De pronto lo vio.
Su prometido caminaba por el muelle… de la mano de una mujer.
Rita sintió que el corazón se le detenía por un instante.
Observó en silencio desde su escondite, esperando que todo fuera un malentendido. Pero no lo fue.
A los pocos segundos, aquella pareja comenzó a besarse con tanta intensidad que parecía que se estaban pasando el oxígeno.
El mundo de Rita se vino abajo.
Por un momento sintió unas ganas inmensas de salir corriendo hacia ellos, de gritarles, de arrojarles piedras y hacerlos pagar por aquella traición.
Pero no lo hizo.
Se quedó allí unos segundos más, paralizada, mientras su pecho se llenaba de una mezcla de rabia, tristeza y humillación.
Finalmente se dio la vuelta y se marchó.
Sus emociones estaban a punto de estallar. Más que herida, se sentía profundamente desilusionada de sí misma por haber confiado en alguien que no la valoraba.
La tonta había sido ella.
Había ignorado demasiadas señales.
Lo que Rita no notó, perdida en sus pensamientos, fue que alguien la observaba desde un rincón oscuro del muelle.
Una figura escondida entre las sombras.
Su rostro mostraba una expresión perturbadora… la de alguien que disfrutaba verla desmoronarse.
Mientras tanto, el ahora ex prometido de Rita caminaba tranquilamente rumbo a su casa después de despedirse de su amante.
La noche era tranquila.
El viento soplaba suavemente y las calles estaban casi vacías.
Pero él no se dio cuenta de que alguien lo estaba acechando desde las sombras.
Un par de pasos silenciosos lo seguían.
De repente escuchó un ruido detrás de él.
Se dio la vuelta.
Fue su último error.