El arte de amar y no ser amada

CAPITULO 4

CAPÍTULO 4 VALERIA

El silencio en un penthouse nuevo es diferente.

No huele a recuerdos, huele a pintura fresca, café recién hecho y oportunidades. Caminé descalza por el enorme ventanal mientras observaba la ciudad extenderse bajo mis pies. Admito que Steven tenía buen gusto para elegir propiedades.

—Nada mal... —murmuré sonriendo—. Al menos el acuerdo terminó dejando un buen premio de consolación.

Dejé mi bolso sobre el sofá color marfil y seguí inspeccionando cada rincón. La cocina era enorme, el estudio tenía vista panorámica y el clóset era prácticamente una habitación completa.

Mi celular comenzó a sonar.

En la pantalla apareció un nombre que llevaba años sacándome canas verdes.

Nina Simone.

Solté una risa.

—Mira quién decidió salir de su cueva.

Contesté.

—¿Qué quieres, pelirroja?

—Ay, Valeria... ni un "hola". Pensé que los cincuenta mil millones te habían comprado un poquito de educación.

—No alcanzó. Tendrían que duplicar la cifra.

Escuché su risa al otro lado de la llamada.

—Así me gusta. Ya pensaba que el abandono de Steven te había quitado el carácter.

Rodé los ojos.

—¿Abandono? Qué dramática eres. Yo acepté romper el compromiso.

—Claro... y yo soy la reina de Inglaterra.

—No, tú eres simplemente Nina.

—Auch.

Sonreí mientras abría la nevera.

—¿Era todo? Tengo una cocina que presumir.

—Sólo quería saber si sigues respirando después de que me quedé con tu prometido.

—¿Mi prometido? No confundas un contrato empresarial con una historia de amor.

Hubo unos segundos de silencio.

—¿No te molesta?

—¿Debería?

—Bueno... todas las mujeres lloran cuando otra les quita al novio.

Me apoyé sobre la isla de mármol.

—Ese es el problema, Nina. Yo no me peleo por hombres.

—¿No?

—Jamás.

—Curioso, porque siempre termino quedándome con los tuyos.

No pude evitar reír.

—No, cariño. Ahí estás equivocada.

—¿Ah, sí?

—Tú no me robas nada. Yo simplemente dejo las migajas... y tú decides recogerlas.

—¡Qué descarada!

—¿Estoy mintiendo?

Ella soltó una carcajada.

—Sigues siendo insoportable.

—Y tú sigues creyendo que ganar un hombre es ganar una competencia.

—No me vas a negar que Kevin terminó conmigo... digo, contigo.

—Y gracias por hacerme el favor. Me habría dado pereza terminar esa relación.

—Eres una mujer cruel.

—Empresaria. Hay diferencia.

—Eso explica por qué jamás te he visto llorar por un hombre.

—Porque los hombres no son inversiones seguras.

—¿Y Steven?

—Steven es un excelente socio y una excelente persona. Nunca estuvimos enamorados y él lo sabe. Si contigo encontró lo que buscaba, me alegro por ambos.

Nina guardó silencio unos instantes.

—Sabes... a veces quisiera odiarte de verdad.

—¿Y qué te detiene?

—Que eres divertida.

Reí.

—Tú tampoco me caes tan mal.

—Mentira.

—Bueno... un poquito sí.

—Lo sabía.

Las dos terminamos riéndonos como si cinco minutos antes no hubiéramos estado lanzándonos indirectas.

Era extraño.

Nos llevábamos como el agua y el aceite, pero llevábamos tantos años compitiendo que, de alguna forma absurda, también nos conocíamos demasiado bien.

—Oye, Rossi.

—¿Qué?

—No vayas a desperdiciar ese penthouse. Si haces una fiesta y no me invitas, ahora sí seremos enemigas mortales.

—Tranquila. Si organizo una, te mandaré invitación... aunque te cobraré la entrada.

—Tacaña.

—Empresaria.

—Qué pesada eres.

—Y tú una dramática profesional.

—Nos vemos pronto, Valeria.

—Nos vemos... y saluda a Steven de mi parte.

—Lo haré.

Colgué la llamada con una sonrisa.

Qué relación tan rara teníamos.

Éramos capaces de insultarnos durante diez minutos y despedirnos como si nada hubiera pasado.

Supongo que algunas rivalidades duran tanto que dejan de ser únicamente odio.

Se convierten en una costumbre.

EL PRINCESO (KEVIN)

No entiendo por qué todos hacen tanto escándalo. Apagué el televisor con fastidio y lancé el control remoto sobre el sofá. Todos hablaban de la cancelación del compromiso entre Valeria Rossi y Steven Green como si el mundo estuviera a punto de acabarse.

Periodistas, empresarios y hasta personas que ni siquiera los conocían opinaban sobre una decisión que, sinceramente, no tenía nada de especial. Solté una risa con arrogancia mientras me acomodaba en el sofá.

—Qué exagerados...

Al final sigue siendo Valeria. La misma mujer que estuvo conmigo durante años, la que decía amarme, la que siempre encontraba una excusa para quedarse a mi lado.

Si realmente hubiera amado a ese tal Steven, ahora estaría llorando frente a las cámaras y no caminando con esa sonrisa de empresaria exitosa. Negué con la cabeza con una sonrisa llena de superioridad.

—Ya volverá.

No tenía la menor duda. Una mujer como ella no podía olvidarme tan fácilmente. Yo fui su novio, el hombre con el que compartió años de su vida.

Las mujeres dicen muchas cosas cuando están enojadas, pero tarde o temprano terminan recordando quién las hizo felices.

Steven sólo era un multimillonario con empresas y una buena reputación. Yo, en cambio, tenía algo que él jamás tendría: la historia que construí con Valeria. Eso pesa más que cualquier fortuna.

Me levanté del sofá y caminé por el apartamento sin prestar demasiada atención al desorden que había por todas partes. Había ropa sobre las sillas, platos acumulados en la cocina y una bolsa de basura que llevaba varios días esperando ser sacada.

Hice una mueca.—Luego lo arreglo...

Abrí la nevera esperando encontrar algo listo para comer, pero sólo había una botella de agua y un par de salsas olvidadas.

—¿Y la comida?—Fruncí el ceño antes de recordar que ya no vivía con Valeria.



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En el texto hay: #escritores, #lectoras, #paratii

Editado: 24.07.2026

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