo que siento mis mejillas sonrojarse.
—Sí, discúlpame, es la falta de costumbre —me excuso.
Joana chasquea la lengua en un gesto nada usual para una dama de su posición.
—Cómo sea, pero no puedes tener un desliz así en la cena o Walter se olerá que algo va mal. Ya te hemos dicho que es un hombre bueno, pero con orgullo. Si presiente que esto es planeado, no querrá saber más de ti. Es muy importante que piense que este encuentro entre ambos es mera casualidad.
Asiento despacio. Joana y su esposo Damián, han repasado conmigo el plan muchas veces. Ahora tengo la situación más clara. El anuncio de matrimonio lo pusieron ellos pensando en su querido amigo, el doctor Walter Moss, un viudo muy respetado en el reino que, desde que su esposa falleció hace ya muchos años, ha quedado solo.
Entiendo que es el cariño lo que movió a Damián y a Joana a poner el anuncio para encontrar una compañera de vida para su amigo. No obstante, ninguno de los dos me da la impresión de ser personas excesivamente caritativas. Tal vez sólo son mis propios prejuicios; finalmente, ¿qué sé yo de nada? Pasé los últimos 17 años encerrada en casa de la señora Landin, sin tener casi contacto con el mundo exterior más que cuando me mandaba al mercado. ¿Cómo podría juzgar si los Kaplan son o no personas caritativas? Lo que están haciendo por el doctor Moss habla bien de ellos. Creen que su amigo está solo y, como han visto que a él no se le dan bien los cortejos y el romance, decidieron tomar cartas en el asunto sin que él lo sepa.
Su plan es sencillo y a la vez complicado, ellos pretenden que yo me haga pasar por una amiga de Joana durante la cena de esta noche, en donde estará presente el doctor. Gracias a lo bien que los Kaplan conocen al doctor Moss, me han instruido sobre qué decir, cómo comportarme, y qué hacer para atrapar su mirada y que me vea como su futura esposa.
No creo tener dotes de seductora; es decir, nunca tuve la oportunidad de ir a un baile, ni fui jamás cortejada por alguien, pero he leído mucho de amor en libros y puedo decir que no soy nada como las protagonistas que salen en las páginas. No soy elocuente, ni intrépida, ni rápida en mis contestaciones. Espero que los consejos de los Kaplan den resultado, porque por mis propios méritos dudo mucho que el doctor Moss se fije en mí.
—¿Recuerdas lo que te dijimos? ¿Tienes alguna duda? No olvides mencionar lo de los pájaros. Walter ama todo lo relativo a las aves —dice Joana mientras sus ojos me escudriñan con atención.
—¿Qué debo decir si me pregunta cómo nos conocemos? Tal vez al doctor Moss le parezca extraño que usted… quiero decir, que tú seas amiga de una mujer que trabajaba como dama de compañía —señalo tímidamente, queriendo adelantarme a cualquier eventualidad.
—No le cuentes eso. Con mi vestido y tus modales, él jamás sospechará de tus orígenes. Yo en definitiva no me habría dado cuenta a no ser porque tú se lo mencionaste a Damián.
Joana pronuncia la palabra orígenes como si hubiera estado trabajando en un burdel. Contraigo los labios. No seré una dama de alta sociedad, pero tampoco me avergüenza haber trabajado de forma honrada durante 17 años.
—Tal vez no en un inicio, la señora Landin era muy estricta con el protocolo y me enseñó a comportarme con propiedad, pero los modales refinados no lo son todo. A la larga, el doctor se terminará enterando de algún modo de que no soy una señorita de familia acomodada —argumento.
Joana suelta un quejido de exasperación.
—Sólo di que nos conocimos en nuestra juventud, ya luego veremos cómo le contamos tu triste historia. Por ahora, no hay necesidad de entrar en detalles.
—Pero, ¿y si pregunta? —insisto.
—Dudo que Walter sea demasiado inquisitivo esta noche. Finalmente, tu futuro marido es un perfecto caballero, no va a incomodarte con preguntas insistentes.
Asiento con poco convencimiento. Joana y Damián actúan como si el casamiento fuera un hecho. Me gustaría estar tan confiada como lo están ellos, en especial por lo mucho que necesito que esto salga bien, pero aun siguiendo las instrucciones de los Kaplan al pie de la letra y diciendo todo lo correcto, nadie puede asegurar que yo vaya a ser del agrado de Moss. Tal vez me encuentre insulsa o fea o demasiado vieja… tal vez le gustan las mujeres más jóvenes. Hay muchos hombres que, sin importar la edad que tengan ellos, siempre van tras las jovencitas…