Al llegar a la sede central, sentí una inmensa presión emanando de la puerta. Siempre me pasa esto; el lugar es muy imponente. Después me dirigí hacia la recepción y solicité permiso para ver al teniente Rifel.
—Parece ser que el teniente Rifel se encuentra en una junta con los demás tenientes, pero puedo pasarla a su oficina si gusta.
—Sí, eso estaría bien —dije sin pensarlo demasiado.
Su oficina siempre está muy ordenada y tiene un agradable olor a madera. Cuando vengo aquí me relajo sin siquiera darme cuenta. Al voltear hacia un lado pude ver un retrato del teniente Rifel junto con su familia. Parece ser un hombre muy cálido con su esposa e hija, aunque le temo bastante, ya que es muy estricto en el trabajo.
De repente se escuchó el sonido de una puerta abriéndose. Me volteé rápidamente y adopté la posición de saludo, colocando una mano por encima de mi cabeza y la otra detrás de mi espalda. Con un tono respetuoso saludé:
—¡Saludo al teniente Rifel Beer, de rango III! Aquí la agente detective Leila Evermoore, de rango IV.
Creo que mi voz se escuchó algo nerviosa.
El teniente Rifel me miró durante un momento y me preguntó con una voz hosca:
—¿Qué es lo que estás haciendo?
Como si fuera una respuesta automática, alcé la voz.
—¡NADA, SEÑOR!
Pasando junto a mí, se sentó en su silla. Miró el retrato de su familia colgado en la pared, solo para devolver la mirada hacia mí.
—Pues no lo parece.
Después de su comentario quedó un silencio en la oficina, hasta que tuve el valor de romperlo.
—Señor, si me lo permite, tengo información que reportar sobre el caso de homicidio que se reportó ayer.
Lo dije con total confianza.
Pude ver que parecía algo interesado y me ordenó al instante que hablara.
—Adelante.
—Claro. Se encontraron nuevos rastros de sangre y pedazos de cuerda en el hueco de un árbol, no tan lejos de la escena del crimen. Las evidencias ya fueron transportadas a la subsede encargada del caso.
Respondí sin ningún error, lo cual me hizo sentir orgullosa de mí misma.
—Ya veo. Excelente. Me informaron que todavía no han identificado a la víctima, así que espera los resultados.
Lo dijo con su tono de autoridad. Asentí y volví a colocarme en posición de saludo. Sin más, me di la vuelta para salir, hasta que el teniente me llamó.
—Te asignaré este caso oficialmente. Te encargarás de hacer los informes y reportarás cualquier cosa relevante a mí. No quiero que suceda lo de la última vez... Si completas este caso, te ascenderé de rango. ¿Entendido?
Esta vez lo dijo con un tono más calmado, pero eso me hizo sentir aún más preocupada. Bajó la mano para abrir uno de los cajones y sacó una aiguillette de color rojo, la cual indicaba que yo era la líder del caso. La recibí con mucho gusto.
—Sí, señor —contesté con la voz un poco nerviosa.
Salí de la oficina para dirigirme hacia la salida, donde Rebecca me esperaba. Al salir le indiqué que me llevara a la subsede para saber si los forenses ya habían descubierto más pistas.
—¿Phill, ya obtuviste algo de las pruebas? —pregunté sin muchas esperanzas.
—No, todavía no. Los análisis suelen tardar de veinticuatro a cuarenta y ocho horas, o incluso más. No seas desesperada; estas cosas necesitan tiempo.
Lo dijo con su característico tono gruñón. Después de eso, Phill me indicó que el cadáver, todavía sin identificar, estaba en la morgue y que, si quería, podía pasar a verlo para investigar al respecto.
—De cualquier manera, los otros informes no son la gran cosa. Son uno o dos; pasa por ellos antes de irte, ¿entendido?
Ordenó sin más.
Me dirigí a la morgue y me encontré con Joane Dinel, directora de la morgue. Le pedí amablemente que me mostrara el cadáver de la víctima. Al llegar, Joane me permitió abrir el contenedor, que tenía el número 64.
Levanté lentamente la sábana del cuerpo. Entonces la vi. Era una niña de no más de once o doce años, con un cabello rubio algo opaco por el tiempo y una piel que alguna vez debió ser clara, pero que ahora era grisácea. Tenía pecas en el rostro.
La señora Joane dijo que sus ojos eran de un verde claro cuando la examinó.
—Es difícil de ver, ¿no? —preguntó Joane con un tono calmado.
Tomé un respiro antes de contestarle.
—Algo... pero no es la primera vez que veo un cadáver.
Me miró un momento y continuó.
—Puede que el informe forense esté mañana. Todavía falta examinar algunos detalles.
Guardé silencio. —Está bien.
Dije antes de salir de la habitación helada donde guardaban los cuerpos.
Después fui por los informes para llevarlos a mi casa y leerlos ahí. Sin embargo, al salir de la oficina de archivos me encontré con un compañero de trabajo: Rickson Ren, agente de rango IV, al igual que yo, aunque él pertenece al departamento de Operaciones Generales.