Alanah
Ayer llegué a casa después de algunas horas, no muy tarde. Logré capturar más fotos llamativas. No muchas, pero sí las necesarias. Aún no he borrado la foto de Roshan. Ni sé por qué. La tengo ahí, sin más.
Me fui rápido de la fiesta en cuanto obtuve lo que quería, las fotos. No sé si habrán hecho más dinámicas o si simplemente todo se acabó en cuanto me fui. No es algo que me preocupe, sinceramente.
Hoy me he pasado el día editando las fotos y demás. Son bastante decentes. Algunas son de personas riendo, otras del ambiente o de los lienzos, algunos hechos un desastre y otros interesantes. En fin, bastante bonitas.
Son las tres de la tarde y no hago nada más que comer galletas y mirar mis fotos una y otra vez. Quiero que queden perfectas.
—Hey... ¡necesito algo de ti... súper inmediato! —Mi hermano entra en mi habitación como un completo desquiciado, el pelo alborotado a más no poder y simplemente con unos vaqueros puestos.
—¿Qué haces?.. Sal de mi habitación. —Le digo sin ningún tipo de interés en ayudar en lo que sea que esté metido.
—Verás, ayer salí con Jonas y Javid —menciona a sus amigos- a un bar que, por cierto, es muy bueno... ¡pero el punto es!.. que terminé acostándome con una rubia y... ahora quiere algo serio, pero yo estoy con Jessica y si ella se entera, pues me corta... eso. —Señala su miembro viril con la cabeza totalmente serio.
—Ajá. Ahora dime, ¿qué parte de toda la historia me importa? —Levanto una ceja y él, de momento, se arrodilla frente a mí uniendo sus dos manos al pecho.
—Necesito, por favor, que le digas a esa chica que me fui... ¡muy lejos!.. ¡Japón!..
Me descoloca completamente. Yo sabía que él no estaba bien de la cabeza, pero ya esto me supera.
—No me metas en tus cosas, Bryan. Levántate. Estoy muy ocupada...
—Por favor... te lo suplico. ¡Por favor! —utiliza su vocecita insoportablemente aguda solo para desesperarme.
—¡Vale, cállate ya, joder! —Se levanta rápidamente del piso sonriendo-. ¿Qué se supone que quieres que haga?..
—Simple. Hoy viene a las seis, así que le dices que me fui o me mataron, lo que quieras. —Se encoge de hombros y se mira en el espejo acomodando su cabello.
Me lanza una última sonrisa y sale de mi habitación.
Maldito psicópata.
Termino de editar todo y me decido por organizar mi habitación. Una vez que terminé, bajo a la cocina a por algo de comer.
Mamá está preparando galletas. Tiene su delantal de flores rojas puesto, el pelo recogido en una coleta y ropa cómoda.
—Hola, mamá. —La saludo con un beso en la mejilla y ella sonríe.
—¿Terminaste tu proyecto? —pregunta metiendo las galletas al horno.
Yo asiento con la cabeza.
Mi hermano aparece de la nada muy bien vestido. Vaqueros nuevos, zapatos Converse, una camisa de mangas cortas y un olor a perfume que repugna.
Mamá y yo compartimos miradas incrédulas aguantando la sonrisa. Mi hermano vestido así solo significaba una cosa. Tiene una cita con Jessica, pero ellos, según él, no están bien en este momento.
—¿A dónde vas? —pregunta mamá levantando una ceja y él sonríe orgulloso.
—A ninguna parte, madre.—Se encoge de hombros.
—¿Y por qué parece que te bañaste en perfume? —cuestiono y me observa totalmente ofendido.
—Alanah, es la dosis que me echo siempre.
—Sí, claro.
Volteo los ojos y, en un momento que nunca esperé, toma un puñado de harina y me lo lanza al rostro. Casi me ahogo cuando respiré por la nariz.
No me lo esperaba para nada y mamá solo se reía sin más. Me limpié los ojos y pude ver cómo sonreía el muy idiota.
Sin pensarlo, agarro un puñado y se lo arrojo a él también.
De un momento a otro parecíamos dos niños pequeños arrojándonos harina. Las risas de todos estaban mezcladas en el aire. Al final mamá también se unió a nuestra tonta guerra.
Terminamos absolutamente llenos de harina. Me dolía la panza de tanto reírme. Hacía rato no la pasaba tan bien.
En ese momento el timbre de la casa sonó y yo decido abrir. Estoy segura de que es papá.
Abro la puerta aún sonriendo y la sonrisa se me esfuma de un momento a otro.
Eran los Buffett.
Sus caras al verme hecha un desastre eran un poema. La vergüenza que sentía era demasiada, y más al ver lo bien vestidos que estaban. Papá andaba con ellos y recién entonces lo veo. Su expresión es de querer que la tierra se lo trague.
Roshan tiene una ceja levantada y los labios mordidos para reprimir una sonrisa.
—He... hola. Yo... bienvenidos, pasen. —Tartamudeo y solo me veo más estúpida.
Le hago una seña a mamá con la mirada para que entre a la cocina, pero no me entiende.
Cuando entran a la casa el panorama es el siguiente:
Mamá con el pelo hecho un desastre, llena de harina hasta los ojos. Bryan sin camisa, harina por todas partes y algún que otro huevo que decidí estrellar en su rostro y torso. Los pedazos de cáscara aún seguían ahí.
—¡Hola!.. Cómo... ¿cómo están?.. Nos tomaron de sorpresa. Nosotros estábamos... estábamos...
—Amor, detente. No importa. —Papá trata de calmar la situación vergonzosa— Esto no es frecuente. —Les dice a los Buffett.
—No pasa nada. Tampoco se esperaban visita y lo sentimos por llegar así. —Se disculpa el mayor de los Buffett.
Yo subo rápidamente a mi habitación y cierro la puerta con más fuerza de la necesaria. Espero que no lo hayan notado.
Me dirijo al baño y mi rostro ya no es blanco por la harina. Ahora es rojo por la vergüenza.
¡Pero la culpa es de ellos por venir sin avisar!
Me doy una ducha un poco lenta y me visto normal. Vaqueros, top corto blanco, mis zapatos de siempre y recogí mi pelo en un moño.
Luego de pensármelo dos mil veces, volví a bajar. Pero ya no estaban.
Mamá y papá se estaban riendo en la cocina por lo sucedido antes.
—¿Ya se marcharon?—pregunté y papá asintió.
—Solo venían a invitarnos mañana a la exposición que va a hacer Roshan Buffett.