El arrogante Dios del cielo

Capítulo 37 De vuelta a la realidad

En dos celdas diferentes, se encontraban dos Dioses diferentes, frente a frente.

El Dios de cabellera de fuego. Dios Ares, Dios de la guerra. Con una condena de 500 años, por asesinato a una sirviente celestial y conspiración contra las leyes del cielo y el Rey.

Y al otro lado, un Dios de cabellera negra larga y ojos azules amables y de belleza exorbitante, miraba fijamente al Dios Ares con una sonrisa.

—Verte, no me es agradable, me haces recordar a ella.—Suspiró Ares.—Que incongruencias de la vida, al final hizo lo mismo que tú.

—La vida de un Dios, su destino sólo nosotros lo elegimos. No me arrepiento haberla amado, sólo me arrepiento no haberla protegido, ni a mi propio hijo.

De su mano derecha, una mariposa azul emergió, aleteando al rededor suyo.

—Cuando salga de mi encierro, quienes son mi sangre. Los protegeré. Incluso, generaciones pasen. Aún me queda una nieta y un bisnieto.

Ares lo vio fijamente.

—Sabes, ¿cómo está Natfaria ahora?—Rio con sarcasmo.—Cierto, a través de esas mariposas puedes ver todo. Dios de la luz.

—Mi hermana, es una mujer orgullosa, no supe guiarla como su hermano mayor. Yo también fallé como modelo de hermano. Sólo su voluntad hará que su deseo de vivir, la despierte de ese sueño eterno.

Apretó sus labios.

—Toda esa voluntad, fue arrebatada por Caelus.

—Te equivocas, Natfaria hizo esto por culpa, fue su forma de hacer notar su arrepentimiento, un delito así es condenado en este mundo, lo sabes, no tenía otra salida. Si realmente la amas, debes haber comprendido que tanto ella amaba al rey.

—Lo sé.

—Solo hay algo que ella no se dio cuenta, que había alguien que también estaba dispuesto hacer todo por ella. Pero nunca lo hizo notar ¿No es así Dios Ares?

Ares volteó su mirada.

—Hay veces que incluso los Dioses no son completamente diferentes a los seres humanos. En la búsqueda de la gloria, nos dejamos llevar por nuestros deseos y cuando todo sale mal, elegimos la opción más sencilla y peligrosa para remediarlo.

—Sé que algún día saldré, pero mis pensamientos nunca cambiarán.

—Estoy seguro, que incluso pase mil años, si Natfaria llega despertar y sigues para ella aún, si tu corazón es honesto, ella lo apreciará, Dios Ares no busques culpables. Décadas de encierro, también puede aclarar tu alma.

—Lo dices porque sólo te condenaron a cien años de encierro y ya pronto saldrás.

—Dios Ares, sabes, aquí realmente te tratan bien. Tómalo como unas vacaciones para reflexionar.—Rio un poco.

Ares frunció el ceño y cruzó sus brazos.

—Ya no quiero escucharte.

(***)

Muchos fueron los murmullos que escuchó antes de abrir los ojos. El clima era frío y sentía que su vestido volaba a dirección del viento.

—¿Quién en ella? ¿De dónde apareció?

—¿Están grabando algo?, es muy llamativa.

—Es un vestido muy bonito, pero extraño.

Parpadeando y mirando su entorno, Alba comprendió que estaba en medio de una calle transitada.

—Yo..., he vuelto a mi mundo.

Agachándose hacia el piso, Suspiró posando sus brazos en sus rodillas.

—¿Qué le pasa, le duele algo?

Alba volvió a suspirar.

—Esta es la realidad.

Una mujer de mediana edad se acercó a Alba.

—Señorita, es peligroso estar sola en medio de la calle.

Con el rostro confundido, notó no conocer nada de ese lugar.

—Disculpa, ¿qué este lugar?

—¿Eh? ¿No lo sabes?

—Yo, ni sé dónde estoy sentada.

—Señorita, tú, ¿cómo exactamente llegaste aquí?

Con una sonrisa nerviosa, Alba contestó.

—Si le digo, me llevará a un psiquiatra.

—¿Eh?

—Por favor. Préstame su celular. Necesito llamar a alguien.

La mujer mostró una expresión de sospecha, realmente parecía una mujer que había perdido la cordura.

—Sé que me veo sospechosa. Pero ahora mismo quiero regresar a casa.

A Alba le tomó cuatro horas volver a casa, había vuelto en una ciudad lejana a la suya. Cuando Thania vio a su hermana menor, mostró un rostro de total alivio. La había buscado por mucho tiempo y por un momento, no pudo creer que ella misma le había contactado por teléfono. Ya de vuelta a casa, cada detalle fue contado por Alba, para las miles de preguntas de Thania. No tenía de otra de creerle, siendo ella testigo de la presencia de aquel Dios.
Pero también sabía Thania, que tanto le había afectado a Alba, todo lo vivido.

Alba se tomó dos semanas de descanso, un mes después, después de muchas explicaciones y papeleos, pudo recuperar su trabajo.

Sabía que ya no era su asunto lo que pasara en el cielo, pero había veces que contemplaba el cielo por minutos. Tocando brevemente su frente, libre de aquella marca de flor que alguna vez llevó.

Una tarde soleada, llevando consigo unos fólderes con documentos impresos, cayeron al piso por acción de un hombre de actitud sospechosa que corrió dirección contraria. De inmediato, Alba reaccionó.

—¡Ten más cuidado! ¿Qué le pasa?

Recogiendo sus documentos, oyó la voz de una mujer adulta hablar alto.

—Se fue a la derecha, Dana, ya sabes qué hacer.

—Sí, oficial superior.

Aquella mujer, se dispuso a recoger los papeles que aún seguían dispersos, a pesar de que era una mujer, tenía un rostro andrógeno y unos bellos ojos azules. Si no fuera por su esbelta figura, también podría hacerse pasar por un hombre.

Oh, ¿ella es una oficial? ¡Es muy bella!

—Señorita, sus papeles. Siento este mal momento, ya pronto ese ladrón será atrapado. Es uno que estuvimos buscando por mucho tiempo. No es un simple ladrón.

—¿Eh? ¡¿Era un ladrón?!—Recibiendo los papeles, Alba expresó agradecida.—Gracias, eres muy amable.—Suspiró.—Debí haberlo golpeado, tal vez así lo hubieran atrapado más rápido. Rayos...




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.