El Ascenso De Un Villano.

Cap VI: La primera Orden

EN EL REINO DE ARKAIZEN – Lurenthall.

Sala de Juntas Real.

El silencio en la Sala de Juntas no era de respeto, sino de miedo contenido. El gran espacio vacío a la mesa, donde debería sentarse el Conde Darneth de Draceryn, gritaba "traición" con más fuerza que cualquier pregón.

El Rey Aundre Viredel presidía, la corona forjada con cicatrices pesando sobre su joven frente.

—Que entre el testigo —ordenó con voz grave, conteniendo el nudo de indignación en su pecho.

El soldado Joran de la casa Draceryn fue empujado al centro de la sala. Llevaba su armadura maltrecha, sucia y con varios cortes en el metal. Cojeaba. Tenía vendajes frescos en el brazo que no existían dos Solturnos atrás. Sus ojos, inyectados en sangre, no enfocaban en el Rey ni en los líderes de las Casas, sino en la nada que lo perseguía.

—Cuéntanos, soldado —dijo Aundre, intentando sonar compasivo—, ¿cómo cayó la Casa Draceryn?.

Joran tembló. El recuerdo implantado por Kael se activó con la fuerza de una pesadilla viva.

—Fue… fue el infierno, Majestad. Un infierno negro. Él llegó como una sombra, un hombre encapuchado. No gritaba, no hablaba… solo mataba —balbuceó, y sus manos rasparon su armadura como si el metal aún ardiera—. No pudimos verlo, Majestad, se movía como el viento, como cien hombres a la vez.

El soldado Joran jadeó. La falsa memoria de la batalla era dolor físico para él.

—¡Fuego negro! Sus espadas… sus espadas cantaban al cortar la carne. Vi a mis hermanos caer, ¡a docenas! Él se reía. Un monstruo sin piedad. El conde… el Conde Darneth ordenó la rendición. No por cobardía, ¡sino para que algunos viviéramos! Él dijo que volvería, Majestad. Juró que si resistíamos, nos mataría hasta el último hombre… y luego quemaría a nuestros hijos.

Joran se derrumbó de rodillas, el pecho agitándose.

—¡Es un monstruo! Un asesino despiadado. Yo… yo vi cómo miraba nuestras torres. Dijo que Draceryn era solo el comienzo. Juró que la Casa… la Casa Seradyn será la próxima en caer.

El salón estalló en murmullos indignados, pero la reacción más notable fue la de Selyra Seradyn. La líder del Hielo empalideció, la noticia de que su Casa (una Casa de la Luz) era el próximo objetivo del Exiliado la golpeó con fuerza.

Aundre alzó una mano para silenciar a la corte.

—Neyra Nymbras —dijo el Rey, dirigiéndose a la líder del Abismo, experta en la mente—, examinad los recuerdos de este hombre. Decidme si es miedo o si es mentira.

Neyra Nymbras flotó hasta el soldado. Con los ojos púrpura fijos en la sien de Joran, sus manos ingrávidas acariciaron el aire sobre su cabeza. Un halo violeta envolvió al soldado, y Neyra cerró los ojos, adentrándose en el recuerdo falso que había creado Kael.

Tras un instante que pareció eterno, la líder del Abismo retiró sus manos, el rostro pálido.

—Majestad —su voz era un susurro denso—, las memorias de este soldado son… cristalinas. La batalla fue real. El fuego negro, los gritos de los caídos, la piedad del Conde Darneth. Siente cada corte, cada golpe. Si se tratase de una ilusión o de un hechizo mental, mi don lo habría detectado. Confirmo: no hay magia en estos recuerdos. Para él, el combate fue absoluto. Kael, el Exiliado, es tan salvaje y despiadado como el soldado lo describe.

La "verdad" de la Casa Nymbras, la guardiana de la percepción, sentenció el veredicto. Kael había logrado la mentira perfecta.

Y asi como él dijo, nadie podría detectar su magia ni siquiera la casa Nymbras.

El Rey Aundre asimiló la información, y un rastro de piedad, propio de un joven monarca con ideales, cruzó su rostro.

—Si el Conde Darneth y su gente se rindieron para proteger a sus familias de aquel Exiliado… entonces Draceryn fue una víctima—afirmó Aundre.—El reino tendra piedad por ellos.

Altaeon Virelion, se puso de pie, encendido por la indignación.

—¡Majestad! ¿Piedad? Un juramento es un juramento. ¡La ley es la ley!

—La ley sin corazón es tiranía, Conde Altaeon —replicó Aundre, con firmeza inusual ante el líder de la casa de su difunto abuelo. Altaeon no sólo era el líder de aquella casa si no, también tío del actual Rey, pero a pesar de eso no gozaban de privilegios por ser familia lejana de la realeza—. No castigaré a inocentes por la monstruosidad de un hombre. Pero la ley exige una respuesta. Y el Reino debe saber que el trono es fuerte.

El Rey se enderezó, la mirada llena de la determinación que le había faltado hace un instante.

—Yo, Aundre Viredel, Rey de Arkaizen, declaro: la Casa Draceryn, por su quiebre del Juramento, será despojada del apoyo del Reino.

Thavien Miradel, asintió con una mezcla de sorpresa y aprobación. El Rey había mostrado equilibrio.

—En cuanto al Villano… —continuó—. esta es mi primera orden real: La cacería ha comenzado.

—Thalrek Vaelor, Comandante de la Guardia Real, te ordeno tomar los mejores exploradores de la Casa Elvaran y las legiones del Fuego de la Casa Virelion. Debéis encontrar a Kael. No le deis reposo. No le deis tiempo para recuperarse de la batalla en Draceryn.

Aundre se volvió hacia Selyra Seradyn, cuyo rostro aún reflejaba la preocupación por la amenaza a su Casa.

—Casa Seradyn, su advertencia debe ser tomada en serio. Reforzaréis vuestras defensas al doble. Y si el Exiliado se atreve a tocar vuestras puertas, vuestro hielo deberá ser su tumba.

El Rey golpeó la mesa con su puño.

—La piedad ha sido dada. Ahora, mostraremos el filo de nuestra voluntad. No permitiremos que este monstruo, que ataca sin honor y sin piedad, destruya el equilibrio de Arkaizen. ¡Traedme la cabeza del Exiliado!

Grito furioso.

La sala estalló en un clamor de acatamiento. El joven Rey, con su primera orden, había mostrado un corazón justo pero un puño de hierro. Kael, con su mentira mágica, había logrado salvar a la Casa Draceryn de la aniquilación… pero también había asegurado la plena movilización de los ejércitos del Rey contra él.




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