El Arte De La Seduccion

Un Enemigo Interesante

Capítulo 5

Una semana.

Había pasado exactamente una semana desde que comenzó la apuesta.

Siete días.

Y para sorpresa de ambos…

Ninguno había dado señales de rendirse.

Aidan Harrison estaba sentado en la sala de juntas de Harrison Corporation.

Decenas de ejecutivos presentaban informes importantes.

Millones de dólares estaban en juego.

Sin embargo…

—Señor Harrison.

—¿Hm?

—¿Está escuchando?

Aidan parpadeó.

—Sí.

—Entonces, ¿qué opina de la propuesta?

—Repítala.

El director financiero suspiró.

Era la tercera vez aquella mañana.

Marcus, sentado al otro lado de la mesa, sonrió.

—¿Problemas para concentrarte?

—No.

—Claro.

—Estoy perfectamente.

—Entonces deja de mirar el teléfono cada treinta segundos.

Aidan ignoró el comentario.

Pero la realidad era otra.

Valerie no le había enviado ni un solo mensaje en dos días.

Y aquello era irritante.

Mucho más de lo que estaba dispuesto a admitir.

Mientras tanto.

Valerie se encontraba en París realizando una campaña publicitaria.

La sesión fotográfica avanzaba perfectamente.

Pero algo también la estaba distrayendo.

—Valerie.

—¿Sí?

—Esa es la cuarta vez que revisas tu teléfono.

—No es cierto.

—Sí lo es.

—Solo estoy esperando un correo.

—¿De Harrison?

Valerie casi deja caer el teléfono.

—¿Qué?

—Lo sabía.

—No estaba pensando en él.

—Claro.

—Ni siquiera un poco.

—Por supuesto.

Su representante comenzó a reír.

Valerie le lanzó una mirada asesina.

—No me gusta.

—¿Qué cosa?

—Que sea interesante.

—Eso sonó peligroso.

—Porque lo es.

Valerie volvió a guardar el teléfono.

Aquello era exactamente el problema.

Aidan Harrison debía ser un hombre aburrido.

Predecible.

Fácil de ignorar.

Pero no lo era.

Tres días después.

Nueva York.

Valerie regresó de París.

Y esa misma noche recibió una invitación.

“Mañana. Central Park. 10:00 a.m.”

— Aidan

Valerie sonrió.

”¿Es una cita?”

La respuesta llegó de inmediato.

“No.”

Ella escribió:

“Qué decepción.”

Pasaron diez segundos.

Veinte.

Treinta.

Finalmente llegó otro mensaje.

”¿Vendrás?”

Valerie sonrió aún más.

“Tal vez.”

A la mañana siguiente.

10:00 en punto.

Central Park.

Valerie apareció usando gafas oscuras y ropa sencilla.

Algo poco habitual para una supermodelo.

Y encontró a Aidan esperándola.

—Llegaste.

—Te sorprende demasiado.

—Un poco.

—No te acostumbres.

—Intentaré sobrevivir.

Comenzaron a caminar por el parque.

Sin guardaespaldas.

Sin asistentes.

Sin periodistas.

Solo ellos.

Por primera vez ninguno intentaba impresionar al otro.

Hablaron de viajes.

De música.

De sueños.

De cosas absurdas.

Y cuanto más hablaban…

Más descubrían algo incómodo.

Se entendían demasiado bien.

—Odio a las personas falsas —dijo Valerie.

—Yo también.

—Odio que intenten impresionarme.

—Yo también.

—Odio perder el tiempo.

—Definitivamente yo también.

Valerie lo señaló.

—Eso es sospechoso.

—¿Qué cosa?

—Coincidir conmigo tantas veces.

—Quizá simplemente tengo buen gusto.

—O quizá me estás copiando.

—Imposible.

Los dos comenzaron a reír.

Y durante unos segundos olvidaron que aquello era una competencia.

Hasta que Valerie recordó algo.

La apuesta.

Inmediatamente recuperó la compostura.

—No te emociones.

—¿Perdón?

—No vas ganando.

Aidan soltó una carcajada.

—Yo iba a decir exactamente lo mismo.

—Mentiroso.

—Orgullosa.

—Arrogante.

—Hermosa.

El silencio cayó entre ambos.

Valerie parpadeó.

—¿Qué dijiste?

Aidan sonrió.

—Nada.

—Lo dijiste.

—Tal vez.

—Eso no cuenta.

—Nunca dije que contara.

Por primera vez en mucho tiempo…

Valerie sintió que el corazón le latía un poco más rápido.

Y aquello no le gustó.

Para nada.

Porque empezaba a sospechar algo.

Aidan Harrison no era solo un rival.

No era solo un desafío.

No era solo un enemigo.

Era un enemigo peligrosamente interesante.




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