El Arte De La Seduccion

La Mujer que Dijo No

Capítulo 1

Nueva York.

La ciudad nunca dormía.

Y Aidan Harrison tampoco.

Desde el último piso de la Torre Harrison observaba las luces de Manhattan mientras sostenía una copa de whisky.

A sus veinticinco años tenía todo lo que cualquier hombre podía desear.

Dinero.

Poder.

Fama.

Mujeres.

Y precisamente por eso estaba aburrido.

—¿Cuántas fueron esta semana? —preguntó su amigo Marcus.

—No las conté.

—Eso es preocupante.

—¿Por qué?

—Porque normalmente sí las cuentas.

Aidan soltó una pequeña risa.

—Ninguna me interesa lo suficiente para recordarla.

Marcus negó con la cabeza.

—Algún día llegará una mujer que te pondrá de rodillas.

—Imposible.

—Eso dicen todos.

—El amor es un negocio terrible.

—¿Y eso?

—Te hace perder dinero, tiempo y dignidad.

Marcus soltó una carcajada.

—Definitivamente estás condenado.

Aidan sonrió.

No creía en el amor.

Nunca lo había hecho.

Había visto demasiados matrimonios destruirse.

Demasiadas personas perderlo todo por sentimientos.

Para él, enamorarse era simplemente perder el control.

Y Aidan Harrison jamás perdía el control.

Esa misma noche.

Hotel Imperial.

Se celebraba una de las galas más importantes del mundo de la moda.

Empresarios.

Actores.

Modelos.

Celebridades.

Y, por supuesto, Valerie Belmont.

La mujer más buscada del momento.

Cuando apareció en la alfombra roja, las cámaras explotaron.

Los flashes iluminaron el lugar.

Valerie caminaba con elegancia natural.

Cabello oscuro.

Mirada segura.

Vestido negro.

Y una confianza capaz de intimidar a cualquiera.

—Valerie, ¿estás saliendo con alguien?

—No.

—¿Qué buscas en un hombre?

—Paz.

—¿Y dinero?

—Ya tengo el mío.

La respuesta provocó risas entre los periodistas.

Minutos después.

Dentro del salón principal.

Aidan la vio por primera vez.

Y por primera vez en mucho tiempo…

Se quedó observando.

—No me digas que te impresionó una modelo —se burló Marcus.

—No.

—Entonces deja de mirarla.

Aidan sonrió.

—Solo tengo curiosidad.

—Claro.

—Voy a saludarla.

—Dios nos ayude.

Valerie estaba conversando con varios diseñadores cuando una sombra apareció frente a ella.

—Valerie Belmont.

Ella levantó la mirada.

—Sí.

—Aidan Harrison.

—Lo sé.

—Eso fue rápido.

—Todo el mundo sabe quién eres.

—Espero que sean cosas buenas.

—No todas.

Aidan soltó una pequeña risa.

Interesante.

Muy interesante.

Las mujeres normalmente intentaban impresionarlo.

Ella parecía completamente indiferente.

—¿Puedo invitarte una copa?

—No.

Aidan parpadeó.

—¿No?

—No.

—¿Por qué?

—Porque no quiero.

Silencio.

Un silencio glorioso.

Los presentes observaron la escena.

Nadie rechazaba a Aidan Harrison.

Nadie.

—Eres directa.

—Y tú no estás acostumbrado a escuchar un no.

—Tienes razón.

—Lo imaginé.

Valerie tomó una copa de una bandeja cercana.

—Que tengas buena noche, señor Harrison.

Y se marchó.

Así.

Sin más.

Aidan permaneció inmóvil.

Marcus apareció detrás de él.

—¿Te rechazó?

—Sí.

—¿Y ahora?

Una sonrisa apareció lentamente en el rostro de Aidan.

Una sonrisa peligrosa.

—Ahora me divierto.

En otro extremo del salón.

Valerie observó cómo el multimillonario seguía mirándola.

Y sonrió.

Porque ella también acababa de encontrar algo interesante.

Un hombre acostumbrado a ganar.

Y Valerie Belmont adoraba los desafíos.




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