El aprendiz del príncipe

Capítulo 2

Le di el cuarto trago a la botella de licor de cereza que había cogido de la despensa de la cocina

Le di el cuarto trago a la botella de licor de cereza que había cogido de la despensa de la cocina. Una gota se escapó por la comisura de mi labio y la lamí antes de que manchara mi nuevo atuendo, muy parecido al que había llevado esa mañana. Solo que esta noche habría una cena de gala y, además, llevaba una capa azul marino colocada sobre mis hombros sujeta con una fíbula de plata con gemas verdes incrustadas. Lo usual en estas ocasiones era que el príncipe llevara la joyería correspondiente, pero no era muy partícipe de vestir demasiado ostentoso así que me limité a llevar el sello con el escudo familiar.

Llamaron a la puerta de mis aposentos y di permiso para que entraran. Dorien apareció desprovisto de su armadura y llevaba puesto un jubón de color rojo bermellón. Un cinturón ancho de cuero y adornado con piedras preciosas rodeaba su cintura y sostenía una espada corta. Su capa y el broche que la unía eran más humildes que los que yo llevaba, pero seguían correspondiendo a un estatus superior al de los demás caballeros.

Dorien era el Alto Cargo de los Caballeros de la Corte. A pesar de su corta edad, que era la misma que la mía, podría parecer que tendría mucha menos experiencia de la necesaria para albergar ese puesto. Sin embargo, su padre había estado antes en su posición y había sido la mano derecha del rey. Había crecido junto a Dorien todos estos años y lo consideraba un hermano. Aunque teníamos destinos diferentes, yo el de ser el príncipe heredero y él el de ser el caballero que lo protegía, éramos tan cercanos que los cargos y los títulos no importaban.

Por la responsabilidad y los honores que representaban su puesto, a Dorien se le consideraba como un noble más de la Corte. De hecho, a él le solían tener en mucha más estima que a mí.

Me arrebató la botella de las manos y la dejó sobre la mesa de cristal.

—Sería un detalle que pospusieras tu borrachera a después de la cena.

—¿Y eso qué tendría de divertido?

Me lanzó una mirada asesina y reí en respuesta. Me senté frente al espejo del tocador y me até el pelo con el broche del serbal.

—Vine para indicar que deberías ir yendo al comedor. Los marqueses han llegado y la cena está a punto de comenzar.

—¿Desde cuándo haces las labores de un sirviente, Dorien? —pregunté intentando manejar un par de mechones rebeldes que se habían soltado de su agarre—. Sabes que no hacía falta que vinieras solo para decirme eso.

—Eso es porque no vengo solo para eso.

Lo dijo en un tono tan serio que me obligó a fijar toda mi atención en él. Me di la vuelta y lo encontré sentado en el escaño que se encontraba a los pies de mi cama. Me miraba con un rostro afilado por la firmeza y entrelazaba sus dedos con los codos apoyados sobre sus muslos.

—Recordarás que después de la cena tienes que hablar con el rey Galderic.

Sentí cómo cada músculo de mi cuerpo se tensó bajo mi piel.

—Sí, lo recuerdo bien.

Abrió la boca para continuar pero la cerró en una firme línea, como si meditara la elección de sus palabras.

—Quiero que sepas que vengo como un amigo y como el hermano que considero que eres para mí —se aclaró la garganta y prosiguió—. Sé que el Rey y tú no habéis tenido la mejor relación desde hace ya tiempo. Pero quería recordarte que la cena de hoy es muy importante. La relación que tiene la familia real con los marqueses de Lysandre es uno de los pilares de la alianza que tenemos con la región de Mesethelia. Si cortamos esos lazos, será muy complicado recomponerlos.

Me levanté, pillándolo desprevenido, y me coloqué frente a él con los brazos cruzados.

—Al grano, Dorien.

Suspiró y jugó con sus dedos de forma nerviosa.

—Este evento es muy importante, por lo que espero que no bebas más hasta que llegues a tus aposentos de nuevo y todo haya acabado. Sería ideal si pudieras evitar soltar comentarios... inapropiados en la cena, como usualmente sueles hacer cada vez que te reúnes con tu familia.

—Ya no soy un niño para que me vengas sermoneando. Ya tengo veinticinco años y tengo plena capacidad de decisión.

—Lo sé, Lyon, pero desde lo que le pasó a la condesa Elarinne estás...

No le di tiempo a terminar la frase. Le agarré del cuello de su jubón y me acerqué a su rostro. Era visible que se mostró arrepentido en el mismo segundo en el que había emitido esas palabras, que habían prendido una mecha dentro de mí.

—No te atrevas a mencionar su nombre. Nunca más.

Dorien me observaba con los ojos muy abiertos. Aunque éramos amigos cercanos y la diferencia de estatus a veces parecían estar desdibujadas, sabía perfectamente que no tenía la potestad para agredirme o para sobrepasarse conmigo. Quizás casi ni para defenderse en el caso en el que lo golpeara. Tenía las de perder y él lo sabía.



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En el texto hay: principe, gay, medieval

Editado: 07.01.2026

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