El Arte De La Seduccion

Sonrisas Peligrosas

Capítulo 10

La ciudad seguía igual.

Nueva York no cambiaba por nadie.

Pero Aidan Harrison sí.

Y eso era lo que más le molestaba.

Desde la reunión del restaurante, había algo que no encajaba.

No era la apuesta.

No era Valerie.

Era la sensación de estar siendo observado sin ver a quién.

Aidan cerró su laptop en su oficina.

—Otra vez distraído —murmuró Marcus.

—No lo estoy.

—Estás mirando el vacío como si te debiera dinero.

Aidan no respondió.

Porque no tenía una explicación lógica.

Y eso era lo que más odiaba.

En otro lugar de la ciudad…

Valerie estaba en un set de grabación.

Luces.

Cámaras.

Perfecto control.

Pero su mente no estaba allí.

—Corte —dijo el director.

—Valerie, no estás conectando hoy.

Ella suspiró.

—Estoy bien.

Mentira.

Su teléfono vibró.

Un mensaje desconocido.

Solo una frase:

“El juego ya no es solo entre dos.”

Valerie se quedó inmóvil.

Miró la pantalla.

Borró el mensaje.

Lo volvió a leer.

Nada más.

Sin número.

Sin nombre.

Por primera vez…

Sintió algo extraño.

No miedo.

No exactamente.

Sino atención forzada.

Como si alguien hubiera tocado una parte de su vida que no debía tocar.

Esa noche.

Central Park.

Aidan la citó sin decir mucho.

Ella llegó antes de tiempo.

Él ya estaba allí.

—No me gustan los mensajes anónimos —dijo ella sin saludar.

Aidan la miró.

—¿Qué mensajes?

Valerie lo observó.

—No fuiste tú.

—No.

Silencio.

Eso fue suficiente para cambiar el ambiente.

—Entonces alguien sabe —dijo ella.

—Sí.

Aidan caminó unos pasos.

—Y está jugando con nosotros.

Valerie cruzó los brazos.

—Esto ya no es divertido.

Aidan la miró de lado.

—Nunca lo fue.

Silencio largo.

El viento movía ligeramente el cabello de Valerie.

—¿Te preocupa? —preguntó ella.

Aidan tardó un segundo.

—Me molesta no saber quién es.

—Eso es diferente.

—No mucho.

Valerie lo estudió.

Había algo en él que no había visto antes.

No arrogancia.

No control.

Sino… concentración emocional.

—¿Confías en mí? —preguntó ella de repente.

Aidan la miró.

—No.

Valerie sonrió.

—Bien.

—¿Por qué es “bien”?

—Porque yo tampoco confío en ti.

Pero ninguno apartó la mirada.

Porque ambos sabían que estaban mintiendo.

Un poco.

Solo lo suficiente.

De pronto, un hombre pasó caminando cerca de ellos.

Traje oscuro.

Paso tranquilo.

Mirada breve hacia ambos.

Y siguió su camino.

Nada más.

Pero Aidan lo siguió con la vista un segundo de más.

—¿Lo viste? —preguntó Valerie.

—Sí.

—¿Quién es?

—No lo sé.

Y esa fue la primera vez que el “tercero” estuvo realmente cerca.

Sin decir nada.

Sin hacer nada.

Solo existiendo en el momento exacto.

Valerie respiró hondo.

—Esto se está volviendo incómodo.

Aidan la miró.

—No.

—¿No qué?

—Se está volviendo interesante.

Valerie lo observó.

—Esa es tu forma de decir que te gusta el caos.

—No.

Pausa.

—Es mi forma de decir que esto ya no se puede detener.

Silencio.

Demasiado largo.

Demasiado cargado.

Valerie dio un paso más cerca.

—¿Y qué hacemos entonces?

Aidan no se movió.

—Seguimos jugando.

—Incluso si alguien más está mirando.

—Especialmente si alguien más está mirando.

Sus ojos se encontraron.

Y por primera vez desde que comenzó la apuesta…

No parecía un juego.

Parecía una advertencia.

En algún lugar de la ciudad…

La misma figura observaba desde lejos.

Sin prisa.

Sin emoción visible.

Solo una frase casi susurrada:

—Perfecto… ya están reaccionando.

Y sonrió apenas.




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