Alanah
Gracias a Dios, ya entregué mi proyecto hoy. Aún no me han dado la nota, pero estoy más que segura de que va a ser buena. Me siento aliviada, como si me hubieran quitado un peso enorme de encima.
Estoy en la cafetería de la universidad con Chelsea, que de verdad es lo mejor. Tienen de todo, desde sándwiches raros hasta postres que se ven demasiado buenos, y hasta una pista de baile chiquita en una esquina.
Todo está decorado con temática de otoño. Hojas naranjas y rojas por todos lados, luces suaves...
Me pedí un café latte bien cremoso y, mientras me lo tomaba, le contaba a mi mejor amiga los planes que tengo para hoy. En realidad solo tengo uno.
A las ocho vamos mi familia y yo a la galería de Roshan. Nunca he ido, pero me imagino que debe ser todavía más prestigiosa que la de su familia.
Ni siquiera sé exactamente dónde queda, solo que está bien lejos.
La verdad es que no tengo muchas ganas de ir, pero me da mucha curiosidad. Demasiada. No voy a mentir.
Chelsea me empezó a contar que está conociendo a un chico. Lo conoció en un bar el fin de semana pasado y dice que es súper interesante, que hablaron de todo. Me enseñó una foto en su teléfono y, aunque no es mi tipo exactamente, tengo que admitir que es bastante atractivo.
Se llama Camilo y jamás lo había visto por la universidad ni por ningún lado.
Después de terminar el café salimos de la cafetería y de la universidad. Ya se habían acabado las clases del día, así que el campus estaba empezando a quedarse vacío.
El viaje a mi casa fue largo después de dejar a mi mejor amiga en la suya. Me repitió como cinco veces que la pasara bien y que le contara absolutamente todo después.
Ella ha sido mi mejor amiga desde la secundaria y, la verdad, no podría pedir una mejor que ella.
☆
No sé sinceramente qué ponerme. Siento que nada me queda bien, que todo me queda extraño.
Después de una hora parada justo enfrente de mi vestidor, me decido por un vestido rojo con abertura en el muslo. El vestido me llega hasta los talones, tiene escote en V y la espalda descubierta. Siempre me ha gustado vestir de rojo, combina con mi cabello y mis ojos grises. Me dejo el cabello suelto y lo peino más de lo normal.
Me considero una persona atractiva, aunque no he tenido muchas parejas. He de aclarar que es porque no he querido. Solo he tenido dos parejas en mi vida y el último me dejó en depresión. Estábamos juntos desde el último año de secundaria y, antes de empezar la universidad, me enteré de que tenía otra novia. Lejos de aquí, pero sí. Él solía ir a visitar a su abuela, que vivía lejos. Luego me di cuenta de que no era su abuela, era la otra.
¿O quizás era yo la otra?
No sé, ya me da igual, pero me enamoré demasiado de él. Actualmente vive cerca de mi casa y me lo he encontrado alguna que otra vez, pero lo ignoro por completo. No sé si sigue con esa chica o no. No me interesa en lo absoluto.
Bajo de mi habitación luego de ponerme mis tacones rojos también y maquillarme.
Papá no se cansa de decirme que estoy hermosa, al igual que mamá. Mi hermano está igual de arrogante que siempre, oliendo a su estúpido perfume que en algún momento tiraré por el váter.
Nos subimos al coche y empezamos a andar.
No sé cuánto tiempo pasa, pero sé que es bastante. El camino se volvió más oscuro y silencioso a medida que nos alejábamos de la ciudad. Las luces de los edificios quedaron atrás y solo quedaban árboles altos a los lados de la carretera, iluminados de vez en cuando por los faros del coche.
Papá iba concentrado en el volante, mamá revisaba su teléfono y mi hermano jugaba con el suyo, ignorándonos como siempre.
Cuando por fin papá detuvo el auto y dijo "Hemos llegado", me asomé por la ventana y sentí que el estómago me daba un pequeño vuelco.
Estábamos frente a unos enormes portones blancos, altos y elegantes, que no dejaban ver absolutamente nada de lo que había detrás. Parecía más una entrada a una mansión privada que a una galería de arte. Dos hombres robustos, vestidos con traje negro impecable, se acercaron al coche. Uno de ellos sonrió de forma profesional y nos dio la bienvenida con un gesto educado de la cabeza.
—Buenas noches. ¿Invitación? —preguntó con voz calmada.
Papá asintió y les mostró la invitación que Roshan le había enviado por correo. Los portones se abrieron lentamente con un sonido suave y mecánico.
Y entonces lo vi.
El lugar era... impresionante de una manera tranquila. No era ruidoso ni exagerado, pero se sentía grande. Muy grande. Un camino de grava clara serpenteaba entre jardines perfectamente cuidados, con luces suaves escondidas entre los árboles y arbustos que iluminaban todo con un tono cálido y dorado. Al fondo se veía el edificio principal, una construcción moderna pero con toques clásicos, todo en blanco y cristal, con grandes ventanales que dejaban ver luces suaves adentro.
Esta gente en serio tiene dinero.
Había varias esculturas modernas repartidas por el jardín, iluminadas con cuidado para que no deslumbraran. Algunas parecían abstractas, otras tenían formas más orgánicas. El aire olía a hierba fresca y a algo floral que no supe identificar. Se escuchaba una música instrumental muy baja, casi como un susurro, que venía desde el interior.
Bajamos del coche y uno de los hombres nos indicó con la mano el camino hacia la entrada principal.
—Bienvenidos a la galería "Sueños Rotos". Que disfruten la noche.
Fruncí el ceño confundida al escuchar el nombre que Roshan le puso a la galería.
¿Sueños rotos?.. ¿Por qué?.. Él y todo su alrededor tienen pinta de haber cumplido todos y cada uno de sus sueños.
Tiene cara de que cuando era niño quería un perro y le daban un pony y tres perros guardianes.
Caminamos por el sendero de grava. Mis tacones rojos hacían un sonido suave contra las piedrecitas. Mi vestido se movía con la brisa ligera de la noche y, por primera vez en todo el día, sentí un poco de nervios mezclados con esa curiosidad que no me había abandonado.