El Arte de Bajar al Abismo

HABITAR LA SOMBRA

Durante mucho tiempo creíste que la oscuridad era algo que debía superarse.

Una etapa. Un error. Una versión menos evolucionada de ti.

Intentaste corregirla, pulirla, iluminarla hasta que desapareciera.

Pero la sombra no se disuelve bajo presión.

Se vuelve más densa. Más insistente. Más viva.

Comprendiste que luchar contra tu oscuridad era seguir negándote.

Que cada batalla interna solo reforzaba la división.

Y tú ya no querías dividirte.

Así que dejaste de pelear.

Te sentaste contigo misma sin intención de arreglar nada.

Y en ese silencio empezaron a aparecer nombres.

Celos. Rabia. Deseo. Ambición.

Palabras que antes susurrabas con culpa.

Emociones que escondías bajo discursos de madurez.

Habías aprendido a suavizar lo que ardía.

A disfrazar la ambición de humildad, el deseo de desapego y la rabia de comprensión espiritual.

Pero nada de eso desaparecía. Solo cambiaba de máscara.

Aceptar tus celos no te hizo mezquina.

Aceptar tu rabia no te hizo peligrosa.

Aceptar tu deseo no te hizo impura.

Aceptar tu ambición no te volvió egoísta.

Te volvió honesta.

Lo prohibido no era destructivo. Era intenso.

Y la intensidad asusta a quienes prefieren lo manejable.

Durante años pediste perdón por ser demasiado.

Demasiado profunda.

Demasiado emocional.

Demasiado directa.

Demasiado consciente.

Te encogiste para no incomodar.

Te moderaste para no eclipsar.

Te explicaste para no asustar.

Hasta que entendiste algo definitivo:

Tu intensidad no es un defecto. Es tu naturaleza sin domesticar.

Habitar la sombra no significa actuar desde el impulso.

Significa reconocer que dentro de ti existen fuerzas primarias.

Significa aceptar que puedes ser suave y feroz.

Que puedes amar con ternura y defender con fuego.

Que puedes sanar sin convertirte en silencio.

Cuando dejaste de pedir perdón por lo que sentías, algo se estabilizó dentro de ti,

No te volviste más oscura.

Te volviste más completa.

La sombra dejó de ser amenaza.

Se convirtió en territorio.

Y por primera vez, no estabas intentando escapar de ti misma.

Estabas habitándote.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.