Ethan
—¿Sigues sin que te guste la lectura? —pregunta mi acompañante—. A mí me sigue gustando y esperaba que quisieras leer conmigo, como antes y…
—¿A qué has regresado, Alexa?
Su sonrisa desaparece por un instante.
Alexa siempre había sido parte de mi vida. Éramos amigos antes de que aquel beso lo cambiara todo. Nuestro primer beso, el que para ella significó algo más de lo que significó para mí.
Después de eso se fue a estudiar derecho lejos de casa, dejando atrás todo lo que conocía. Pero ahora había vuelto, y una parte de mí sabía por qué.
Mi madre siempre había esperado que algún día estuviéramos juntos. Alexa era exactamente el tipo de persona que ella quería para mí: inteligente, elegante y hermosa. Sus ojos grises y su cabello rubio hacían imposible que alguien no notara su presencia.
Pero yo ya no soy el mismo de antes.
Porque ahora está Alisson.
Y aunque Alexa fuera preciosa, no había nadie que pudiera compararse con ella.
—Quería verte —deja la taza en la pequeña mesa de la sala de mi casa—. Tu madre me contó que estabas estudiando economía.
Asiento nada más.
—Ethan yo quería que salgamos algunos días y…
—No, lo siento. Tengo novia.
Suelta un suspiro y pone los ojos en blanco.
—Eso no te impide para que salgas conmigo. Somos amigos.
—Lo que no quiero es que tú te confundas.
—Tu madre me contó que no aprueba tu relación con ella.
—Alisson —respondo con calma—. Se llama Alisson.
Alexa guarda silencio y después de un momento, su voz vuelve hacerse presente.
—Perdón, Alisson —dice su nombre como si le pesara.
Se siente muy extraño hablar con ella. Antes resultaba cómodo, pero con el tiempo todo cambiaba.
—Ethan, no vine a pelear contigo —suelta un suspiro antes de continuar—. Solo quería que pudiéramos recuperar un poco a lo de antes.
—No tengo problema con que seamos amigos —respondo con sinceridad—. Pero necesito que entiendas que algunas cosas cambiaron.
Ella sonríe, aunque esta vez no parecía una sonrisa completamente feliz.
—¿Cambiaron... o las cambió ella?
Frunzo ligeramente el ceño.
—Las cambié yo.
Alexa desvía la vista hacia la ventana. Afuera comenzaba a nublarse, como casi todas las tardes.
—Supongo que tu madre tenía razón —murmura.
—¿Sobre qué?
—Sobre que ya no eres el mismo.
—Todos cambiamos alguna vez.
Alexa no responde enseguida. Se limita a observarme, como si buscara en mi rostro al chico que conoció años atrás.
Tal vez todavía espera encontrarlo.
Pero ese Ethan ya no existe.
Hubo un tiempo en que podía pasar horas hablando con ella sobre cualquier cosa. Libros, películas o simplemente la vida. Era una amistad sencilla, una de esas que parecen durar para siempre.
Hasta aquel beso.
Desde entonces, nada vuelve a sentirse igual.
No porque la culpe por lo que siente. Al contrario. Siempre he entendido que nadie elige de quién enamorarse.
Pero yo tampoco puedo fingir sentimientos que nunca existieron. Y ahora está Alisson. Solo pensar en ella hace que todo lo demás pierda importancia.
La puerta principal se abre y, unos segundos después, mi madre aparece en la sala con varias bolsas entre las manos.
Al ver a Alexa, sus ojos se iluminan.
—¡Alexa! —deja las bolsas sobre la mesa y se acerca para abrazarla—. Mira nada más qué grande estás.
Alexa sonríe con educación y le devuelve el abrazo.
—Me da mucho gusto verla, señora.
—¿Señora? Ya te dije hace años que me llamaras Laura.
Ambas ríen.
Yo permanezco sentado en el sillón, observando la escena en silencio.
—Estás preciosa —dice mi madre mientras la toma de las manos para verla mejor—. Siempre has sido una chica muy elegante, pero ahora... eres una mujer hermosa.
—Gracias.
—Y además inteligente. Me contaste que ya casi terminas Derecho. Estoy muy orgullosa de ti.
Alexa baja la mirada con una sonrisa tímida.
—Todavía me faltan unos años.
—Aun así, sé que llegarás muy lejos.
Mi madre dirige entonces una mirada hacia mí.
—Ojalá algunas personas aprendieran a fijarse en mujeres como tú.
El comentario queda suspendido en el aire.
Alexa evita mirarme.