Alanah
Salgo de mi habitación luego de pasar horas editando las pocas fotos que he fotografiado.
No sé qué hora es. Supongo que todavía es temprano. Veo la hora en mi celular y marca las doce y media de la noche.
Súper temprano, claro.
Mañana no tengo clases y creo que será bueno para seguir con mi proyecto. Me doy una ducha lenta y bajo para comer cualquier cosa de la nevera.
Mamá me dejó lasaña. Solo tengo que calentarla y listo. Termino de cenar y decido acostarme a dormir. Estoy agotada.
A la mañana siguiente me dedico a hacer lo mismo. Editar y demás. Aunque me falta más contenido fotográfico, espero hoy terminarlo. Me gusta acabar mis proyectos rápido para no estresarme más.
—Oye... —entra mi hermano a mi habitación sin tocar antes, como siempre-. Abajo está la rubia Buffett... dice que te espera.
¿Espera qué?.. ¿Lía?
—¿Lía?.. —pregunto, levantándome de mi cama de un tirón.
—Sí, esa. ¿Tienes su número?.. Lo quiero, está buena.
—Consíguelo tú, idiota.
Me mira mal y sale de mi habitación.
¿Por qué estaría Lía en mi casa?.. Seguramente para nada bueno.
Me coloco los zapatos y bajo. Inmediatamente me avergüenza andar vestida normal cuando ella parece que va a un carnaval de fin de año. Su expresión cambia cuando me ve. Felicidad absoluta.
—¡Alanah!.. Qué alegría verte. —Me sonríe y me saluda con un beso en la mejilla cordialmente.
—Igualmente. —Le devuelvo la sonrisa sin parecer tonta.
—Tengo algo genial que contarte... te va a encantar. Es que es algo tan genial que ni yo misma me lo creo, porque es algo súper genial y...
—Vale... ¿qué es? —interrumpo descaradamente. Creo que, si no la detenía, iba a continuar.
—Vale... Todos los años mi hermano y yo hacemos una fiesta. Bueno, es más una velada. Irán personas muy importantes y no solo eso, también hacemos dinámicas divertidas, todo relacionado con el arte. Hay varios lienzos vacíos y los artistas empiezan a crear obras impresionantes. Luego esas mismas obras son vendidas en la galería privada de mi hermano...
Creo que ya sé por dónde va la cosa...
—Y yo te invito. Ten... la tarjeta de invitación.
Me quedo desconcertada mirando la tarjeta en mi mano. Es cuadrada, con bordes dorados. En el centro dice mi nombre, la hora y la dirección.
¿Una fiesta? Llena de millonarios engreídos y arrogantes. Sí, claro.
—A ver, Lía, no es mi ambiente. Te lo agradezco, pero no.
—No, no. No acepto un no. Además, míralo por el lado positivo. Conoces gente y...
—Estoy muy ocupada con mi proyecto. Aún no lo he terminado y es para la semana que viene. —Trato de sonar amable.
—¡Fantástico!.. Lleva tu cámara y captura momentos únicos de las obras y demás. Anda, por favor... ¡será divertido!
La idea me llama la atención. No demasiado, pero sí.
Después de un minuto analizando la propuesta, acepto. El grito de Lía casi me aturde. Me sonríe y se marcha luego de decirme que me espera a las nueve.
¿Dónde me he metido?.. Padre santo.
Son las cinco de la tarde. Me da tiempo de arreglarme.
☆
Son las nueve en punto y me encuentro justo en la dirección que dice la tarjeta de invitación. Parqueo mi auto y me bajo. Decidí ponerme un vestido verde elegante. Combina con mis ojos. Tiene escote y la espalda descubierta. Me llega hasta la rodilla y se ajusta a mi cuerpo como una segunda piel. Mi pelo lo dejé suelto y llevo poco maquillaje, algo más natural.
Tengo en la mano el estuche con mi cámara. A ver qué puedo capturar.
No creo que mucho.
La mansión es gigantesca, completamente de madera. Tiene un portón blanco que se abre apenas me posiciono enfrente. El jardín es una locura absoluta. Césped recién cortado, una fuente súper elegante a mi izquierda de la que brota agua de manera relajante, una piscina no tan gigantesca y tumbonas alrededor. En fin, una locura.
Esta gente ya no sabe en qué gastar el dinero.
A simple vista, desde afuera, se ve acogedora. No sé por dentro.
En la entrada de la casa hay dos hombres bien vestidos, con trajes. Parecen sacados de una película de espías.
Les enseño la tarjeta luego de saludar y me abren la puerta instantáneamente. Si lo de antes me parecía maravilloso, esto es más que eso.
El piso completo es de mármol pulido. Lo primero que veo es una sala de estar con algunas personas que ni se fijan en mí. Cada cual tiene una copa de cristal en la mano con lo que supongo que es champán. El techo es alto y una lámpara de cristal cuelga perfectamente, añadiendo luz al lugar de forma elegante. Es bastante espacioso. Las paredes están pintadas de blanco y hay algún que otro cuadro colgando sobre ellas. Los asientos se ven relajantes. Algunos tienen forma de L y otros son normales. La música es clásica y no está demasiado alta.
Mi vista se fija en Lía, quien me ve y se acerca a mí corriendo.
—¡Sí viniste!.. —Me saluda y sonríe.
—Sí... —Sonrío de vuelta.
Tiene el pelo rubio recogido en una coleta y lleva un vestido dorado de brillos que le cubre hasta los talones. Su maquillaje es un poco exagerado.
—Estás preciosa, Alanah...
—Muchas gracias... tú también...
Y sí, no me gusta del todo su manera de vestir o maquillarse, pero es hermosa. Eso es indiscutible.
—Ven, que te presento a unos amigos...
Aquí vamos.
Me toma de la muñeca y me lleva entre la multitud. Pasamos una puerta y aquí el ambiente cambia. Es parecido a la sala de estar, solo que más espacioso. La luz es tenue, la música no es del todo clásica, hay una barra donde algunas personas no toman solamente champán y, al fondo, unos diez lienzos en blanco que estoy segura usarán más tarde.
Un grupo de personas está sentado en un sofá en forma de L. Lía me lleva hasta allí.
—Hola, chicos... ¡ella es Alanah!.. Una nueva amiga...
Sonrío tensa y todos, absolutamente todos, se giran a verme. Me observan de arriba abajo.