El asesino de las flores

Las flores toman descansos.

Monedas. Material Valor

Brizna. Bronce. 1 Brizna
Liria. Cobre. 5 Briznas
Gila. Aleación P/M. 5 Lirias
Corona. Plata. 5 Gilas
Grifo. Oro. 20 Coronas
Sol imperial Platino. 10 Grifos
Lágrima de Lavelle Platino y stela. 100 Soles

Al entrar al departamento, lo primero que percibí fue el delicioso aroma de un guiso recién hecho. Me asomé a la cocina y encontré a mi hermana menor, Lavanzi, cocinando con una enorme sonrisa mientras bailaba de la forma más ridícula al ritmo de la música que sonaba en la victrola.

Negué con una pequeña sonrisa y seguí mi camino hasta mi habitación.

Colgué mi bolso, me quité los zapatos y me puse unas pantuflas. Eran mucho más cómodas para andar por el departamento. Aunque llevaba tres años viviendo allí, todavía me costaba llamarlo hogar. Sin embargo, supongo que, de una forma u otra, ya lo era.

Había tenido mucha suerte al encontrar un lugar así por solo 30 Coronas. Lo normal era que un departamento de ese tamaño costara alrededor de 45.

—Qué afortunada soy... —pensé con una sonrisa cargada de ironía.

Mis pensamientos se interrumpieron cuando la voz de Lavanzi resonó por todo el departamento.

—¡¡Hermanaaa!!

Salí de la habitación y la encontré en medio de la sala, con los brazos cruzados y una expresión de molestia aunque parecía más a un puchero.

—¿Por qué nunca avisas cuando llegas? Además, tampoco me dijiste que hoy salías temprano del trabajo.

Me limité a observarla con una pequeña sonrisa y los ojos ligeramente entrecerrados.

—Mmm... No lo sé. Tal vez por la misma razón por la que tú no me avisaste que no tendrías clases ni hoy ni mañana. ¿Qué estabas planeando, eh? —pregunté sin borrar la sonrisa de mi rostro.

Lavanzi desvió la mirada por un instante, como si la hubiera descubierto antes de que pudiera inventar una excusa. Pero ni eso la detuvo.

—Bueno, verás... no es que te esté ocultando algo o quiera hacer una cosa indebida. Simplemente se me olvidó comentártelo desde la vez pasada. No es que lo haya hecho a propósito, ¿ves? Jaja... —balbuceó de manera nerviosa antes de continuar—. Es solo que quería pedirte permiso para salir con algunas amigas del instituto e ir a Rowlin. Pero, obviamente, te preguntaría antes de confirmar, hermana mayor.

Siguió hablando sin parar, aunque esta vez con un tono más dulce y adulador. No pude evitar pensar que se estaba volviendo mejor con sus palabras a medida que crecía.

Suspiré para mis adentros antes de responder con una pequeña sonrisa.

—Lo pensaré durante la cena.

Contesté con brevedad y pasé a su lado para dirigirme a la cocina.

Durante la cena, Lavanzi continuó intentando convencerme para que la dejara ir con sus amigas. Yo simplemente la ignoré y me concentré en el guiso que había preparado.

No pude evitar pensar en lo bueno que estaba. Parecía que había agregado carne de res, zanahoria y papa. Además, la cocción era perfecta.

A diferencia de la cocina de Lavanzi, la mía era bastante mediocre. Desde que tenía memoria, nunca había sido buena cocinando. Tal vez se debía a que rara vez lo hacía, mientras que ella parecía disfrutar los momentos en la cocina.

—Her... hermana... —hablo Lavanzi.

Sus palabras me sacaron de mis pensamientos.

—Y bien... ¿me dejas ir? —preguntó mientras me miraba con sus ojos suplicantes.

Me recosté ligeramente hacia atrás en la silla y la observé con cierta superioridad. Lo pensé durante unos momentos antes de responder.

—Está bien, puedes ir.

Lavanzi se quedó completamente pasmada por un instante. Después, saltó de la silla con emoción.

—¿En serio me dejarás ir, hermana? ¿Lo prometes? —preguntó mirándome con los ojos llenos de alegría.

Mientras hablaba, comenzó a decirme que me lo compensaría de alguna manera.

—No hace falta —respondí con calma.

Sin perder tiempo, salió corriendo de la cocina para buscar qué ponerse mientras seguía agradeciéndome.

Solté un suspiro y comencé a limpiar la cocina. Después, apagué la victrola y revisé que todo estuviera en orden dentro del departamento.

Finalmente, tomé una ducha antes de irme a dormir. Le deseé buenas noches a Lavanzi y entré a mi habitación.

Al recostarme, no pude dejar de preguntarme si dejarla ir había sido lo correcto. Pero siempre soy demasiado estricta con ella, así que pensé que no había nada de malo en ser una buena hermana de vez en cuando. Además, últimamente había cumplido con todo lo que le pedía. Ahora entendía por qué se había esforzado tanto.

Creo que había pasado al menos una hora desde que me quedé mirando el techo. Al parecer, el insomnio había vuelto.

Me pregunté cuánto tiempo me tomaría poder conciliar el sueño esta vez.

Me senté en la cama y comencé a buscar en la mesita de noche, al lado de mi cama, las pastillas para dormir que me había recetado el médico. Después de buscar durante unos segundos, encontré el frasco, pero al tomarlo me di cuenta de que estaba completamente vacío.



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En el texto hay: tristesa, miedo del pasado, ruina moral

Editado: 28.07.2026

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