Fecha: 12/05/2021
¡Llegó el día de amar!
Pues, después de estar tanto tiempo sola, ha llegado el día de amar...
De amar la tristeza que tengo en el alma.
De amar las promesas perdidas.
De amar la ironía.
De amar las despedidas de la vida.
Se ha transformado mi vida; no puedo creer que esto me suceda. Debo amar el daño de dejarte ir, aunque te siga amando. Me siento morir, aunque sé que no es para muerte; a veces soy dramática, es una fase de la vida por la que casi todos pasamos, solo que algunos somos más inteligentes que otros y se van a la playa o hacen tortas, ¡jajaja!
Yo quería conocer lo bonito de tu alma, si es que existía. Y aunque dañes mi vida, aunque le hayas causado un profundo dolor a mi corazón... amaré el no poder olvidarte.
Reflexión:
Este relato es un ejercicio de aceptación radical. A veces, la sanación no empieza cuando olvidamos, sino cuando dejamos de pelear contra el recuerdo. Al "amar la tristeza", le quitamos el poder de destruirnos y la convertimos en parte de nuestra historia. Es un recordatorio de que somos seres sensibles y que, aunque el otro no haya tenido el alma que esperábamos, nuestra capacidad de amar sigue intacta, incluso si ahora nos toca usarla para reconstruirnos a nosotros mismos.
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Editado: 16.04.2026