El Arte de Volver a Ti

Capítulo 2 | ¿Un concurso?

Alisson

—¡Por Dios, amiga! Pensé que te habías quedado dormida —exclama Jane desde la segunda fila del salón.

Jane es mi mejor amiga. Nos conocemos desde que tengo memoria, así que prácticamente somos como hermanas. Es hermosa: tiene el cabello oscuro y los ojos castaños.

El aula es enorme, con filas de mesas individuales acomodadas en forma escalonada. Ya hay varios alumnos sentados esperando que la clase empiece.

—Perdona, me distraje un poco.

—¿Esa distracción se llama Ethan? —pregunta con una sonrisita.

Sonrío automáticamente.

—Basta —digo mientras me acomodo a su lado—. ¿Trajiste la guitarra?

Ethan pasó por mí ayer para ir al cine, así que se la dejé a Jane para traerla hoy. Aunque, después de ver la película, creo que habría preferido quedarme en casa. Mi novio sacó boletos para una de terror.

—Claro —dice mientras me la entrega—. Está en perfectas condiciones.

Amo la guitarra. Papá me la regaló cuando cumplí quince años. Sabía cuánto me gustaba la música, así que no solo me la compró, también me inscribió en clases. Desde entonces se convirtió en una de mis cosas favoritas.

Me encanta sentarme a tocarla y escribir pequeñas letras de canciones, aunque casi nadie las escuche. Es como si cada acorde dijera algo que a veces no puedo explicar con palabras.

Ahora estudio asistencia educativa en la preparatoria. No es exactamente música, pero me gusta. Cuando entre a la universidad quiero estudiar psicología. Siempre me ha interesado entender a las personas: cómo piensan, cómo sienten y por qué hacen lo que hacen.

Además, me gusta escribir historias. Tengo una pequeña comunidad de lectores en línea donde publico algunas. Casi siempre escribo romance… supongo que es mi género favorito.

Quizá estudiar psicología me ayude algún día a crear personajes más reales. Personas que se sientan tan verdaderas como las que conozco todos los días.

La guitarra que cargo a diario es de color café claro, con un diseño muy bonito alrededor de la abertura por donde sale el sonido.

—¿Cómo te fue ayer? —pregunta Jane, cambiando de tema.

—Ni me lo recuerdes —me llevo una mano a la frente—. Ethan me hizo ver una película de terror. Creo que voy a tener pesadillas.

Jane se ríe.

—Pero te sacaste al mejor novio.

—Claro.

—Aunque tu suegra es una bruja.

—Jane…

—¡Es verdad! —insiste—. Tu novio es lindo, pero tu suegra… uy no. ¿Quién quiere una como ella?

Suelto un suspiro.

La madre de mi novio y yo no nos llevamos nada bien. Yo intento ser amable con ella, pero siempre termina diciendo algo desagradable. Sobre todo de mi mamá… y yo no permito que nadie hable mal de ella.

—Cambiando de tema —dice mientras saca su libreta de canciones—. La profesora Walker comentó que habrá un concurso de música en seis meses.

—¿En medio año?

—¡Sí! Tenemos que inscribirnos —dice emocionada—. ¿Entramos? Dime que sí, Ali. No quiero participar sola.

—Pues…

—Perfecto. Entonces voy a escribir nuestros nombres esta tarde.

—Si no tengo opción de decidir, ¿para qué me preguntas?

—Agradece que te avisé.

El timbre suena y los alumnos empiezan a sacar sus cosas mientras otros todavía entran al salón.

La profesora Thompson llega con varios papeles en la mano y comienza su clase de asistencia educativa.

—Profesora —interrumpe una voz desde la puerta—. ¿Me permite entrar?

Es Mark, un compañero que siempre llega tarde. La profesora mira su reloj.

—Diez minutos tarde.

—Tuve un pequeño problema —dice cansado—. Por favor, déjeme pasar. No volverá a ocurrir.

—Eso mismo decía hace unos semestres, y siempre llega tarde.

—Es que el tráfico no me deja llegar —se defiende.

—La próxima vez salga con tiempo de su casa —responde la profesora—. Pase y ponga atención.

Mark entra y se sienta en un lugar vacío al fondo.

La profesora continúa con la clase. Hoy nos habla sobre los gestos que hacen las personas cuando sienten algo que intentan ocultar. Muchas veces son señales claras, pero casi nadie las nota.

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Las clases terminan y, al final del día, salgo del colegio.

Cargo la mochila en un hombro y la guitarra en el otro mientras camino junto a Jane, que va saludando a todo el mundo.

—Sí, sí, sí. Todo el mundo me ama —dice orgullosa.

—Qué ego —me río.

—No es ego. Es autoestima, corazón.

—Ya… —suelto una pequeña risa—. Siento que reprobé el examen de historia.




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