El Asesino De Dioses

Capítulo 3: Serpiente blanca.

Drake se coloca en posición y Forge sin dudarlo abre fuego, por suerte no está lo suficiente cerca. El guardián salta hacia la derecha rodando en el piso evitando la refriega de balas. A una alargada distancia, y al volver a reincorporarse forjando un escudo bloqueando el resto de los impactos, hasta que se acaba el cargador.

Sin darle tiempo al soldado para que recargue, Drake corre hacia Forge y cuando intenta propinarle un golpe con el borde del escudo, del rifle sale una bayoneta en un sonido de desenvaine.

Forge le proponía un tajo con la cuchilla, sin embargo, Drake logra bloquearlo a tiempo con el escudo. Los dos se someten a un duelo de pulso y al poco tiempo, el guardián gana terreno al ser mucho más fuerte físicamente, lo que culmina con un golpe de empuje rompiendo el punto de balance del soldado del libre pensamiento, haciéndolo trastrabillar.

El guardián remeta con un golpe del escudo directo en la cara, rompiendo la nariz y la mandíbula a su oponente. Pedazos de dientes enrojecidos salen volando, en una explosión rojiza salpicando líneas de sangren en el suelo. Forge cae de espaldas, perdiendo el conocimiento

Entonces, Drake forja una espada claymore y sin titubear le corta la cabeza al soldado noqueado de un solo tajo. La sangre se escurre por el suelo en presencia del pastor, quien sujeta el brazo con el sello; nervioso recita unas palabras en otro idioma, llamando a una monstruosidad.

El corazón del guerrero rojo bambolea, al percatarse de que el plan de ese viejo, fue usar a Forge como distractor. Drake no lo piensa dos veces, y se abalanza de frente contra anciano a una velocidad inhumana, y sin darle oportunidad alguna de defenderse, el guardián lanza un corte descendente con la espada que cae como un trueno carmesí y de cuajo, corta el brazo marcado por el sello del familiar.

Una marejada de líquido rojizo sale a borbotones del muñón amputado, derramándose sobre el suelo agrietado de la mazmorra. El anciano pega un alarido tan fuerte, que casi le revienta las cuerdas bocales y cae de rodillas, sujetándose el muñón mutilado. El brazo cercenado en donde tiene el sello rúnico, rueda inútil dejando a su paso un camino de sangre, cortándose el contrato.

Un rugido bestial resuena en la mazmorra y la quimera hace acto de presencia en el borde del balcón, observando a los presentes. Los ojos de la bestia emanan la furia y las ganas de matar, liberada del contrato de familiar que alguna vez estuvo atada, gozando ahora de un libre albedrio. La criatura desciende de un brinco y cae al suelo, levantando brumas de polvo, en una posición en la que solo treinta metros le separan de Drake y el pastor.

—Parece un buen momento para rezarle a tu dios, basura.

Dice el guardián al levantar al pastor del cuello de la túnica y lo arroja contra la criatura. En un arrebato de rabia, la monstruosidad se abalanza voraz sobre al hombre; de un mordisco bien dado en el pecho comienza a destazarlo.

Se escucha el sonido de huesos rompiéndose y tripas siendo aplastadas. Lo que inicia en un grito desgarrador, se apaga poco a poco. Drake corre hacia el cuerpo de Forge para recoger dos cosas: la primera es la bolsa con dinero, y la segunda es el cinturón del cadáver donde tiene munición, y lo más importante, granadas. A una pertinente distancia da la vuelta hacia a la criatura, la cual está muy ocupada con su presa.

El guardián sube estrepitosamente las escaleras y al estar al umbral, frena en seco dando media vuelta viendo a lo lejos como la bestia levanta el hocico del cuerpo despedazado del pastor, enfocando sus ojos furiosos en el guardián y procede a levantarse acortando la distancia hacia las escaleras.

Drake sudando a mares, no lo duda ni por un segundo y arroja desde el balcón el cinturón de Forge, retirando el seguro de una de las tres granadas, al tiempo que se adentra en el túnel a una distancia segura. El techo en esa zona está muy por encima del suelo, por lo que no hay peligro de que la explosión cause un derrumbe.

Al chocar las granadas cerca de la bestia, la cual gruñe confundida por aquel extraño objeto, se detona la triple explosión, dándole de lleno a la quimera, como los cuerpos del soldado y el pastor se ven comprometidos, consumidos por ese efímero infierno.

En la cámara adjunta se resiente el fuerte temblor; el guardián apoya la espalda atrás del muro con el corazón acelerado. Sonido blanco atraviesa sus oídos, de no ser por el apoyo de la pared, de seguro se habría caído. Tras esperar unos segundos y de haberse recuperado, Drake deja la bolsa en su actual posición, con la promesa de buscarla más tarde. Regresa corriendo en dirección al balcón; encontrando en la planta baja un montón de cuerpos hechos pedazos al punto de lo irreconocible en el suelo agrietado, con escombros levantados.

De entre el humo la agonizante bestia camina tambaleante al borde de desplomarse. La mitad de su cara fue lacerada, colgándole pedazos de carne quemada, heridas grabes corren las escamas chamuscadas tras ser perforadas por la metralla de las granadas. Una de sus patas traseras fue separada de su cuerpo en la explosión, por lo que le es casi imposible permanecer firme en sus cuatro patas.

—¡Es hora de ganarse el pan, nena! —Drake exclama cínico al saborear la victoria.

Carga contra la bestia, la cual todavía moribunda le recibe con una zarpada capaz de arrancar cabezas; es fácilmente esquivada por el guardián, al barrerse sobre el piso y de un brinco se pone de pie en el flanco derecho de la bestia. Con un magnifico corte, arranca de cuajo la garra de la quimera.

Al desplomarse la abominación en el suelo, el guardián continúa con un segundo tajo abriendo l abdomen, liberándose un torrente sangriento lo que acaba con la criatura. Al caer la bestia al suelo, provoca un corto temblor en la mazmorra levantando nubes de polvo, solo queda Drake en pie. Jadeante, se acerca al cadáver con cuidado y sin vacilar decapita a la bestia, como muestra de su victoria.




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