El arrogante Dios del cielo

Capítulo 29 ¡Descubrir la verdad!

La mirada de todos estaban inmersas en mí, ser el centro de atención de dioses en un momento crucial, puede ser tan sofocante como colgar tu vida de un hilo.

Pasando saliva evité notarme nerviosa, hasta que el anciano comenzó la sesión.

—Todos los dioses principales estamos reunidos. Se comienza la reunión.

En cierta manera nunca entendí la presencia de aquel longevo ser, como sí el mismo se tratara de un Dios mayor. Traté de suponer que él era como un juez en este mundo, ya que actuaba como tal.

Ares vestido con su solemne armadura y destacando su posición como Dios de la guerra, habló primero.

—Dios del cielo, para hacer corta esta reunión ¿Por fin anunciarás tu matrimonio con esa humana?
¿Oh ya te arrepentiste?

Caelus respondió de inmediato.

—Dios de la guerra, aún no te he permitido hablar.

Este bufó con descaro.

—Yo nunca pido permiso.

Caelus cruzó la mirada con él y mantuvo la compostura esta vez, siendo él el rey, ya había caído muchas veces a sus provocaciones, ya no iba a jugar a su sucio juego.

Caelus le contestó:

—De todas maneras, tus palabras están vacías para mí.

¡Eso es Caelus, demuestra quien manda!

El alto hombre de barba blanca, el primer Rey del Cielo expresó confusión en su mirada. Miró a su hijo con recelo y alzó la mirada. Su voz era igual de grave que su hijo.

—Hijo, ¿realmente ya tomaste una decisión?

—Sí, padre.

Sentí mi corazón acelerarse por ello, no sabía cuál era mi destino en este lugar y aquello podía ser decidido por Caelus en ese preciso momento.

El Dios del Sol miró curioso.

—Entonces, ¿qué le pasará a tu prometida? Ya ha pasado bastante tiempo para formalizar el compromiso ¡Este mes es el más adecuado, la energía de este mundo está en su apogeo!

—Ya es tiempo de oírte. Rey del cielo.—Sonrió Ares con sarcasmo.

Natfaria trató de detener las palabras maliciosas de su prometido, pero este ignoró sus advertencias. El rostro de la Diosa casi siempre estaba incómoda cuando estaba a su lado, hasta yo podía notar la tristeza de sus ojos.

La Diosa de la vida, Siris, se atrevió hablar de repente.

—El futuro de este sagrado mundo no debe ser tomado por obligación, Dios del Cielo. Siempre he estado en un punto donde siempre he sido imparcial. Pero déjeme decirle que esta situación puede ser la más crítica y clave, no cometa el error del pasado.—Posó su puño en su mano—Espero la pronta prosperidad del mundo celestial.

—Diosa Natfaria, pese a todas las cosas ocasionadas en el pasado. Le agradezco por sus palabras.

Caelus anunció de repente, tomando la atención de todos de inmediato.

—Dentro de una semana me casaré con mi prometida, un día antes se hará la ceremonia de inmortalidad. Ya ha sido decidido.

Aquellas palabras fue un balde de agua fría que cayó sobre mí, ¿realmente estaba ignorando todos mis deseos de esa manera?

No creía, no quería creer.
¡No podía ser cierto!

Incluso la Diosa de la Luna nos miró con una expresión de sorpresa. Y pareciera querer intervenir.

Mi cuerpo se tensó y mis manos apretaron el sillón en que estaba sentada. Cuando quise pararme de ahí, sentí mi mano izquierda ser sostenida con fuerza.

La voz de Caelus se escuchó en mi cabeza como un suave eco.

«Si en el pasado no quisieron que no sea feliz, ahora tampoco. Ese alguien definitivamente aparecerá. Alba, después de descubrir todo y librarte de esa amenaza, prometo que regresarás a tu mundo, sean las consecuencias que suceda después será mi responsabilidad, yo no te detendré. Te quitaré la marca de tu frente y anularé el compromiso, todo se terminará.»

Las palabras que tanto quise oír por fin las habías escuchado, pero en ese momento al mismo tiempo que sentía calma, también sentí angustia combinado con tristeza. Pero era lo correcto, todo esto debía terminar, el daño está hecho, pero aún se puede esperar un buen futuro.

Asentí brevemente viéndolo a los ojos. Acto seguido los Dioses dieron su aprobación, menos el Dios del tiempo, ni el Dios de la guerra. Ares. Tal implacable decisión, seguía.

Mis sospechas siempre se han fijado en Ares como si ocultara algo, su expresiones de tensión cuando hablo de mi antepasado. Aún si no fuera el culpable, pudo ser un espectador. Sin embargo, no sería fácil que él hable.

Todo era caótico.

Yo realmente tenía sentimientos encontrados, pero no debía dejar que el miedo se apoderara de mi. Prometí a mi abuela ser una mujer fuerte y lo seré. Aún si no se sabe el resultado, arriesgar todo es mi estilo.

Después de unos minutos, se sirvió diferentes aperitivos. Los sirvientes del palacio se encargaron de darnos diferentes platillos como un buffet. Había un postre que era brillante plateado, se llamaba luz de luna. Hecho de una flor que crecía con el rocío de la luz de la luna, según me contó la Diosa Selene, obtenida cada treinta años, como un ingrediente especial para hacer este postre. Al momento de dar unos bocados, quedé totalmente satisfecha por el sabor tan exquisitamente equilibrado de dulce, tanto fue mi exaltación que incluso la sirvienta que me entregó el postre me miró extrañada.

Los sirvientes por lo general eran castigados si comían algo de esta comida, considerada como una falta de respeto. Sin embargo, alguien como ella que incluso sus manos estaban un poco agrietadas por el esfuerzo de hacerlas. ¡Debía comer algo fruto de su esfuerzo!

No tardé en extender el pastelillo hacia ella y preguntarle:

—Jovencita, ¿quieres probarlo? Es una pena que tengan tanto trabajo en hacerlo y no lo puedan probar. Toma.

—Yo no...

—Está bien, acéptalo.

La Diosa Selene la miró.

—La prometida del Rey te está está invitando, acéptalo por cortesía.

Como si de un castigo se tratara, la joven sirvienta negó rotundamente recibirlo.




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