Alanah
He perdido a Bryan y a Lía. Mis padres no sé en dónde están exactamente. Y Roshan hace media hora se fue de su propio evento en su coche.
He caminado toda la galería y cada vez me daba más escalofríos ver sus obras. Me daba la impresión de que estaba atrapado en una especie de burbuja oscura.
Hace rato quise irme a casa, pero no lo hice. Quizás es porque en casa me aburriría más.
—¡Alanah! — Siento que me llaman y volteo a ver. Son Bryan y Lía, que se dirigen a mí con una calma casi tortuosa.
—Nos vamos — habla Lía y frunzo el ceño sin entender.
—Cerca de aquí hay un pequeño bar VIP que mi hermano y sus amigos suelen frecuentar. Deberíamos pasarnos por allí. ¿No creen?
Sigo confundida.
—¿Por qué sería buena idea? —pregunto levantando una ceja.
—Oh vamos hermanita, no seas aburrida —Bryan sonríe.
—¡Sí, vamos! —Lía me agarra del brazo y nos movemos hacia afuera.
Cuando menos me doy cuenta ya estoy dentro del coche de Lía. No sé en qué momento llegaron sus amigos. Están Jackson, Robin y Antonella justo al lado mío en la parte trasera del auto. Lía y Bryan van adelante, ella manejando.
Saco mi móvil y le escribo a mamá que estaré bien, que solo salí con unos amigos.
Todo el auto se volvió un caos de risas, gritos y música. Cómoda no estoy para nada.
¿Por qué demonios decidiste venir entonces, Alanah?
Si soy estúpida, lo sé.
Llegamos al lugar y el bar VIP se veía exactamente como esperaba: discreto por fuera, pero seguro que por dentro era un completo caos. Una puerta negra sin letrero, solo un guardia grande con auricular que reconoció a Lía de inmediato y nos dejó pasar sin preguntar.
Adentro todo era luces tenues en tonos rojos y dorados. La música electrónica sonaba baja pero profunda, como si te vibrara en el pecho. Había sillones de terciopelo negro repartidos en rincones, mesas bajas con botellas ya abiertas y gente que hablaba en voz baja, riendo de vez en cuando como si todo fuera un secreto.
Lía caminaba delante con esa confianza que siempre tiene, saludando con la cabeza a un par de tipos que parecían mayores que nosotros. Bryan iba a su lado, con las manos en los bolsillos y esa sonrisa relajada.
Jackson, Robin y Antonella se movían como si ya conocieran el lugar de memoria. Yo iba detrás, sintiéndome cada vez más fuera de lugar. El vestido que llevaba para la galería de arte ahora se sentía demasiado formal y al mismo tiempo demasiado expuesto.
Nos acomodamos en una esquina más privada, en un sofá largo en forma de L. En menos de dos minutos ya había una botella de vodka sobre la mesa y varias latas de energéticos. Antonella sirvió los primeros shots sin preguntar.
—¡Por la noche que apenas empieza!— gritó Robin, levantando su vaso.
Todos chocaron excepto yo, que solo levanté el mío a medias. El líquido quemó al bajar. No estaba acostumbrada a beber tan rápido.
Lía se sentó a mi lado y me pasó un brazo por los hombros.
—Relájate, Alanah. Nadie te va a comer —murmuró cerca de mi oído, pero su tono tenía algo que no me tranquilizó del todo.
Bryan estaba hablando con Jackson y se reían de algo que no alcancé a oír. De repente, un chico alto de cabello oscuro se acercó a nuestra mesa. Tendría unos veintitantos. Llevaba una camisa negra abierta en los primeros botones y una cadena fina de plata. Miró directamente a mi hermano.
—¿Tu hermana?—preguntó con una sonrisa ladeada, señalándome con la cabeza.
—Sí, es Alanah—respondió él de forma seria.
¿De dónde demonios conoce Bryan a este chico?
El chico me miró de arriba abajo, sin disimulo.
-—Bonita. ¿Primera vez aquí?
Asentí apenas. No me salían las palabras.
—Entonces hay que hacer que se sienta bienvenida —dijo él, y sin pedir permiso se sentó en el brazo del sofá, justo al lado mío.
-—Hey Aryan, aléjate—advirtió Bryan y por primera vez siento seriedad en su voz.
El chico llamado Aryan se aleja de mí levantando las manos en señal de rendición y sonriendo.
Robin se acerca a mi lado y me invita de su bebida. Siendo sincera, él es el que mejor me cae.
—Estás tensa, lo puedo ver—susurra cerca de mi oído.
—Es que no es muy mi sitio—respondo encogiéndome de hombros.
—Entiendo— responde sonriéndome sin dejar de mirarme a los ojos.
Sentí que el espacio se hacía más pequeño. La música parecía más fuerte ahora. Las luces parpadeaban suavemente sobre las botellas y las caras de todos. Antonella ya estaba sirviendo otro round. Robin y Jackson empezaron a hablar de una fiesta del fin de semana pasado.
Yo solo podía pensar en lo mismo de nuevo:
¿Por qué carajos decidiste venir, Alanah?
Pero ya estaba ahí. La puerta de entrada se sentía muy lejos y el calor del lugar empezaba a pegarse a mi piel. El chico de la camisa negra seguía mirándome, esperando que dijera algo.
Lía me apretó ligeramente el hombro, como si supiera exactamente lo que estaba pensando.
—Bebe otro, anda -—me dijo bajito—Te vas a divertir, te lo prometo.
Tomé el vaso que me ofrecía. El segundo shot bajó un poco más fácil que el primero.
☆
La noche siguió avanzando y he tenido que ver cómo Bryan se besa descontroladamente con Lía como si no hubiera un mañana.
Me pregunto si Roshan estará aquí. No lo he visto, por lo que supongo que no.
Me levanto y decido ir al baño a retocarme el maquillaje. El baño es super amplio, parece de película. Tiene buena iluminación y huele bastante agradable. Da gusto hasta quedarse a dormir aquí. Tiene un espejo gigante que refleja todo mi cuerpo y empiezo a observarme. Estoy bastante igual que cuando llegué a la galería, solo que ahora ya no tenía labial, y eso para mí es muy importante.
El sonido de un disparo afuera me estremeció por completo.
Me quedé congelada frente al espejo gigante, con el labial a medio aplicar en la mano. El sonido fue seco, fuerte e inconfundible. No era una botella rompiéndose ni un petardo. Era un disparo.