El Vuelo de la Urgencia.
Kira y Vance tomaron el primer vuelo privado que Lena Voss pudo asegurar. El jet despegó de un pequeño aeródromo griego justo cuando el sol se ponía, tiñendo el Egeo de rojo.
La tensión en la cabina era palpable. Vance, con la Reliquia del Cronista en un maletín asegurado, repasaba la información con Nido.
—Nido, necesitamos una hora de acceso sin interrupciones a la Cripta —dijo Vance, mirando el mapa de Londres proyectado en la mesa.
—Es imposible, Vance. El Museo Británico es el edificio más vigilado de Londres. Incluso si logras burlar la seguridad externa, los sistemas de El Fénix estarán en alerta máxima. Seraphina ya sabe que estamos en Londres.
Kira, mirando el mapa, intervino. —El verdadero problema no es la seguridad, sino el tiempo. Seraphina vendrá con todo su arsenal.
El Mensaje de Ariadne.
En ese momento, el comunicador de Vance sonó con un mensaje encriptado, pero con una firma digital desconocida: Ariadne.
—El Fénix viaja en un jet militar. Llegará a Londres en cuatro horas.
—Tenemos tres horas de ventaja. ¿Por qué nos ayuda, Ariadne? —preguntó Kira.
—Yo soy una tejedora, Capitana. Y mi misión es asegurar que los registros del Cónclave sean liberados a la luz, no vendidos al mejor postor. Mi Orden, los Hijos de Teseo, existimos para esto.
Vance preguntó sobre la traidora. —Clío, la doble agente, ¿trabajaba para Seraphina?
—No. Clío trabajaba para sí misma. Pero Seraphina la usó, igual que usó las mentiras de Victoria. Ariadne hizo una pausa. Yo sé cómo entrar al Museo Británico sin activar las alarmas. Necesito estar allí para desactivar los sistemas de contramedidas que instalamos hace diez años.
La Alianza Tensa.
La elección era difícil. Ariadne era una desconocida y miembro de una organización secreta. Pero su ayuda era esencial para la infiltración.
Kira miró a Vance. —Si Seraphina tiene una ventaja de hardware (sus mercenarios), necesitamos una ventaja de software (Ariadne).
—De acuerdo. ¿Cuál es el plan, Ariadne?
—Necesitan un acceso secreto a la red de ventilación que yo diseñé. Yo iré por separado y me reuniré con ustedes a la media noche, en el Templo de Cibeles en el ala oeste del Museo. No confíen en nadie más.
El plan se puso en marcha. Kira y Vance aterrizarían en un aeródromo discreto cerca de Londres.
El Plan de Londres.
En la pista de aterrizaje, antes de encontrarse con Ariadne, Kira y Vance ultimaron los detalles.
Vance tomó el Pergamino de Metal (la llave de la Cripta) y la Reliquia del Cronista (el decodificador).
—El Pergamino abre la bóveda. La Reliquia lee el índice. Pero si Seraphina nos captura, obtendrá el control global —dijo Vance, la seriedad marcando su rostro.
Kira tomó su mano. —No nos capturará. Tenemos una ventaja: sabemos cuál es su objetivo. El poder. Y usaremos nuestra única ventaja: nuestra lealtad.
Nido, por su parte, tenía su propia misión. —Voy a crear una distracción digital dirigida a Seraphina en cuanto toque tierra. Haré que crea que el verdadero Pergamino está en la Torre de Londres, lejos del Museo.
La última pieza del plan era la más arriesgada. Kira le dio a Vance un micro-dispositivo de rastreo que había tomado de su equipo de infiltración.
—Si algo sale mal, si Ariadne nos traiciona, o si Seraphina te atrapa, tienes que activar esto. Daré media hora para rescatarte. Si no aparezco, sabrás que también me atraparon.
Vance lo tomó, su mirada fija en Kira. Este era su pacto de La Vigilancia: la misión primero, pero nunca solos.
El cielo sobre Londres estaba oscuro y nublado. El juego del gato y el ratón final estaba a punto de comenzar.