El Arte De La Seduccion

La Noche de Manhattan

Capítulo 9

El mensaje seguía abierto en el teléfono de Aidan.

Y por primera vez en toda la apuesta…

No era un juego.

Valerie se acercó lentamente.

—¿Quién está investigando?

Aidan no respondió de inmediato.

Sus ojos seguían fijos en la pantalla.

—No lo sé todavía.

—Eso no es una respuesta.

—Es la única que tengo.

Silencio.

La brisa de la azotea ya no se sentía ligera.

Valerie cruzó los brazos.

—Esto no es normal.

—Nunca lo fue.

—No, Aidan… esto es peligroso.

Por primera vez, él no sonrió.

—Lo sé.

Esa simple respuesta cambió el ambiente.

Porque Aidan Harrison nunca decía “lo sé” con ese tono.

Valerie dio un paso atrás.

—Tenemos que parar esto.

Aidan la miró de inmediato.

—No.

Rápido.

Seco.

Definitivo.

Valerie frunció el ceño.

—¿Qué?

—No vamos a parar.

—¿Estás loco? Nos están investigando.

—Justamente por eso no vamos a parar.

Aidan guardó el teléfono.

—Si alguien está mirando… significa que esto importa.

—¿Importa para quién?

—Para ellos.

—Eso no tiene sentido.

—Sí lo tiene.

Valerie lo observó en silencio.

Había algo diferente en él ahora.

No arrogancia.

No juego.

Cálculo.

—Entonces dime qué hacemos —dijo ella.

Aidan dio un paso hacia adelante.

—Seguimos como si no pasara nada.

—Eso es una locura.

—Es estrategia.

Valerie lo estudió.

Y odió que tuviera razón.

Al día siguiente.

Manhattan amaneció con caos disfrazado de normalidad.

Pero para Aidan y Valerie…

Nada era normal.

Aidan asistió a una reunión de alto nivel en su corporación.

Mientras hablaba de inversiones, fusiones y expansión internacional…

Su mente no estaba ahí.

Estaba en la azotea.

En el paso que Valerie dio hacia él.

En lo que casi ocurre.

—Señor Harrison —dijo un ejecutivo— necesitamos su aprobación.

—Aprobado.

—Ni siquiera lo hemos explicado.

—Sigan.

Marcus lo observaba desde el otro lado de la mesa.

Y ya no estaba sonriendo.

En otro punto de la ciudad.

Valerie estaba en una sesión de entrevistas.

Flash.

Flash.

Flash.

—Valerie, ¿qué opinas de Aidan Harrison?

Ella sonrió automáticamente.

—Es… interesante.

La respuesta hizo ruido inmediato.

—¿Están juntos?

—No.

—¿Son amigos?

—No exactamente.

—Entonces qué son.

Valerie dudó una fracción de segundo.

—Competencia.

Pero incluso mientras lo decía…

No sonaba del todo cierto.

Esa noche.

Restaurante privado en Upper East Side.

Aidan había enviado un mensaje.

“Tenemos que hablar.”

Valerie llegó sin demora.

Lo encontró sentado solo.

—Otra vez tú —dijo ella.

—Otra vez yo.

—¿Problema nuevo?

—El mismo.

Aidan le mostró una carpeta.

Valerie la abrió.

Y su expresión cambió.

—Esto es… información filtrada.

—Sí.

—Sobre nosotros.

—Sí.

Silencio.

Fotos.

Mensajes.

Registros.

Todo sobre la apuesta.

Valerie levantó la mirada lentamente.

—Esto no es solo curiosidad.

Aidan asintió.

—Es alguien que sabe lo que está pasando.

Valerie cerró la carpeta.

—¿Quién?

—No lo sé.

—¿Y qué quieren?

Aidan la miró directamente.

—Ver cómo termina.

El aire se volvió más pesado.

Valerie sintió algo extraño en el pecho.

No miedo.

No del todo.

Era presión.

Como si alguien los estuviera observando desde demasiado cerca.

—Entonces ya no es solo una apuesta —dijo ella.

—Nunca lo fue —respondió Aidan.

Silencio otra vez.

Pero esta vez no era incómodo.

Era serio.

Valerie respiró hondo.

—¿Seguimos?

Aidan la miró.

Y sonrió apenas.

—Más que nunca.

Esa misma noche.

Desde un edificio frente al restaurante.

Una figura observaba.

Sin moverse.

Sin hablar.

Solo mirando.

Y en sus manos…

Una foto de Aidan y Valerie juntos.

—Interesante… —murmuró la voz.

La apuesta ya no era privada.

Ya no era un juego entre dos personas orgullosas.

Ahora alguien más había entrado en la partida.

Y cuando un tercero entra en un juego de seducción…

Siempre cambia las reglas.




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