El arte de amar y no ser amada

CAPITULO 2

—Eres una interesada. Tú lo que quieres es un sugar daddy...

—¡Espera, espera! ¿O sea que el ridículo y mantenido de tu exnovio, al que todavía le falta muchísimo para convertirse en un hombre de verdad, te dijo eso? —Nikkol abre los ojos como platos mientras deja la taza de café sobre la mesa.

Las dos estamos sentadas en la sala del apartamento. Después del desastre de ayer no tuve más remedio que contarle toda mi "gran historia de amor".

La descarada no ha dejado de reír desde que empecé.

—No te rías.

—¡¿Cómo quieres que no me ría?! Ese hombre no tenía ni para invitarte un café y todavía tuvo el descaro de llamarte interesada. Valeria, tu ex tiene el ego de un millonario y la billetera de un estudiante sin un peso.

La fulminé con la mirada.

—No ayudas.

—Claro que sí. Me estoy burlando de él, no de ti.

Suspiré y me dejé caer sobre el sofá morado.

Nuestro apartamento era pequeño, pero acogedor. La sala estaba decorada con distintos tonos lilas y morados porque, según yo, transmitían paz. Aunque esa paz desaparecía cada vez que Nikkol ponía música a todo volumen.

Mi habitación era igual de femenina, con cortinas lavanda, almohadas blancas y una pared llena de fotografías.

La de Nikkol era todo lo contrario. Apenas cruzabas la puerta parecía que entrabas a otro mundo. Todo era negro, gris y blanco; desde las sábanas hasta las cortinas. Decía que el negro combinaba con su paciencia... o mejor dicho, con la poca paciencia que tenía.

—Lo peor es que todavía me pidió dinero para llevar a la amante al cine.

Nikkol se quedó callada unos segundos.

—...

—¿Qué?

—Estoy intentando procesar tanto descaro.

—Yo todavía no puedo.

—No, espera... lo peor no fue eso.

Fruncí el ceño.

—¿Entonces?

—Que el muy descarado todavía cree que tú vas a llorarle.

Sonreí de lado.

—¿Llorarle? Por favor. Antes adopto un mapache.

Nikkol soltó una carcajada.

—¡Eso! Esa es la Valeria que conozco.

—Aunque no te voy a mentir... sí me dolió.

Ella dejó de reír y me miró con más seriedad.

—Es normal. No lloras porque perdiste al amor de tu vida. Lloras porque entregaste tiempo, dinero y sentimientos a alguien que no lo merecía.

Guardé silencio, Tenía razón.

—Pero prométeme una cosa.

—¿Cuál?

—Que el próximo hombre que llegue a tu vida tenga tres requisitos.

—A ver...

Nikkol levantó un dedo.

—Primero, que trabaje.—Levantó otro.—Segundo, que no te pida plata prestada.—Y levantó el tercero.—Y tercero... que sepa que invitar significa pagar, no mirar la cuenta y hacerse el desmayado.

No pude contener la risa.

—¿Eso existe?

—No lo sé... pero si aparece uno así, lo enmarcamos y lo ponemos en un museo porque está en peligro de extinción.



#335 en Joven Adulto
#5108 en Novela romántica
#1469 en Chick lit

En el texto hay: #escritores, #lectoras, #paratii

Editado: 24.07.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.