¿Qué es el ajedrez?
(o por qué dos personas se sientan a destruirse en silencio)
El ajedrez es un juego de mesa donde dos personas extremadamente tranquilas intentan arruinarse la vida mentalmente sin decir una sola palabra.
No hay dados.
No hay suerte.
No hay excusas.
Solo tú, un tablero de 64 casillas y la lenta realización de que cada error es tu culpa.
El objetivo del ajedrez no es comer piezas, aunque parezca un buffet.
El objetivo es acorralar al rey enemigo hasta que no pueda escapar.
No matarlo.
No tocarlo.
Solo dejarlo sin opciones.
Un concepto elegante y cruel, como decirle a alguien: “no te muevas… porque no puedes.”
El ajedrez no premia la impulsividad.
No te grita.
No te celebra.
Solo te observa mientras tomas malas decisiones… y te las cobra después.
¿Quién inventó esta tortura elegante?
El ajedrez no lo inventó una sola persona.
Porque si alguien lo hubiera hecho solo, claramente estaría en terapia.
Su origen se remonta a la India, hace más de 1,500 años, con un juego llamado Chaturanga.
Básicamente, una versión primitiva del ajedrez que ya incluía:
guerra
jerarquías
sacrificios innecesarios
y líderes inútiles que no podían moverse mucho
Nada ha cambiado.
De la India pasó a Persia, donde lo llamaron Shatranj.
Ahí nacieron términos como “shah”(rey), de donde sale jaque y jaque mate.
Que, traducido libremente, significa:
> “Tu rey está en problemas, y tú también.”
Luego el ajedrez llegó a Europa, donde alguien pensó:
“Esto es demasiado lento. Vamos a hacerlo más violento.”
Y así nació la reina moderna, que pasó de ser una pieza decorativa a una fuerza de destrucción masiva.
Probablemente porque Europa ya tenía suficiente experiencia con reinas poderosas y caos político.
¿Por qué el ajedrez sigue existiendo?
Porque el ajedrez es perfectamente injusto.
No importa tu edad.
No importa tu fuerza.
No importa cuánto confíes en ti.
Si juegas mal, pierdes.
Y lo sabes.
Es un juego que castiga la prisa, el ego y la falta de atención.
Especialmente el ego.
Por eso intimida tanto.
Porque no puedes culpar a la suerte, al lag o al control defectuoso.
Solo a ti.
El tablero: una prisión cuadriculada
El tablero tiene 64 casillas, blancas y negras.
No por estética.
Para confundirte.
Cada casilla es una posible tragedia.
Cada movimiento, una decisión irreversible.
No hay botón de “deshacer”.
No hay segunda oportunidad.
El ajedrez es básicamente la vida…
pero sin tutorial.
¿Juego o castigo psicológico?
El ajedrez se ha vendido durante siglos como un juego “noble”, “intelectual” y “elegante”.
Mentira.
Es un simulador de:
ansiedad
arrepentimiento
exceso de confianza
y silencios incómodos
Un juego donde puedes estar ganando…
y arruinarlo todo con una sola jugada estúpida.
Y lo peor:
te das cuenta cuando ya es demasiado tarde.
Entonces… ¿por qué jugar ajedrez?
Porque a pesar de todo eso, el ajedrez engancha.
Porque te humilla, pero te enseña.
Porque te destruye, pero te hace pensar.
Porque cuando ganas, sabes que te lo mereciste.
Y cuando pierdes… también.
El ajedrez no es amable.
No es rápido.
No es justo.
Pero si alguna vez te atrapó, ya no te suelta.
Y eso, tristemente, es amor ♟️🖤
Editado: 27.01.2026