El arte de amar y no ser amada

CAPITULO 3

VALERIA CAPÍTULO 3

<<VALERIA ROSSI>>

Dicen que cuando una relación termina lo normal es llorar, encerrarse en la habitación y escuchar canciones tristes durante una semana. En mi caso fue diferente. Kevin salió de mi vida y lo único que sentí fue alivio. Nunca estuve enamorada de él; si llegué a quererlo fue porque pensé que, con el tiempo, podría convertirse en un hombre responsable. Me equivoqué. Lo único que hizo fue demostrarme que era un mantenido con demasiado ego y muy poca vergüenza.

Lo curioso de todo aquello fue que, gracias a esa ruptura, conocí a Ethan. Sonreí al recordarlo. Apenas habíamos hablado unos minutos, pero me cayó sorprendentemente bien. Escuchaba con atención, hablaba cuando era necesario y no parecía de esos hombres que creen que invitar a una mujer a cenar significa hacer cuentas antes de pedir el postre.

—¿Y ahora por qué sonríes? —preguntó Nikkol desde la cocina mientras preparaba café.

—No estoy sonriendo.

—Claro que sí. Esa cara no la ponías ni cuando Kevin te regalaba... bueno, mejor dicho, cuando tú misma pagabas tus propios regalos.

Rodé los ojos y le lancé un cojín.

—Eres insoportable.

—Y tú pésima para mentir.

Me acomodé en el sofá morado mientras ella se sentaba frente a mí con su taza negra. Si alguien entraba al apartamento pensaría que vivían dos personas completamente distintas. Mi lado parecía una tienda de decoración en tonos lilas y blancos; el suyo era negro, gris y más negro. A veces dudaba si realmente dormía o practicaba ser un murciélago.

Encendí el televisor para distraerme un rato.

Grave error.

La música de última hora comenzó a sonar y la presentadora apareció con una expresión demasiado dramática.

—¡Impactante! La CEO Valeria Rossi y el empresario Steve Green han cancelado oficialmente su compromiso matrimonial.

Nikkol giró tan rápido la cabeza que casi derrama el café.

—Mira, ya eres famosa otra vez.

En la pantalla comenzaron a aparecer fotografías mías entrando a la empresa, otras de Steve y, finalmente, una imagen de él junto a Nina Simone.

—Según fuentes cercanas, Steve Green habría decidido poner fin al compromiso para iniciar una relación con la empresaria Nina Simone. La noticia ha causado un enorme revuelo en el mundo empresarial; sin embargo, ambas compañías han confirmado que sus alianzas comerciales continuarán con total normalidad.

Apagué el volumen del televisor.

—Al menos dijeron la verdad.

Nikkol me observó con curiosidad.

—Nunca entendí por qué aceptaste casarte con Steve si jamás hablaste de él como si estuvieras enamorada.

Me quedé unos segundos pensando antes de responder.

—Porque nunca fue una historia de amor.

Ella frunció el ceño.

—¿Entonces?

—Fue un acuerdo.

Nikkol dejó lentamente la taza sobre la mesa.

—Explícate.

Suspiré.

—Hace tres años nuestras empresas empezaron a crecer muy rápido. Los inversionistas querían una alianza permanente y nuestras familias no dejaban de insistir con un matrimonio. Steve y yo hablamos durante horas y llegamos a la misma conclusión: ninguno estaba enamorado del otro, pero los dos éramos lo suficientemente inteligentes para separar los sentimientos de los negocios.

—¿Y aceptaron?

—Sí. Él viviría su vida, yo viviría la mía y, mientras tanto, cumpliríamos con el compromiso. Si alguno conocía a alguien de quien realmente se enamorara, lo único que debía hacer era decirlo. Sin mentiras, sin engaños y sin perjudicar a nuestras empresas.

Nikkol abrió la boca.

—Eso explica muchas cosas...

Sonó mi celular.

Steve Green.

Contesté.

—Buenos días.

—Buenos días, Valeria. ¿Podemos hablar?

—Claro.

—Te enviaré la dirección de un restaurante. Prefiero que esta conversación sea en persona.

Miré el reloj.

—Estaré allí.

Steve ya me estaba esperando cuando llegué. Vestía un traje azul oscuro impecable y, como siempre, tenía una carpeta sobre la mesa. Al verme, se puso de pie para saludarme.

—Gracias por venir.

—Supongo que no me citaste para preguntarme cómo estuvo mi semana.

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

—No.

Tomé asiento frente a él y crucé las manos.

—Entonces habla.

Steve respiró hondo.

—Quiero cancelar el compromiso.

Lo miré con tranquilidad. No me sorprendía.

—¿Es por Nina Simone?

Asintió.

—Sí. No quiero seguir con un acuerdo cuando mis sentimientos cambiaron.

Bebí un poco de agua antes de responder.

—Está bien.

Ahora fue él quien pareció sorprendido.

—¿Así de fácil?

—Steve, nunca te amé y tú nunca me amaste. Sería bastante hipócrita fingir que esto me rompe el corazón.

Él soltó una risa.

—Tienes razón.

Abrió la carpeta y la deslizó hacia mí.

—Preparé una propuesta para que la cancelación no afecte ni tu imagen ni nuestras empresas. Los contratos seguirán vigentes, las negociaciones continuarán exactamente igual y asumiré toda la responsabilidad ante mi familia y ante la prensa. Diré que la decisión fue mía.

Comencé a revisar los documentos con calma.

—¿Y esto?

—Es una compensación. Cincuenta millones y un penthouse que quedará registrado legalmente a tu nombre. No intento comprar tu silencio; solo considero justo hacerme responsable de las consecuencias.

Seguí leyendo cada hoja sin apresurarme.

—No voy a firmar hoy.

Steve asintió.

—Lo imaginaba.

—Mis abogados revisarán cada cláusula. Si todo está en orden, aceptaremos la cancelación y cada uno seguirá su camino.

Él extendió la mano sobre la mesa.

—¿Seguimos siendo socios?

Le estreché la mano con una pequeña sonrisa.

—Seguimos siendo socios. Los negocios funcionan mejor cuando dos personas saben terminar las cosas con respeto.

Steve sonrió con sinceridad.



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Editado: 24.07.2026

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