Tal como dormí, desperté, hecho una roca del cansancio. Si alguien hubiese entrado esa mañana y me hubiese visto, habría pensado que estaba peleando entre la vida y la muerte en cada ronquido, y la verdad es que me sentía como tal. Abrí a duras penas mis ojos alrededor de las diez cuando mi celular empezó a sonar. Umberto había recibido una llamada y me había despertado para que lo acompañase. Solía entrar faltando un cuarto para la 1, un par de horas después que todos los demás, menos horas era igual a menos paga. Lo que según mi madre era igual a mejor para ellos.
Corrí a ponerme mi uniforme, sucio aun del día anterior, me metí en el en un par de segundos y bajé corriendo a desayunar. Unos quince minutos después el característico claxon de la patrulla me hizo salir. mi madre; que se encontraba desayunando conmigo había salido también.
Como si no viviésemos en un barrio abierto donde los niños salían de las 6 a jugar a las calles y donde las conversaciones se traspasaban de pared en pared, Eliza se había puesto a gritar desde la puerta de mi hogar con Umberto.
– Te dije que si podía verdad – Gritaba mi madre orgullosa con una sonrisa resplandeciente que la hacía parecer diez años más joven
– Nunca dude del chico El. Todo un policía ya – dijo mientras revolcaba mi cabellera con una palma y con la otra me daba unos "pequeñas palmadas en la espalda"
Si las palmadas de Umberto me dolían, no era tanto el dolor para tapar la vergüenza que sentía de la situación. Pronto los vecinos salieron mientras mi madre les invitaba a pasar para chismear a lo que mi compañero aprovecho para acelerar.
No sabía a donde nos dirigíamos. Unos minutos pasados las 10 y media empezamos a dejar la arboleda del valle atrás y nos adentramos a la zona alta del Loira. Donde se encontraban las haciendas lujosas y casas caras de los riquillos; justo en las praderas de la montaña y unos kilómetros más arriba que los del centro.
En estas épocas muchas permanecían vacías hasta que las familias regresasen para las fiestas. Aun la mayoría apagadas y descuidadas; eran hermosas, con arboles de distintos talles y flores de todos los tipos adornando los jardines junto a algunas estatuas que debían de costar lo que yo ganaba en poco más de un año.
Nos detuvimos en una gran casa de 2 pisos construida en mármol blanco.
– Es la del...
– ¿La del pintor? Si
Sebastián Juniper, era un pintor muy famoso entre el pueblo. Se decía que había sido criado entre las calles pobres del centro, que tenía una vida sencilla y normal como yo o Umberto. Hasta que por un golpe de suerte como solían llamarlo, o tal vez, esfuerzo, una de sus obras fue subastada y termino siendo comprada por un ricachón europeo que le soluciono la vida. Se hablaba de que desde entonces adquirió ciertas costumbres que lo hicieron alejarse de sus raíces, algunos conocidos contaban que a veces llegaba a hablar en ingles con un acento extraño con la excusa de pasar mucho tiempo en el otro continente.
Umberto que se limpiaba el bigote de café colocó su pesada mano en mi hombro, con una voz áspera que intentaba camuflar con tono controlado, casi paternal, empezó a recitarme la situación de la familia – La señora de la casa llamo hace como una hora. Algo sobre un problema con una puerta o no sé qué, tonterías de ricos, algo sencillo
Me le quede viendo a él y a su mano que seguía hundiéndome el hombro sin entender muy bien porque me lo explicaba. Volvió a mover su mano, esta vez hacía el volante donde toqueteo los botones hasta prender las sirenas que terminaron alertando la atención de los vecinos, unos instantes después habían abierto el gran portón de madera que nos dividía del gran jardín de la casa.
– Ve – dijo mirando hacía el camino de piedras que llevaba a hasta el hogar.
Me quede sorprendido, boquiabierto y la mirada perdida en Umberto, no sabía de qué hablaba, pero me imaginaba lo peor – ¿Qué?
– Vamos chico, es algo sencillo. Entras, revisas la puerta, hablas un poco y sales, nada complicado. Ve
– PePePero
– Nada de peros niño, a demás dicen que la señora es un mujerón de película. Ve – insistió abriéndome la puerta de la patrulla para salir
– Realmente no creo que...
– Que vayas – gritó alzando su áspera voz.
Salté hacía afuera casi corriendo. Avance poco a poco por el jardín apreciando el lugar. No conocía muy bien la zona, pero, las vistas que se apreciaban solo desde la entrada eran como de pintura vieja, como las de los museos, había tanto verde, flores de colores y arboles a lo lejos.
Dos pequeños perros gordos salieron a olerme las piernas. Bajé mis manos lentamente para intentar acariciarlos, con miedo de que me mordiesen fui acariciando sus pelajes suavemente. Un rechinido de madera alerto a los perros que salieron corriendo hacía el, las 2 grandes puertas de madera negra que protegían la casa se habían abierto. Salió la dueña del hogar. Lo primero que pensé fue en las acertadas palabras de Umberto en cuanto a la descripción de la señora, un mujerón de película, su piel blanca pero broceada brillaba a la luz de la mañana y su castaño pelo rizado adornaban sus hermosos ojos avellana. Casi me ahogo al verla, como si fuese la primera vez.
La señorita, Margarita Juniper me saludó con una cara indescriptible, parecía tener una sonrisa al revés al verme. Creo que dijo un par de cosas más mientras entrabamos a la casa, pero su hermosa voz y su olor a gardenia fresca me había hipnotizado hasta que un grito me hizo regresar a la realidad.
– Mathías – gritó una dulce voz que intentaba sonar amenazante sin conseguirlo.
Por todo el hogar resonó el grito mientras yo me adentraba por los de la casa. Lo primero que noté fue, una habitación que se encontraba a mí izquierda apenas entrar, volteé la cabeza y miré a un viejo postrado en un sofá junto a un gran ventanal cubierto por tela blanca.
– Mathías Juniper, quiero que bajes a ayudar a tu abuelo ya – Volvió a gritar
#288 en Detective
#114 en Joven Adulto
humor negro sarcasmo, crimen detectives investigacion, quien es el asesino?
Editado: 18.01.2026