El Arte de Volver a Ti

Capítulo 1 | Lo que somos

Alisson

—Desde el día en que te vi,
sentí como que ya te conocía.
Un minuto fue suficiente y ya sentía quererte...

Ethan canta a todo pulmón la canción de Mi persona favorita de Río Roma mientras el auto avanza por las calles de Seattle. Tiene una mano en el volante y la otra marcando el ritmo contra el tablero como si estuviera en pleno concierto.

No le importa que los coches a nuestro lado nos miren.
No le importa desafinar un poco.
No le importa nada.

Y a mí me encanta.

Comienzo a reír. Siempre río cuando empieza a cantar así. No porque lo haga mal... bueno, tal vez un poco. Pero sobre todo porque lo hace con tanta seguridad que parece que el mundo es suyo.

—Me encanta que seas tan ocurrente —continúa, señalándome apenas unos segundos antes de volver a mirar el camino—. De repente dices cosas que me vuelan la mente simplemente...

Me cubro el rostro con las manos, avergonzada.

—Ethan... —digo entre risas.

—Pero siempre estás presente, aunque no pueda verte... —sigue, ignorándome por completo—. Si te veo siempre, claro —corrige.

Un conductor en el carril de al lado sonríe al escucharlo. Yo siento mis mejillas arder, pero no puedo dejar de mirarlo. La luz de la mañana entra por el parabrisas y le ilumina los ojos esmeralda.

—De locura casi estamos igual... de un día a otro me volví tu mega fan —termina, haciendo una pequeña reverencia exagerada desde el asiento.

Aplaudo.

—Qué talento tan desperdiciado —digo.

Él finge estar ofendido y se lleva una mano al pecho.

—Estoy cantando nuestra canción con todo mi corazón y así me pagas.

—Nuestra canción —repito en voz más baja, mirando por la ventana.

El semáforo se pone en rojo y el auto se detiene. Él aprovecha para girarse un poco hacia mí. Sus ojos brillan con esa intensidad que siempre me desarma.

—Sí. Nuestra canción.

El viento entra ligeramente por la ventana entreabierta y mueve mi cabello. Ethan estira la mano y lo aparta con suavidad de mi rostro. Es un gesto pequeño, pero suficiente para que mi pecho se apriete de una forma dulce, casi peligrosa.

A veces me asusta lo mucho que lo amo.

El semáforo cambia y vuelve a avanzar. Yo abrazo mi mochila contra el pecho. Él lleva la suya en el asiento trasero; seguro adentro hay algún cuaderno lleno de bocetos manchados de pintura.

—Cuando tenga mi primera gran exposición —dice de pronto—. Quiero que cantes en la inauguración.

Lo miro.

—¿Y si no soy lo suficientemente buena para eso?

Frunce el ceño sin apartar la vista del camino.

—No vuelvas a decir eso.

Su tono es firme, pero no duro.

—Tú naciste para que el mundo te escuche.

Mi corazón late más rápido. Él dice esas cosas con tanta naturalidad que casi me hace creerlas sin cuestionarlas.

A veces me mira como si ya estuviera orgulloso de alguien que todavía estoy intentando ser.

—Hoy tienes ensayo, ¿verdad? —pregunta.

—Sí. Y examen de historia.

—Vas a sacar diez.

—No digas eso, me pones presión.

Se encoge de hombros.

—Confío en ti.

Su voz cambia cuando dice eso. Se vuelve más suave. Más real.

Me quedo callada un momento.

—Oye —dice de pronto—, cuando tengas tu primer concierto grande, quiero estar en primera fila.

—Vas a estar backstage.

—No. Quiero verte desde abajo, como fan.

—Qué ridículo.

—Tu ridículo favorito.

Lo miro y siento ese calorcito en el pecho que aparece cuando me dice cosas así. No es exagerado. No es cursi. Es natural. Como si realmente lo creyera.

—Y cuando lances tu primer álbum —continúa— quiero que una canción sea sobre mí.

—¿Solo una?

—Bueno... mínimo tres. No acepto menos.

Río otra vez.

El cielo comienza a nublarse, típico de Seattle. La brisa huele a lluvia y a café recién hecho que sale de alguna esquina. Él estaciona frente a mi colegio y apaga el motor.

Por un segundo, ninguno de los dos habla.

—¿Lista para conquistar el último año? —pregunta.

—Supongo.

Me toma la mano por encima de la consola central y entrelaza sus dedos con los míos como si fuera lo más natural del mundo.

Y lo es.

—Te recojo a la salida —dice.

—No tienes clases hasta la tarde.

—Tengo tiempo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.