El arte del ruido interno

Capítulo 33 — El final?...

Esa noche, de vuelta en el hotel, no pude dormir. No porque estuviera preocupado o ansioso, sino porque por primera vez en mucho tiempo, no necesitaba saber qué iba a pasar. Solo quería quedarme en ese momento, en esa sensación de haber dicho lo que sentía sin miedo.

La emocional, que había estado callada, se asomó apenas:

—¿Y si no responde?

—Entonces no responde —respondí—. Pero ya lo dije. Y eso ya no me lo quita nadie.

El Juez no dijo nada. Pero por primera vez, sentí que su silencio era de aprobación. Como si, finalmente, hubiera encontrado el camino que estaba buscando.

No sé qué va a pasar con Tati. Todavía no tengo esa respuesta, y por primera vez en mucho tiempo, estoy en paz con no tenerla.

Sigo trabajando en la cafetería. El señor Jaramillo sigue pidiendo su café negro con un toque de leche. La señora Morales sigue con su capuchino de canela extra. Dani sigue preguntándome si dormí bien, y ahora, la mayoría de las veces, puedo responderle que sí, sin mentir.

Las voces siguen ahí, por supuesto. No desaparecen. La racional sigue recordándome mis responsabilidades. La emocional sigue encontrando belleza en lo cotidiano. El Juez sigue observando, apareciendo solo cuando de verdad importa.

Pero ya no las dejo pelear por control de todo. Aprendí, a un costo que no fue pequeño, que no toda esperanza es una señal, que no toda amabilidad es interés romántico, y que el rompecabezas más difícil que voy a armar en la vida no es el de entender a nadie más.

Es el mío.

No sé qué traerá el futuro, ni si algún día nuestros caminos terminarán uniéndose de una forma distinta. Tampoco quiero apresurar algo que todavía merece tiempo para crecer.

Solo sé que, por primera vez en mucho tiempo, no siento la necesidad de convertirme en alguien diferente para agradarle a una persona. Me basta con ser yo, seguir creciendo y conocerla poco a poco.

No busco una relación para llenar un vacío ni espero encontrar a alguien perfecto. Me ilusiona la posibilidad de descubrir quién es realmente, compartir experiencias, reírnos, conversar y construir confianza sin prisas.

Si algún día llego a decirle lo que siento, quiero que sea porque ambos hemos recorrido un camino juntos y no porque necesite una respuesta inmediata. Y si ese día llega, espero tener la tranquilidad de saber que fui honesto, respetuoso y auténtico.

Si el destino dice que sí, caminaré con ella con alegría. Si dice que no, me dolerá, pero también podré mirar atrás con paz, sabiendo que nunca dejé de ser yo y que tuve el valor de intentarlo.




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