El arca de noé

Capitulo 4:La puerta se cierra

El séptimo día amaneció nublado.
Noé, su esposa, sus tres hijos y sus nueras metieron las últimas provisiones al arca. Afuera, los animales ya estaban dentro, cada uno en su lugar. El rugido de un león se mezclaba con el balido de una oveja. Y no se atacaban.
Todo el pueblo se había juntado en el valle para mirar. Ya nadie se burlaba. Se veían nerviosos, apuntando a las nubes negras que cubrían el cielo.
Matusalén se acercó al arca, con la voz quebrada. "Noé... hermano... ¿de verdad va a pasar?"
Noé lo miró desde la rampa. Quiso decirle que entrara, que trajera a su familia. Pero la orden de Dios había sido clara: _entra tú y tu casa_.
"Ya es tarde, amigo", contestó Noé con lágrimas. "Les advertí por 120 años".
Un trueno reventó el cielo. La gente gritó. Empezaron a correr hacia el arca, golpeando el casco de madera.
"¡Ábrenos, Noé! ¡Teníamos razón, estás loco pero ábrenos!"
"¡Sálvanos, por favor!"
Noé y sus hijos empujaron la rampa desde adentro, pero no se movía. Era enorme, pesada. Imposible cerrarla entre humanos.
Entonces pasó.
La puerta gigantesca del arca se cerró sola. Un golpe seco que retumbó en todo el valle. Dios mismo la había sellado.
Afuera, los gritos se hicieron más fuertes. Golpes, llanto, desesperación.
Adentro, silencio.
Y entonces, cayó la primera gota.
Después otra. Y otra.
Hasta que el cielo se abrió.




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