El Arte De Contemplar

Prólogo

Mi corazón latía tan fuerte que sentía que se me iba a salir del pecho. Metafóricamente hablando, claro, porque es imposible que eso suceda de verdad. No es que el pecho se me vaya a abrir como una puerta para que el corazón salga corriendo. Aunque, pensándolo bien, seguir ese famoso consejo de "sigue a tu corazón" me ha llevado a situaciones bastante delirantes, y a decisiones más que cuestionables a lo largo de mi vida.

Porque el corazón es solo un órgano que bombea sangre, científicamente no debería decidir absolutamente nada. Pero lo hace de todas formas, y dicen que es el centro de las emociones. Y sin embargo, si le hubiera hecho caso a la razón en lugar de a los impulsos, probablemente no estaría aquí ahora mismo, en este escenario, con el corazón a punto de estallar.

Y ahí voy otra vez, divagando sin control. Mi cerebro va a mil por hora, pienso quinientas cosas distintas a la vez. Como ese estúpido de Nicholas, que apareció de la nada para convertir mi vida entera en un caos total. Antes ni siquiera sabíamos que el otro existía realmente.

Bueno, no es del todo cierto. Sabíamos de la existencia del otro, pero nada más allá de eso. Solo rumores de pasillo: que se encerraba en el cuarto del conserje a dibujar, o a editar cosas en su tableta. Y antes de que piensen mal de mí, no lo espiaba para nada. Soy muy observadora, es simplemente una costumbre mía.

Diablos, otra vez me fui completamente por las ramas, y encima me puse de mal humor solo de recordarlo todo.

—Jane, ya está todo listo, tienes que salir —dice Taylor, mi mejor amiga, con su vestido azul marino que hace que sus ojos brillen como dos grandes esmeraldas, tomándome la mano con esa sonrisa que siempre logra calmarme un poco.

—No sé si pueda hacerlo, de verdad —confieso, mientras suelto varias respiraciones pausadas, tal como me ha enseñado mi terapeuta para controlar la ansiedad—. Siento que voy a vomitar y arruinar este hermoso vestido que conseguiste para mí, y después tendríamos que buscar otro, y no hay tiempo para eso.

—Hey, tranquila —me dedica otra de sus brillantes sonrisas, esa que me comprende sin juzgarme ni un poco—, lo vas a hacer increíble, vas a hablar de tu libro ante toda esa gente que vino específicamente a verte brillar. Eres una perra talentosa que se merece esto completamente, el camino no fue nada fácil, pero aquí estás, de pie.

—De acuerdo —asentí varias veces, mientras me acomodaba el cabello rubio perfectamente alisado, y escuché que decían mi nombre desde el escenario—. Prométeme que si la cago, o empiezo a decir mil cosas que no tienen nada que ver, me sacas a rastras de ahí. No quiero aparecer en TikTok haciendo el ridículo de mi vida, porque eso me perseguiría para siempre, hasta lo verían mis nietos algún día y...

—Lo vas a hacer extraordinario —me interrumpe, riendo, apretando mis manos para darme confianza—, no temas, porque es tu sueño, y confío plenamente en que vas a deslumbrar a todos ahí afuera. Ve a hacer lo que mejor sabes hacer: hablar sobre tu propia historia.

—Bien —respiré una vez más, antes de darme la vuelta y salir de detrás de los telones.

Me dirigí hacia la tarima, donde en una esquina se encontraba la maqueta espectacular de mi libro. Caminé hacia la mesa del centro mientras escuchaba a muchas personas gritando mi nombre, visiblemente emocionadas.

—Hola a todos, gracias por venir, es un placer estar aquí —dije, logrando finalmente sentarme sin tropezarme en el proceso, lo cual consideré todo un logro personal.

Crucé las piernas, y pasé las palmas húmedas por el sudor sobre la tela de mi vestido color vino. Mientras observaba alrededor, busqué lo que no debería estar buscando, pero mi corazón dio un salto al reconocerlo entre la primera fila. Ahí estaba él, con esa sonrisa confiada que tan bien conocía de memoria.

—Señorita Brown, tenemos algunas preguntas acerca de su libro El Arte de Contemplar —dice una periodista pelirroja con una sonrisa profesional, poniéndose de pie—, ¿puede decirnos cómo obtuvo la inspiración para escribir esta historia? ¿Se basó en algo, o en alguien en particular?

—Oh, bueno, es una pregunta muy interesante —dije con voz pausada, destapando mi botella de agua para dar un pequeño sorbo, relamiéndome los labios mientras pensaba qué palabras usar exactamente—. Debo reconocer que para escribir esta historia tuve una gran fuente de inspiración que me permitió desarrollarla de la manera correcta, y...

Mis ojos se dirigieron nuevamente, como si tuvieran vida propia, hasta encontrarse con esos ojos marrones tan intensos que me miraban, animándome a continuar sin apartar la vista. Y no voy a mentir, esta historia no habría sido posible sin su ayuda, sin Nicholas, quien se convirtió en mi mayor inspiración.

Así que si tienes tiempo de saber cómo desarrollé esta historia basada en nuestra propia historia, te invito a que busques una mantita, un chocolate calentito o un café, lo que sea de tu preferencia, porque lo sabrás a detalle. Cómo Nicholas White vino a desbaratar mis planes con su presencia caótica... pero no me arrepiento de nada. Si pudiera, lo haría todo exactamente igual.




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