El anuncio de matrimonio

Capítulo 13

Xavier está desparramado sobre el sillón, como si su espalda no tuviera la fuerza suficiente para sostenerlo derecho. Sus brazos caen lánguidos a sus costados y su cabeza está inclinada al frente, apenas sosteniéndose con la poca energía que le queda.

Vuelvo a tocar los listones de mi bata. Es la tercera vez que me cercioro de que esté cerrada, pero no sé qué más hacer con mis manos. Estoy tan inquieta que apenas logro quedarme sentada.

—Lamento lo de tu madre —repito por millonésima vez.

Xavier vuelve a hacer la misma inclinación de agradecimiento que ha hecho todas las otras veces.

—Lo aprecio, señora Moss. Fue muy inesperado —comenta en voz apagada.

—¿Y dices que la Guardia Real no tiene idea de quién es el culpable? —comento, todavía sin digerir la sórdida historia que Xavier acaba de contarme hace apenas nada.

Raquel Eden no sólo está muerta, fue asesinada en su hogar.

—Así es, señora Moss. La guardia no tiene ni idea de quién pudo cometer un acto tan atroz —confirma Xavier con la mirada perdida hacia el frente.

A mi mente vienen las imágenes de anoche, Raquel llorando descontrolada frente a Walter, alterada y temerosa. ¿Qué la habrá tenido en tan mal estado? ¿Estará relacionado con lo que le sucedió horas después? Tal vez sabía que alguien estaba tras ella, pero de ser así, ¿por qué Walter la envió a casa sin mas?

—Qué tragedia —suspiro.

—La Guardia Real ni siquiera está segura de a qué hora ocurrió el crimen. No saben si fue durante la noche o en el transcurso de la mañana. Yo les habría sido de utilidad… si tan sólo me hubiera despedido de mi madre antes de irme al colegio —cuenta Xavier, claramente mortificado—. No tenía la costumbre de despedirme, ella solía dormir hasta tarde y se molestaba si la despertaba. Cada mañana, me preparaba para ir a clases haciendo el menor ruido posible para no enfadarla y ahora, por mi culpa, no saben a qué hora ocurrió el crimen…

La voz de Xavier se quiebra y este hunde la cabeza entre las manos. Sus mechones negros cubren las puntas de sus dedos.

Me llama la atención lo espeso y negro de su cabello, su madre era pelirroja; pero ese resulta un pensamiento de fondo, vano y ridículo, frente a la tragedia ocurrida.

—No te sientas culpable, no había forma de que supieras lo que iba a ocurrir —digo para alentarlo.

Xavier asiente con expresión vacía. Mis palabras no significa nada, no hay consuelo posible.

—Ahora no tengo a nadie, ni nada, incluso mi casa… No puedo volver ahí, no sabiendo lo que pasó. —Xavier sacude la cabeza, como si quisiera borrar un recuerdo desagradable.

Entiendo su sentir, yo tampoco querría volver a una casa en la que mi madre fue apuñalada múltiples veces en el pecho.

Miro hacia la ventana, afuera está completamente oscuro. Debe ser pasada la medianoche y no hay señales de que Walter vaya a volver pronto.

—Xavier, estás exhausto. Has tenido un día muy duro. ¿Qué te parece si vas al cuarto de visitas a descansar? Mañana que despiertes, Walter ya estará aquí y podrás hablar con él.

—¿No le molesta que me quede en su casa? —pregunta él educadamente.

—En absoluto. Es más, puedes quedarte el tiempo que quieras —le aseguro.

Probablemente sería buena idea consultar con mi marido antes de ofrecerle a un muchacho mudarse con nosotros de forma permanente, pero no puedo contener la simpatía que me provoca Xavier. Sospecho que esa carga que noto en su rostro no es sólo por su reciente estado de orfandad. Joana comentó que Raquel era una madre deficiente. Estoy segura de que Xavier pasó muchas dificultades incluso antes de perder a Raquel.

Quiero ayudarlo en lo que pueda y, si eso significa ofrecerle un techo, eso haré. Además, dudo que Walter se moleste, si algo me ha quedado claro durante este breve tiempo de conocer a mi marido, es el gran corazón que tiene.

—Muchas gracias, señora Moss. En verdad lo aprecio.

El tono educado y cargado de gratitud de Xavier me reafirma que estoy haciendo lo correcto.

Acompaño al joven al cuarto de visitas. Ya es muy noche y todos los sirvientes se han retirado a descansar. Afortunadamente, el cuarto está listo, así que Xavier tiene todo lo que necesita para pasar la noche o lo que queda de ella.

Una vez que él está instalado, yo me retiro a mi recámara. Planeo esperar despierta el regreso de Walter, quiero ser yo quien le cuente lo sucedido y explicarle por qué le ofrecí a Xavier quedarse con nosotros. Sin embargo, en algún punto de la espera, el sueño me vence y caigo profundamente dormida.

Despierto sintiéndome desorientada y con el cuerpo pesado. Pestañeo un par de veces hasta que un espantoso pensamiento me hace incorporarme de súbito. Es tarde. La señora Landin necesita su desayuno.

Oleadas de pánico me recorren del estómago al pecho.

Arrojo las sábanas a un costado y me pongo de pie de un brinco. Entonces ubico en dónde me encuentro y mi corazón se ralentiza. Este no es el hogar de los Landin. Estoy en casa de Walter… en nuestra casa.

Mi alivio es fugaz. Una vez establecido donde me encuentro, los recuerdos del día anterior me inundan. Me giro hacia el costado de la cama, hacia donde arrojé las mantas. Es el lugar de Walter, pero mi esposo no está ahí.




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