Alanah
La noche avanza y yo solo quiero irme a mi casa. Cada vez me doy más cuenta que no nací para ésto. Los amigos de Lía no paran de mirarme lujuriosamente como si fuera el último pedazo de carne de la tierra, y eso incómodo, y molesta estar toda la noche evitandolos.
Me he tomado solamente una copa de champán, no soy de tomar mucho. Aveces sí, cuando lo necesito, no es el caso, necesito estar lo mas sobria posible para capturar algo que llame mi atención, pero aún no han empezado las dinámicas, y ya estoy empezando a aburrirme.
Y no paro de preguntarme ¿en donde estará Roshan?. Esta casa se supone que es de el y también la velada, entonces ¿donde está?.
Y como si lo hubiera invocado de alguna manera aparece, esta caminando hacia nosotros, y madre de el amor hermoso.
Esta completo vestido de traje negro, una camisa de mangas largas que tiene recogido hasta los codos, dejándome observar sus tatuajes. Un reloj de plata en su mano derecha y dos anillo, uno en el pulgar y dedo índice, de color plata también, esta peinado elegantemente hacia atrás, dejando escapar dos flequillos que reposan en su frente descuidadamente. Su perfume me llega hasta aquí y es un aroma delicioso mezclado con menta.
Su mirada cae en absolutamente todos que estamos sentados, y me mira por una fracción de un segundo
— ¿Por que no ha empezado las actividades Lía?— Le reprende a su hermana, y por dios la voz que tiene. Es gruesa, profunda, varonil, mentiria si dijera que no.
—Estabamos esperando por tí, hermanito. — Responde Lía y la expresión de seriedad de el hermano no cambia en nada.
—Hey Roshi ¿vas a pintar tu también?— Trato de aguentar la risa cuando Robin lo llama así, suena raro, le quita toda personalidad.
Roshan lo fulmina con la mirada y después me mira a mí. Más de un segundo esta vez, frunciendo el ceño.
— ¿Y tu eres?—Me pregunta. ¿Espera que?.. ¿me pregunto quien era?.. menudo hijo de..
—Roshan es Alanah, la hija de los Hoppers, fuimos a su casa a cenar, ¿no recuerdas?— Responde la hermana explicandole quien soy, como si yo no supiera perfectamente que el sabe quien soy yo. Solo se hace el intersante.
— Oh, ya recuerdo, no se me hacia reconocida tu cara.
— Que eres, ¿olvidadizo, o tienes memoria a corto plazo?— Me atrevo a preguntarle sin ningún tipo de escrúpulos mirandolo a el rostro.
Todos se quedan callados y se que me estan observando. Los ojos de Roshan no me dicen nada, ni su rostro, solo se contrae.
—Ninguna de las dos, simplemente no eres un rostro que deba de recordar..— Responde y tengo que contar hasta mil para no levantarme y golpearle.
— ¿Que te hace pensar que el tuyo sí?.
Sonríe de lado arrogante sin quitarme la vista.
—Bueno bueno, despejemos estas malas vibras y vamos a empezar con los juegos, ¿que te parece Lía?— Propone Jackson llamando mi atención.
Pensé que Roshan era diferente, ¿por que lo pense?.. ni idea.. todos son iguales de idiotas y arrogantes. ¿Como se atreve a decirme lo que me dijo?.. ni que su rostro fuera tan perfecto, puede que sí, ¡pero no el único!.
Le doy un zorbo a mi copa, tratando de calmarme. Lía se dirige a un pequeño altar con micrófono para anunciar algo, supongo sean los juegos.
—¡Buenas noches señoras y señores!.. ha llegado el momento que estábamos esperando— Anuncia con un entusiasmo como si fuera a sortear lo más grande de el mundo. —Empezaremos con los juegos, es muy sencillo, cinco primeras personas empezaran a pintar lo que se les ocurra en los lienzos y cada tres minutos ¡cambiaran, para cinco personas más que lo continuarán o simplemente hagan otra cosa diferente!, y así sucesivamente. Los cinco primeros son, Jackson Williams, Fernand Gillette, Rowan Jacque, Robin Fart y Roshan Buffett. ¡Empezamos!.
De repente muchas personas empiezan a llegar y a formar un círculo al rededor de los lienzos. Los cinco primeros se quitan las camisas y quedan con el torso al descubierto.
Uno de ellos es Roshan Buffett, quien se lo quita sin ningún problema y mas de una chica se babea, incluyendo a Antonella y demás. Aunque es un pesado arrogante tiene para presumir. Tiene los abdominales más que definidos, sus brazos también, tiene buenos hombros, y buenos pectorales. Sin mencionar los tatuajes que tiene en el torso, no alcanzo a definir bien que son, pero al perecer son recién echos.
Los demás no se quedan atrás, también estan muy bien formados. Saco mi cámara de la funda y la preparo. Los lienzos estan situados unos al lado de otros y tienen un pequeño estante con brochas de todo tipo y también pintura.
La música baja un poco de volumen. El círculo de gente se cierra más alrededor de los lienzos, como si estuviéramos en una especie de ritual moderno.
Las luces se atenúan ligeramente, dejando solo focos cálidos.
Roshan se coloca frente al lienzo del centro. Su espalda ancha queda frente a mí, los músculos moviéndose con naturalidad mientras estira los brazos y elige un pincel grueso. Los tatuajes que le cubren los omóplatos y bajan por los costados son oscuros, líneas precisas y sombreadas. Uno de ellos, justo debajo de las costillas, aún tiene ese brillo rojizo de reciente.
Me obligo a levantar la cámara. No quiero que piense que lo estoy mirando a él específicamente. Enfoco primero a Jackson, que ya está trazando algo abstracto con pintura negra, luego a Fernand, que parece más interesado en hacer líneas finas y elegantes. Robin está intentando dibujar lo que parece un gato muy mal hecho y se ríe solo.
Pero mi lente, traicionero, vuelve una y otra vez a Roshan.
Él no pinta como los demás. No hace garabatos ni figuras bonitas. Con movimientos seguros y casi agresivos, empieza a cubrir el lienzo de negro profundo, dejando solo algunos espacios en blanco. Luego, con rojo oscuro, traza algo que parece una figura humana rota, fragmentada. No es bonito. Es crudo.
Cada tres minutos suena una campana suave y los pinceles cambian de manos. Ahora le toca a un grupo nuevo, pero Roshan no se mueve de inmediato. Se queda mirando su obra un segundo más, como si estuviera decidiendo si vale la pena continuarla o destruirla.