Al día siguiente Elisa no vio a Fabio, supo que se encontraba en Centralnet porque el Audi estaba en el estacionamiento, lo vio cuando decidió entrar por allí y tomar el ascensor del fondo que se utilizaba para carga y a veces por los ejecutivos que estacionaban sus autos en aquel sitio.
Ver el auto azul brillante le había provocado una extraña emoción, no era por el lujo, lo mismo le hubiera ocurrido con una bufanda de él o un birome con su nombre. “Maldición” se dijo cuando experimentó aquella sensación apremiante, esa falta desconcertante que le hacía de pronto miserable la vida, sabía que estaba perdiendo el control. Su encuentro con Fabio le había aturdido por completo su percepción.
Algo había provocado un cambio terrible en ella. ¿Sería que deseaba “tomar el cielo por asalto”? Aquella frase que él había pronunciado bajo una escalera, en la oscuridad de un bar maldito. Elisa no sabía si Esteban la atraía tanto, o él era solo un espejismo brillante en su existencia patética. Hasta aquel cruce bajo la lluvia con su pretensioso auto, ella no había percibido que su vida fuera tan mala. Ahora no sabía cómo volver a ella.
Al medio día, él aún no se había pasado por planta baja, no había conversado, como acostumbraba, con su jefe, y más después de un partido clásico: Peñarol había ganado y ese era un tema importante para Adrián que se moría por comentar el penal que no habían cobrado. Aun así, ni rastro de Fabio.
El ruido de unos tacones apurados, algo nerviosos, la sacaron de sus pensamientos. Conocía el paso corto y apurado, hasta el rose de la suela contra el piso le era familiar. Se preguntó qué haría la Gerenta General allí. Gladys se presentó en su oficina y detrás de ella, un hombre alto dentro de un saco ancho que parecía de los años 50, con una expresión aniñada.
—Elisa, te presento a Esteban Rissi, es auditor del Ministerio. Va a estar en la oficina de enfrente. Ella es Elisa Brogli, Analista Informática.
Elisa pensó que después de su nombre Gladys no sabía que más decir, “Elisa Brogli, Analista Informática irrelevante analista de la nada”, pensó.
Elisa se levantó del escritorio le tendió la mano, algo que sorprendió a Rissi, que por un segundo pareció que la iba a saludar con un beso. El vaciló y, terminó por estrecharle la mano acompañando la acción con una amplia sonrisa. Tenía la torpeza de los adolescentes cuyos cuerpos crecen muy rápido, pero la mirada aguda y despierta.
—Cualquier cosa que necesite estoy a las órdenes —le dijo Elisa como mero formalismo cortés y mecánico.
—En realidad, Eli, Esteban podría pedirte que le facilites algunos accesos al sistema, los que tú tengas autorizados, y te voy a pedir que, en la medida que puedas, le des una mano—le contestó Gladys, pronunciando con lentitud “en la medida que puedas” como si le estuviera pidiendo un favor a un retardado. Le pareció curioso que utilizara un diminutivo para su nombre, incluso era curioso que recordara su nombre. En realidad, Elisa podría darle autorización para todos los sistemas de Centralnet, pero eso era algo que, evidentemente, Gladys desconocía. Dedujo que la Gerenta estaba intentando aparentar darle toda la información al auditor, pero en verdad, solo daba vista a algo muy mínimo de aquel monstruo corporativo estatal.
—Espero no molestar mucho, pero he oído que eres una excelente informática y quizás necesite alguna ayuda —fueron las palabras amables del auditor.
Elisa asintió con la cabeza, recordó que Rissi había estado trabajando la noche de la reunión en la azotea y su instinto le dijo que debía tener mucho cuidado. El aspecto bonachón del contable era el camuflaje de un cazador profesional, y este por lo visto había puesto de los nervios a Gladys.
Pasó una semana después de la reunión con Fabio, sin que él prácticamente pasara por planta baja. Apenas un par de veces lo sintió hablar en el pasillo, en ese instante percibió, con impotencia, como todo su ser deseaba encontrarse con él. Se había contenido de moverse de su silla, mientras él pasaba de largo cerca de su oficina. Tampoco había visto nuevos movimientos en sus cuentas, aunque sospechaba que había hecho cambios para que no viera nada.
Tenía que reconocer que su trato con él había sido una estupidez, una mala apuesta del juego. Elisa debía encontrar algo, que no encontraba y quizás nunca encontraría. Y lo peor para ella era que la no presencia de Fabio nublaba su pensamiento, era como si no tuviera motivaciones para buscar nada.
Con la salvedad de que el finde semana podía ir a visitar a su madre a un lugar agradable, los días volvieron a ser regulares, peor, ahora le parecían tristes, como Montevideo, que solo recuperaba su gracia desde la altura.
Elisa pensó que quizás era mejor dejar las cosas así, al fin y al cabo, no había nada que realmente la incriminara, lo que sabía de Fabio no era resultado de su trabajo, no tenía por qué saberlo, podía hacer de cuenta que nunca lo había visto. Es más, gracias a ella ya no quedaba rastro. Aún no se había embarrado con nada, podía salir limpia de aquella locura.
El que sí estuvo presente, primero con pequeñas consultas y luego con nuevas y particulares pedidos, fue Rissi.
Esa mañana, a eso de las 10, se asomó por la puerta con la misma sonrisa boba que tuvo el día que lo presentaron.
—¿Podría pedirte un gran favor, Elisa? —le preguntó como venía haciendo desde hacía días.
—Si puedo ayudar…—le contestó como acostumbraba cada vez que con solemnidad le pedía algún listado o información de las bases de datos.
—¿Es posible obtener un listado de todos los expedientes generados en los últimos 3 años, separados por área?
—Sí, por supuesto —Elisa pensó que era una tarea menor, fácil y aburrida. Veinte minutos después le dejó el listado en el escritorio.
Él estaba sentado en una silla vieja, un tanto descocida en las esquinas, las que por lo general destinaban a planta baja, tenía abierta su laptop en un escritorio pequeño, atiborrado de papeles que había estado imprimiendo toda esa semana. Tomó el nuevo listado, sin mirarla. Sus gafas cuadradas y transparentes reflejaban una pantalla llena de números. Al costado dos cafés tapados le llamaron la atención.