Un joven de camisa blanca, y traje impecable y caro entró a un lujoso edificio de Pocitos. Se llamaba Marco Gepp, era un abogado, experto en fusiones de empresas, inversiones off short, declaraciones y evasiones de impuestos. Ambicioso, creativo y estafador como su primo Fabio Gepp a quien venía a visitar. Marco combinaba su aspecto sofisticado, una cubierta de elegancia, con un profundo conocimiento de la calle, del lenguaje y códigos de barrio popular. Era un camaleón, prestidigitador de múltiples recursos. Y experto en el “trabajo de campo” en lo que respecta a investigar clientes, posibles negocios desde el llano, así como encontrar todas las trampas y atajos legales posibles.
El mensaje no decía mucho, solo que era urgente y necesita hablar con él. Esa clase de mensajes se daban cuando la comunicación no podía dejar rastros en ningún lado.
Fabio le abrió la puerta, llevaba ropa deportiva, estaba descalzo sobre el suelo de losa climatizada. Se había pedido el día.
—Pasa. —le dijo con la tranquilidad aparente de los hombres que solo están quietos por fuera.
Marco se sacó el saco, lo dobló con cuidado y apoyó en el respaldo del sillón. Luego se arremango con cierto arte su camisa Brunello Cucinelli.
Se dejó caer en el cómodo sillón blanco marfil de su primo.
—¿De qué se trata?
Fabio tenía su laptop apoyada sobre la mesita ratona de vidrio, la giró hacia Marco para mostrarle la pantalla abierta: la ficha de una funcionaria de Centralnet.
—Es bonita, pero no parece tu tipo. Hasta donde sé, te gustan las rubias —le dijo Marco con desenfado, ya que la joven no le despertaba sospechas.
—Te equivocas, me gusta la belleza en todas sus combinaciones. Pero lo que te muestro no es solo una chica, es un problema.
—¿Qué clase de problema?
—Mira su ficha y dime qué ves.
—¿Una adivinanza? Me tienes intrigado. Parece que esta sí te interesa.
—No es eso.
Los ojos azules, calculadores y fríos de Marco se posaron en el sistema interno de Centralnet, una ficha bastante extensa de una funcionaria de bajo rango.
—Veamos: ingeniera en informática, ingreso por concurso, puntaje alto. Evaluaciones: excelente capacidad técnica —. Siguió bajando—. Antigüedad: varios años. Ascensos: ninguno. Cursos: pocos. Demasiado pocos, raro —Es una nerd antisocial. Los informáticos siempre son gente medio rara —concluyó.
—Pues esa nerd intentó extorsionarme, tiene las claves de las cuentas, los montos. Quién sabe qué más de toda la operación en Centralnet. Hablé con Neto para que proteja lo que pueda y sellé todas las entradas, y cambie todos los códigos. Pero hay cosas que no podemos tocar ahora.
—¿Qué quieres hacer?
—Averigua todo lo que puedas.
—Si quiso extorsionarte, tiene un precio.
—Sí, pero no estoy seguro. Insiste con una supuesta “justicia”, quedó enojada por un concurso arreglado. Yo simplemente le hacía un favor a Gladys, pero ella se sintió perjudicada y ahora de alguna manera que no logro entender, obtuvo una información que creía bien protegida.
Marco achicó sus ojos de serpiente astuta observando aquel rostro sin maquillaje, sin sonrisa, neutro. Visto bajo esa información, Elisa era otra cosa.
—¿Habrá trabajado sola?
—Eso debes averiguarlo. Y su debilidad, debe tener alguna.
El abogado miró la dirección que figuraba en la ficha, no necesitaba anotarla, ni su número de móvil, ni de documento. Recordaba con facilidad todo lo que veía y leía, por eso era tan bueno en lo que hacía. Ya se iba cuando se detuvo en la puerta.
—Casi olvido algo importante, me llamó Marcia, la secretaria de Auditoría de la Nación, hace tiempo salí con ella, siempre me da data importante, en este caso me dijo que van a mandar a uno pesado a Centralnet, parece que ciertos procedimientos han despertado sospechas...
—¿Y se sabe a quién?
—No, pero no es ninguno de los nuestros. Es alguien con fama de incorruptible, un tipo duro que trabaja antes en Interpol, investigaba lavado de activos y cosas así.
—¿Por qué alguien tan importante a Centralnet?
—Marcia no supo decirme, nadie sabe bien. Pero te aseguro que no tiene que ver con tu nueva amiga, parece que el auditor viene investigando otros entes públicos. Ahora, más que nunca no podemos dejar cabos sueltos— destacó Marco a modo de advertencia.
Por alguna razón desconocida para Fabio, algo de aquella frialdad decidida de su primo lo incomodó, sabía lo que significaba, no podría en peligro la operación por una chica absurda.
Después que Marco cerró la puerta, Fabio se sirvió un whisky, no acostumbraba a beber tan temprano en la tarde, ni tampoco a pedir libre por algún inconveniente. Si algo había que resolver, era el primero en la oficina. No había ascendido solo por su simpatía ni por sus buenos trajes ni por engañar: la mitad de todo era trabajo duro. Pero esta vez necesitaba alejarse de aquellos ojos, necesitaba que Marco analizara la información de manera objetiva, y él también.
No podía aceptar que una muchachita informática pusiera su operación, construida por años, a tambalear. Se sentó en el sillón, observó la increíble vista desde su penthouse. Montevideo era pequeño, de edificios bajos, llano y gris, todo allí aparentaba ser inofensivo, inocuo o irrelevante, pero, detrás de esa aparente simpleza, se escondían los “conjurados del sistema”, como se llamaba así mismo y a los que buscaban cómo vulnerar las reglas,
Esos tipos que le metían de la nada un gol a cuadros mucho más poderosos, porque les importaba una mierda quién tenían adelante, faltando 5 minutos y perdiendo el partido, te hacían un gol de mitad de la cancha y dos minutos después, llevados por esa rabia de los conjurados, el segundo. Bebió un sorbo del vaso. Suspiró, el cielo se había oscurecido, a lo lejos, muy pequeñas las luces se encendían.
Un plan perfecto como era el suyo, solo podía fallar por el fenómeno conocido en el mundo de las finanzas como cisne negro. Bebió otro sorbo, un cisne negro era un evento impredecible, que no se podía calcular desde antes, casi aleatorio, random, como una chica enojada porque el mundo no era un lugar justo, un cisne negro arruinaba economías, hundía imperios, hacía perder al gran favorito en un mundial. Fabio se preguntó si aquellos ojos serían su cisne negro, si esa chica era uno de los conjurados del sistema.