El arrogante Dios del cielo

Capítulo 32 Boda celestial

Narrador omnisciente

Sólo un día antes se dio la ceremonia de inmortalidad para Alba, una falsa ceremonia que fue completada en secreto.

Instrumentos acústicos adornaban una celebración única en el mundo celestial, bellas mujeres danzaban sobre una alfombra roja y Dioses de todos los lugares, estaban sentados en cada parte del gran salón, cada uno con su bebida y porción de comida adecuada.

Alba había sido despertada muy temprano ese día, la bañaron, perfumaron, peinaron y vistieron con un largo vestido celeste, que brillaban como si hubiera sido adornado con miles de diminutas estrellas. Incluso el maquillaje sutil pero hermoso, resaltaba lo mejor de ella.

Pero la expresión de Alba no era de alegría alguna y habían dos motivos:

Hoy sería el último día en aquel mundo.

Sangel no estaba por ningún lado desde ayer.

Estaba tan preocupada por Sangel, que sentía que se le derretía el maquillaje por el sudor frío.

Aquel incidente tan misterioso, nunca fue resuelto y ahora Sangel había desaparecido. Sólo pensar que le había sucedido algo, estando relacionado con ella, le hacía sentir más culpable. 
Caelus también mandó a algunos de sus soldados más confiables a buscarlo, sin embargo, ya casi ha pasado veinticuatro horas y nadie reportaba absolutamente nada.

Una de las sirvientas preguntó:

—Prometida Alba, ¿se siente bien?

Alba pasó saliva y sonrió.

—Sí, sólo estoy nerviosa.

—Entonces, saldremos.

También parte de los soldados de Caelus, vigilaban a Alba con más cautela, muchos se encontraban fuera de la habitación, el mismo Rey del Cielo no podía estar a su lado debido a su posición y responsabilidades como autoridad.

Alba se levantó de su asiento al estar sola y se miró en un espejo que mostraba todo su cuerpo, tocó su pecho en dónde se encontraba el místico collar y exhaló.

—Abuelita, no podré cumplir con la profecía, sin embargo tu nieta dejará ser libre a aquel Dios que mencionaste, sé que él podrá curar su corazón, ahora que ya conoce sus propios errores. No podré estar a su lado, pero espero su felicidad. Abuelita, protégeme, también a Caelus y a Sangel.

Incluso cuando pareciera irónico su pedido, siendo Caelus un Dios, para Alba su abuela era su ángel protectora.

Afuera de su puerta, escuchó la voz de una de las sirvientas.

—Prometida Alba, ya empezará la ceremonia.

—Sí, ¡ya voy!

Dos noches antes Caelus habló con Alba, mencionando que una vez comenzada la ceremonia no podría alejarse de su lado, ya que sería peligroso. Aún si no apareciera el sospechoso, igual le devolvería a su mundo antes de completar la ceremonia. Ya que él mismo continuaría la búsqueda. Aunque era poco posible que no hubiera ningún movimiento sospechoso. Sobre todo en dejar ir a Alba de esa manera. También ella deseaba terminar todo, para que su antepasado por fin se sintiera libre.

Viendo a Alba caminar con una vestimenta de novia tan hermosamente confeccionada y mostrando ella un hermoso maquillaje, no podían negar alguno Dioses que ese día, aquella mujer humana, se podía comparar con muchas de las hermosas Diosas de ahí.

El Dios de la guerra, sólo bufó en silencio y murmuró.

—Esas sirvientas deberían ser recompensadas por su buen trabajo.

La mayoría de las Diosas solteras se encontraban fatalmente con el corazón roto, muchas también habían deseado por muchos siglos estar en la posición de Alba, mientras Caelus no se había casado, aún había una esperanza en ellas. Pero finalmente ese día había llegado y no solamente por que el Rey se casaría, sino también, porque la expresión de Caelus mostraba un brillo especial que nunca habían podido apreciar en él, pareciera haber desaparecido todo barrera invisible, sintiendo hasta ellas una sensación de calidez. No sonreía, pero el semblante que tenía pareciera haber aliviado sus propios corazones. Aunque por segundos, se podía notar cierta tristeza en su rostro.

El rey del cielo la recibió de la mano a Alba al llegar hacia a él, la diosa del matrimonio, estando en el centro de la gran sala dorada, indicó que ambos se acercaran.

La diosa de la luna veía con cierto entusiasmo aquel espectáculo, pero aún dudaba del corazón de Alba, presentía que algo no estaba bien. Nada de ese lugar se sentía así.

La diosa de la vida miraba fijamente aquella ceremonia, sin mostrar gesto alguno, bebiendo su té rojo con calma.

El anterior rey del cielo y su esposa se encontraban en lo alto de la sala, siendo ellos tapados por una fina capa delgada. Representando respeto por ellos.

La diosa Natfaria miraba con nostalgia la escena, teniendo ella una posición correcta, al contrario de su prometido, quien por capricho y sin autorización, había entrado a la ceremonia.

La diosa del matrimonio, comenzó a hablar.

—Desde la antiguedad, almas inmortales fueron unidos por la fuerza del destino. El amor de dos almas no son fugaces, en esta vida las parejas unidas tendrán un propósito. Construyendo su propia felicidad, por miles de años. Hoy serán bendecidos.

La diosa estiró su brazo e indicó que se acercaran a la fuente pequeña, un objeto sagrado usado especialmente para el matrimonio.

Alba y Caelus se acercaron hacia la fuente de agua cristalina y estiraron ambos su mano derecha sobre él.

Alba miraba con cierto nerviosismo lo que acontecía, todo parecía ir bien y eso más la asustaba.

Caelus pronunció primero:

—Sobre la tierra y el cielo, nuestras almas se unirán en la inmortalidad.

Mientras él decía estas palabras, también sus sentidos estaban atentos a lo que sucedía alrededor suyo.

La boca de Alba tembló y trató de pronunciar las mismas palabras que Caelus.

—Sobre la tierra y...

La garganta de Alba pareciera haberse secado de repente, produciendo en ella un dolor agudo, pero continuó nuevamente.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.