El Asesinato de Sebastián Juniper

Sirenas del Loira

Al día siguiente, a eso de las 8 de la mañana mi madre tocaba mi la puerta con mayor ímpetu que de costumbre. Era sábado, día de no trabajo, pero como Prado así lo quería no me quedo más que mudarme y bajar a la cocina donde a mi sorpresa ya estaba él; en la mesa hablando con mi madre mientras compartían el desayuno.

– Ha estado saliendo con alguien. – Le contaba entre risillas mi madre a el detective mientras jugaba con su café. – La semana pasada llegó a las casi diez de la noche ¿Puede creerlo? – Contaba como si yo no estuviera en la misma habitación.

En ese momento pensé en mí inminente y dolorosa muerte por la vergüenza que me causaba mí amada madre, por suerte este desconocido después de terminar el caso marcharía de nuevo al rincón del mundo del que provenía.

Era claro que para mí madre, mi reputación era un tema que no solía tomar en cuenta; hice como mejor solía hacer en estos momentos donde llevarle la contraría solamente significaba darle cuerda a Eliza. Me serví café y me uní a la conversación.

– Buenos días

Pasamos un buen rato conversando, mi madre más que todo, ella preguntaba y Prado contestaba, así por casi toda la charla hasta que toco el tema del asesinato; Prado volvió a verla con una sonrisa mientras seguía comiendo, a diferencia de lo que pensaría cualquier ser humano racional, este no negó la pregunta y por lo contrario empezó a hablar acerca del caso Juniper. Me pareció raro, pero más raro fue el escuchar como este hablaba acerca del tema, no dejaba detalle alguno, pero a su misma vez dejaba tantos detalles sueltos que sería imposible descifrar si hablaba del asesinato del valle o de un caso suelto de una revista de misterio o algún libro clásico.

– Muchacho. – Dijo después de terminar con Eliza. – ¿Recuerdas la carta? – Preguntó mientras limpiaba su barba llena de migas de pan.

– Si señor – Afirme yo, y mi madre.

– Aun no puedo confirmar con total seguridad quien es el culpable de que este presente aquí, pero en cambio, puedo asegurarle con toda seguridad de que el responsable estuvo presente ayer en la casa. – Dijo mientras sorbía el café caliente.

– ¿A qué se refiere? – preguntamos mi madre y yo.

Prado nos miró a ambos y soltó una risilla genuina, volvió a sorber el café y procedió a contar su versión de lo ocurrido ayer – Verán, hace unos días a la hora del café recibí una carta con la solicitud de ayudar a la policía en el pequeño valle de Loira a resolver un terrible asesinato. – Pauso – Bueno, ayer les conté acerca del contenido de la carta, no mentí acerca de eso, no jugaría así con esa pobre familia, pero… – Volvió a sorber. – Me tomé la libertad de añadir una pequeña… como decirlo. – Dijo mientras gesticulaba con sus manos. – Una pequeña mentira para revelar una verdad. Ayer mencioné un generoso incentivo económico, ¿recuerda usted?

– Por supuesto. – Había contestado mi madre hundida de lleno en la historia como si hubiera estado allí.

– Si. – Afirme con una mirada de pena a Prado.

– Bueno, tal dinero nunca existió. – Volvió a tomar de su taza un largo sorbo. – Por lo menos no hasta esta mañana, cuando mi pareja encontró en el buzón, un sobre con una buena cantidad de dinero.

– ¿Pareja? – interrumpió mi madre con una cara larga a la que Prado respondió con una sonrisa.

– ¿Entonces? – respondí para que retomara la conversación.

– ¿Entonces? Vamos muchacho, piensa.

– Bueno, es claro que la persona qué envió la carta estaba presente ayer. ¿Pero por qué mentir sobre él asesinato? – Pregunté.

– Es claro que esa familia oculta algo, y aunque estemos más cerca de descubrir al escritor hay algo más que aún no logró descifrar. Pero cuando lo hagamos, y lo haremos, estaremos listos para cerrar este caso.

Poco después nos despedimos de mi madre y salimos en dirección al restaurante Sirenas del Loira donde había pasado la familia Juniper la noche del asesinato.

– Tú madre es una mujer encantadora. – Dijo Prado desde el asiento del copiloto del Taxi. – Antes de que despertaras mencionó un par de cosas interesantes.

– ¿Interesantes?

Antes de que Prado contestara el Taxi pego un frenazo justo delante de nuestro objetivo. Un gran local que resaltaba en la cuadra por un hermoso y llamativo roble que salía del interior del restaurante. Nos adentramos por la gran puerta doble de madera negra; en el interior nos recibió el cantico de docenas de pájaros que cantaban desde las ramas del roble en el centro del lugar.

Tan bello como caro, pensé. Mi familia nunca podría pisar este lugar en situaciones normales y ahí estábamos Prado y yo buscando un asesino en medio de la belleza de este lugar, supongo que, efectivamente no era una situación normal.

Prado se acerco a la barra mientras yo seguía apreciando los detalles del restaurante: Las mesas redondas de madera barnizadas que hacía ver aquel lugar tan fino, los acuarios que adornaban entre los espacios vacíos entre las mesas y las hermosas mujeres que atendían a los clientes y sus dulces voz que competían contra las canciones de las aves me dejaban más tonto de lo normal, casi como las sirenas de las leyendas.

Lance me saco del trance que me producía aquel lugar con un jalón de brazo, recuerdo la impresión que me dio el apretón, a pesar de su apariencia tan intimidante, apenas llegue a sentirlo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.