El Arte De Tocarte

Capítulo 13

Roshan.

El sol estaba radiante como siempre, tan brillante que dolía mirarlo. El calor se pegaba a la piel, pero yo lo disfrutaba de todos modos. Al menos en este momento.

Estoy desorientado, perdido, ¿donde estoy?. Hasta que levanté la vista y los vi.

Marcial corría de un lado a otro con esa sonrisa idiota y llena de vida, saltando como un niño detrás de una paloma que ni en broma pensaba dejarse atrapar. Jenny lo seguía con la mirada, cruzada de brazos, medio riendo, medio regañándolo:

—Marcial, ya basta, pareces imbécil. ¡No la vas a agarrar!

Negué con la cabeza varias veces, fuerte, como si pudiera sacudir la escena de mi mente. Esto ya lo he vivido.

Esto no está pasando. Otra vez no.

Jonas se acercaba caminando despacio, con esa mirada perdida que siempre tenía, como si estuviera a medio camino entre este mundo y otro más tranquilo. Me dio las dos palmadas de siempre en el hombro, firme y se sentó a mi lado sin decir nada. Solo sonrió al ver a Marcial haciendo el ridículo.

Por un segundo, todo estuvo bien. Por un segundo, sentí que podía respirar.

Luego llegó el primer disparo.

No fue un estallido fuerte. Fue seco, cercano.

Marcial cayó de golpe, como si alguien le hubiera cortado los hilos. Su cuerpo golpeó el suelo con un ruido sordo que se me clavó en el pecho. Jenny gritó su nombre, pero su voz se quebró en el segundo disparo. La vi derrumbarse, los ojos abiertos por la sorpresa, como si no entendiera qué demonios acababa de pasar.

El pánico me ahogó. Quise correr, gritar, hacer algo… pero mi cuerpo no respondía. Estaba clavado en el banco, pesado como plomo, inútil. Las piernas me temblaban, el corazón me martilleaba contra las costillas, y lo único que salía de mi garganta era un jadeo ahogado.

Jonas se levantó de golpe. Me miró una fracción de segundo, como queriendo decirme algo. No le dio tiempo. La bala le atravesó el cráneo con un chasquido húmedo y horrible. Cayó hacia adelante, justo frente a mí. Sus ojos vacíos me miraron desde el suelo, sin vida, mientras un charco oscuro se extendía bajo su cabeza.

No, no, no… Por favor, otra vez no.

Quise tocarlo, cerrar esos ojos, abrazarlo, pedirle perdón por no poder moverme, por no salvarlos. Pero seguía paralizado, ahogándome en mi propia culpa.

Me desperté de golpe, incorporándome en la cama con tanta fuerza que casi me caigo. El sudor me corría por la espalda y la frente. Mi pecho subia y bajaba tan rápido, que se me dificultaba respirar. Miré alrededor, desesperado, reconociendo las paredes de mi habitación, la luz tenue que entraba por la ventana, mi ropa tirada en la silla. Respire por la nariz lentamente, hasta que el pánico poco a poco abandonaba mi cuerpo.

Solo era un sueño. Otra vez.

O más bien, el mismo maldito recuerdo que se niega a morir.

Me pasé las manos por la cara, temblando todavía. Mi mente había intentado enterrar ese día, lo había empujado al fondo durante meses… pero siempre volvía. Como si una parte de mí no me permitiera olvidar que yo estaba ahí. Vivo. Y ellos no.

Respiré hondo, tratando de calmar el nudo que me apretaba la garganta.

Me levanto de la cama y voy hacía el baño. Me lavo la cara lentamente, tratando de calmarme. Me miro al espejo que esta justo delante de mí y ladeo la cabeza.

Estiy echo un desastre, tengo las mejillas rojas y mi cabello se pega a mi frente.

Me doy una ducha, y me visto normal, como siempre. Un sueter con capucha en azul y unos vaqueros.

Mi celular vibra encima de la cama y lo tomo sabiendo quien es.

— Ven a casa de Stella, creo que descubrimos algo.

Y con esa Jordán cuelga sin más.

Estoy harto de esta situación. Lo que pasó en Andomeda es inaceptable. Estoy seguro que ellos sabian que no iba a estar allí. Lo que querían era asustar, advertir.

Creo que están mas cerca de lo que inmagine pero, no podrán con nosotros, por supuesto que no.

Tomo las llave de mi auto y voy directamente a donde tengo que ir.

Llego en menos de diez minutos, parqueo y salgo. Jordán no tarda en abrirme la puerta y me adentro, llendo directamente al sótano.

Jordán es hermano de Stella, al igual que ella, el es experto en tecnología.

Abajo estaban todos, excepto Kai, que esta haciendo su trabajo. Yo no digo nada, solo saludo a todos con la mirada y me siento en el sofá esperando que alguien abra la boca.

— Bien quería decirte que..

— Nombre.. quiero el puto nombre de el traidor.— Interrumpi a Jordán cuando intento hablar y todos en el sótano hicieron silencio absoluto.

— Verás, invesitigando mas a fondo, pude darme cuenta, que alguien a estado entrando y saliendo de nuestro sistema hace meses.

¿Meses?.

— Teniamos todo ahí, pruebas contra ellos, grabaciones, fotos, videos, ¡todo!.. y ahora ya nada está.

Me quedé callado un momento, procesando. El nudo en el pecho no se iba. Podría sentir la rabia recorrer mi cuerpo. Apreté los puños fuente y trate de respirar.

¿Como que hace meses? ¿Como es que eso paso?.

Todas las pruebas que teniamos contra el, contra ellos han desaparecido. Estamos en blanco, como al principio.

¿Por que alguien se molestaría en borrar todo?.. no creo que le tengan miedo a las autoridades. ¿Por qué no simplemente acabar con mi organización y listo?. ¿Quieren joderme?.. ¿molestarme?.

El silencio en el sótano era tan denso que podía cortarse con un cuchillo. Todos me miraban, esperando mi reacción. Harper se removió incómoda en su silla, cruzando las piernas. Stella, con los brazos cruzados y el ceño fruncido, observaba la pantalla del ordenador principal como si pudiera obligarla a devolverle los archivos borrados.

—¿Meses? —repetí, más bajo esta vez, pero con la voz cargada de veneno—. ¿Y recién ahora te das cuenta, Jordán?

Él tragó saliva, ajustándose las gafas. Por primera vez en mucho tiempo, el genio tecnológico parecía pequeño.




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