El asesino del whisky

Capítulo 1. Victor Chase

El café estaba frío, casi helado cuando Victor Chase cerró el expediente.

Tres semanas siguiendo el mismo caso de extorsión y todavía no tenían suficiente para arrestar a alguien.

Delitos graves solía ser así, meses de trabajo para conseguir una sola pieza útil.

Victor dejó el archivo sobre la mesa y se recargó en su silla.

—Te vas a quedar dormido ahí —dijo una voz desde el otro lado de la oficina.

Ian Mercer.

Ian caminó hasta el escritorio con dos vasos de café.

—Si quieres el ascenso a homicidios, deberías empezar por no verte muerto en tu propia oficina.

Victor tomó el café.

—Tranquilo, Mercer. Todavía no te he dejado sin competencia.

—Chase. Mercer.

Ambos levantaron la mirada.

El capitán Shaw estaba en la puerta de su oficina.

—Tenemos un cuerpo.

Victor frunció el ceño.

—¿No se debe encargar homicidios?

—Normalmente sí —respondió el capitán— pero este caso tiene… circunstancias extrañas.

Condujeron hasta una casa hecha de lámina, muy vieja. Las luces rojas y azules iluminaban el lugar.

Y ahí estaba, Victor frente a la cinta amarilla, al fin tendría la oportunidad de cruzarla.

—¡Amigo! —exclamó Mason Reed— llegas justo a tiempo para la fiesta.

—¡Mason! Nos sorprendió que nos llamaran

—En realidad fui yo, le pedí el favor al capitán, necesitamos mentes frescas, ¡Mira esto!

Y frente a ellos está un cadáver de un hombre ya mayor recargado sobre la lámina oxidada. La camisa estaba oscurecida por la sangre seca alrededor del pecho.

Los forenses aclararon que tenía treinta y cuatro años y que su nombre era William Brown.

Al parecer habían unos chicos en busca de diversión por casas abandonadas, y lo que encontraron fue algo muy distinto.

—Sé que parece uno más del montón, pero los forenses dicen que lo trajeron aquí, o el asesino limpió muy bien la escena, aparte mira aquí —Mason señaló el pecho— justo en el corazón.

—Si que este tipo sabe perfectamente dónde está el corazón —dijo Mercer mientras comenzó a detectar un olor a… —¿Whisky?

Eso era algo extraño, ¿por qué alguien traería un cuerpo a un lugar abandonado, clavaría una navaja justo en el corazón, y después derramaría Whisky encima?

Victor de pronto notó en el suelo de madera polvo, como si alguien hubiera pisado sobre ella.

—Mira —dijo entusiasmado a Masón —Parece que al final de todo si lo trajeron hasta acá.

Los detectives revisaron el suelo, le dieron la razón a Victor

—Que bueno que te traje —dijo la voz de Ian detrás— eres una mascota con un muy buen olfato.

Todos estaban investigando cada sitio. Hacía ya tiempo que no veían un homicidio así, tan planeado.

—Es solo un asesinato raro con whisky —mencionó alguien al fondo, el sargento Cole.

Victor observó una vez más el cadáver antes de salir del edificio.

El olor a whisky seguía en el aire.

Dos horas después Victor regreso a su apartamento. El lugar estaba oscuro y en silencio.

Dejó las llaves sobre la mesa y se dejó caer sobre el sofá.

Pero el olor a whisky seguía en su cabeza.

No podía dejar de pensar en ello.

Cuando de pronto recibió una llamada.

—¡Hijo! ¿Cómo estás?

Victor se puso la mano en la cara —Cielos lo olvidé… te dije que te avisaría si podría ir mañana.

—¿Entonces si vendrás? Que sepas que ya compré la comida.

—Si mamá, si iré. Lo siento, he estado muy ocupado en el trabajo últimamente. Se me había pasado.

—Ese trabajo te tiene muy presionado.

—Tú no te preocupes por mi mamá, yo estaré ahí mañana. ¿Cómo están todos?

—Muy bien, Nadia invitó a su novio a cenar mañana, nos lo va a presentar.

—Pareces entusiasmada, pero no creo que sea buena idea —dijo Victor un poco desinteresado.

—Es tu cuñado Victor, confía en él, por lo que Nadia cuenta. Es una buena persona.

—Bueno… si tú lo dices. Bueno mamá tengo que colgar, nos vemos mañana.

—Claro que si hijo, que descanses.

Él ya había conocido al novio de su hermana antes. Nunca le cayó bien, le pareció alguien muy prepotente.

Pero al final de todo no es como si pudiera hacer algo más.

Había llegado la parte favorita de Victor. Dormir.

Es cuando no tiene que pensar en nada ni tiene ninguna obligación, es libre completamente.

Cerró los ojos.

Pero incluso mientras se quedaba dormido… el olor a whisky seguía presente en su mente.




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