Fabio llegó temprano, como siempre.
Le gustaba el edificio a esa hora. Antes de que se llenara de conversaciones inútiles, era cuando más pensaba y trabajaba en los detalles técnicos, esos en los cuales no se podía equivocar. Después se dedicaba a recorrer todo el edificio de reunión en reunión y de intriga en intriga, de broma en broma.
El ascensor subió lento.
Cuando salió al pasillo, Marta, la secretaria del área de Dirección, ya estaba trabajando en su computadora, atendiendo la agenda para ese día.
—Buen día, Fabio —dijo con su tono eficiente.
—Buen día, Marta.
—Le dejé café en su oficina.
Fabio sonrió.
—Perfecto, gracias.
Era una rutina vieja. Marta llegaba antes que casi todos y preparaba una ronda temprana de café para los pisos altos.
Fabio cruzó el pasillo con tranquilidad, saludando a un técnico que recién encendía su computadora.
Cuando entró a su oficina, el olor del café caliente le dio una falsa sensación de seguridad que pronto se desvanecería. La taza estaba sobre el escritorio. Y sobre el teclado…había un papel pequeño. Doblez simple. Fabio se detuvo.
No era un memo. No tenía sobre. No tenía nombre. Lo abrió.
Tres líneas escritas en birome:
734
822.460
Debajo, encerrado en un círculo irregular rojo:
50%
Durante un segundo su mente no reaccionó. Luego todo encajó de golpe.
El 734 no era un número cualquiera. Era el código interno de una cuenta de conciliación.
Una cuenta que no aparecía en ningún informe oficial. El número debajo…era el saldo exacto en euros.
Fabio apoyó las manos sobre el escritorio. Sintió un mareo de vértigo, le faltó el aire, un sonido ensordecedor en su cabeza puso distancia con el mundo por uno segundos. Todas las alarmas interiores se encendieron.
Alguien había entrado.
Guardó el papel con cuidado. No lo rompió solo miró con desconfianza en su entorno, no había nada que mirar, nada estaba diferente.
Cuando logró recuperar su control personal, dobló y metió en el papel en el bolsillo interior del saco.
Luego salió de la oficina.
—Marta.
La secretaria levantó la vista.
—¿Sí?
—¿Viste a alguien entrar a mi oficina hace un rato? —le preguntó en tono casual. Como si buscara un documento perdido.
Marta negó con la cabeza.
—No. Yo dejé el café y me fui directo a mi escritorio.
—¿Nadie pasó por acá?
—No que yo haya visto.
Fabio asintió.
—Bien, gracias.
Sonrió.
Marta volvió a su pantalla.
Fabio caminó por el pasillo con la misma tranquilidad con la que había llegado.
Pero su mente ya estaba en otro lugar, balbuceaba rápidas hipótesis: los sistemas de conciliación estaban protegidos. La mayoría de los funcionarios ni siquiera sabía que esas cuentas existían. Y aunque las vieran… no entenderían lo que estaban mirando.
Fabio volvió a pensar en el papel.
734
822.460
50%
El círculo rojo estaba dibujado con una birome. La tinta irregular, como si la mano se hubiera detenido al cerrarlo, vacilado. Una mano pequeña, pálida, delicada, capaz de vulnerar sistemas muy bien protegidos.
Entonces apareció una imagen inesperada. Elisa. La sangre en su labio. El rojo. La furia.
Fabio frunció el ceño. La asociación era absurda. Ella no tenía ese perfil, ¿o sí?
Demasiado ingenua. Demasiado directa. Pero el pensamiento no desaparecía.
El círculo rojo. El labio mordido. La rabia.
Salió de su oficina. Descendió hacia el sector técnico con naturalidad.
Saludó a dos personas en el camino.
Cuando llegó al área de informática, miró hacia los cubículos casi sin girar la cabeza.
Elisa estaba allí. Sentada. La mochila gris en el suelo. La pantalla iluminándole el rostro pálido. Parecía exactamente la misma de siempre. Concentrada. Silenciosa. Inmóvil, inocente, frágil.
Fabio ya se retiraba, iba a buscar al culpable en otro sitio, pero en ese instante Elisa levantó la vista. Sus ojos se encontraron.
Elisa sostuvo la mirada un instante, había algo provocador en sus ojos inexpresivos, su mirada era sin disimulo, miraba a los ojos sin parpadear, por un tiempo excesivo. Luego volvió a la computadora como si nada hubiera ocurrido.
Fabio siguió caminando. Pero ahora el pulso le latía más rápido.
Porque por primera vez en mucho tiempo…no estaba completamente seguro de entender el tablero.