La lluvia cae suave contra la ventana del estudio de Ethan. El sonido es constante, casi rítmico, como si acompañara los latidos de mi corazón.
Estoy sentada frente a él, abrazando mi guitarra. Él está de pie, concentrado frente al lienzo. Tiene pintura azul en los dedos y una pequeña mancha en la mejilla que no se ha dado cuenta que está ahí.
—No te muevas —susurra sin apartar la mirada del cuadro.
—No me estoy moviendo —digo, aunque mis labios quieren sonreír.
Me observa como si fuera algo frágil. Como si temiera que desaparezca si parpadea.
Me gusta cómo me mira.
Como si realmente me viera.
Dejo la guitarra a un lado y camino hacia él. El olor a pintura y café se mezcla en el aire. Me coloco frente al lienzo.
Soy yo.
Pero no exactamente.
En el cuadro estoy tocando la guitarra bajo la lluvia. Mis ojos están cerrados. Parezco feliz.
—Así te veo —dice él.
Siento un nudo en la garganta.
—¿Así cómo?
—Como mi persona favorita.
Mi corazón se acelera.
Él deja el pincel y se acerca. Sus manos rodean mi cintura. Apoya su frente contra la mía.
—Siempre tú —susurra.
Cierro los ojos.
—Siempre tú —respondo.
Y por un momento, el mundo es perfecto. Sin imaginar lo que venía después.