El arte del ruido interno

Capítulo 6 — La calma antes de...

A la semana siguiente, el profesor anunció que se acercaba el Día Internacional de la Mujer y que la facultad organizaría un evento especial en el que habría un concurso de oratoria. Quien quisiera participar podía inscribirse.

Yo escuché sin prestar mucha atención. No era mi tipo de evento. Pero en un descanso, mientras hablaba con Lia, le dije en tono de broma:

—¿Tú te vas a inscribir?

Ella se rió.

—¿Yo? No, qué va.

—¿Por qué no? Seguro que lo haces bien. Tienes cara de saber hablar en público.

Me miró con cara de duda.

—¿Cara de hablar en público?

—Bueno, eso creo yo —respondí, encogiendo los hombros.

No le di más vueltas. Pero unos días después, vi un cartel pegado en la pared del pasillo. La lista de participantes. Y ahí, en letras pequeñas, estaba su nombre.

Liliana J.

Se había inscrito.

No sé por qué, pero eso me detuvo unos segundos más de lo necesario. Me quedé mirando su nombre escrito en ese cartel, como si hubiera visto algo que no esperaba. No era que me sorprendiera que se hubiera animado. Era que, sin saberlo, me había dado cuenta de que me importaba.

—Mira, se animó —susurró la voz emocional, con un tono que no intentaba ocultar su entusiasmo.

—Es solo un concurso —respondió la racional, seca como siempre—. No significa nada.

—Pero, te lo pongo así: tú le propones algo y ella aceptó luego, luego. ¿No se te hace extraño?

—Empezaste con tus teorías raras, pero en cierto punto tienes razón. Aunque no es algo a lo que debamos poner mucha atención.

Pude ver cómo la emocional se retorcía de orgullo al ver que le estaban dando la razón.

El Juez, que no había dicho nada en días, se inclinó ligeramente hacia adelante, y con algo que no supe entender en ese momento, escuché muy bajo, casi como un susurro:

—Ten cuidado.

Dos palabras que no tomé mucho en serio. Seguí mi vida como si nada.

Y a pesar de que seguí caminando, la imagen del cartel se quedó grabada en mi mente. Su nombre, en letras pequeñas, en medio de una lista que probablemente nadie más leería con atención. Pero yo la había leído. Y algo en mí sabía que no era tan simple.




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